Historia romántica
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Capítulo 14
Elena intentó convencerse durante días de que podía manejar la situación. Trabajar con Marcos era incómodo, sí, pero él se comportaba de manera profesional, hablaban lo justo y necesario, y fuera de la oficina cada uno hacía su vida.
Pero había algo en el aire. Algo que no estaba resuelto.
Una tarde se quedaron trabajando hasta tarde. La oficina estaba casi vacía, las luces del pasillo apagadas y solo la oficina de ellos dos encendida. Elena estaba revisando unos textos cuando Marcos apareció en la puerta.
—Siempre te quedabas hasta tarde —dijo él.
Elena ni levantó la vista al principio.
—Siempre me gustó terminar las cosas bien.
Marcos entró despacio.
—Nunca te gustó dejar nada a la mitad… ni las historias.
Elena levantó la vista.
—Marcos, no empecemos.
—No estoy empezando nada —dijo él—. Solo digo que verte todos los días me hizo acordar de muchas cosas.
Elena se quedó en silencio.
—Yo estoy con alguien —dijo finalmente.
—Lo sé —respondió él—. Se nota que te quiere.
—Sí. Me quiere mucho.
Marcos la miró unos segundos.
—Yo también te quise mucho.
Ese silencio fue pesado. Elena sintió esa mezcla rara de pasado y presente chocando en el mismo lugar. Se acercó para pasar por al lado de él y buscar unos papeles, pero cuando pasó, Marcos le tomó suavemente el brazo.
—Elena…
Ella se detuvo. Muy cerca. Demasiado cerca.
—No hagas esto —susurró ella.
—Solo decime que no sentís nada cuando me ves —dijo él en voz baja.
Elena no respondió enseguida. Ese fue el error.
Porque en ese segundo de silencio, Marcos se acercó y la besó.
El beso fue corto, pero suficiente para que todo se desordenara en su cabeza.
—No —dijo Elena, separándose—. Esto está mal.
Pero en ese momento se abrió la puerta de la oficina.
Martín.
Había ido a buscarla para sorprenderla e invitarla a cenar. Pero lo que vio fue a Elena y a Marcos demasiado cerca.
El silencio fue inmediato. Pesado. Incómodo.
Martín miró a Elena. Después a Marcos. Después otra vez a Elena.
—¿Interrumpo? —preguntó con una calma que daba más miedo que si hubiera gritado.
—Martín… no es lo que pensás —dijo Elena, nerviosa.
Marcos no dijo nada, pero tampoco se movió.
—Te besó —dijo Martín—. Lo vi.
Elena se quedó en silencio.
Ese silencio dolió más que cualquier explicación.
Martín apretó la mandíbula, miró a Marcos y después volvió a mirar a Elena.
—¿Vos querés estar con él? —preguntó.
—No —respondió Elena inmediatamente—. Quiero estar con vos.
Marcos habló por primera vez.
—Pero me sigue queriendo.
Martín lo miró con una mirada que lo hubiera matado si pudiera.
—Esto no es asunto tuyo —dijo Martín.
La tensión era enorme. Nadie se movía.
Elena miró a los dos. A su pasado. A su presente. A los dos hombres que la estaban mirando como si en ese momento se decidiera algo importante.
—Basta —dijo ella—. No soy un objeto que se pelean.
El silencio volvió.
Martín respiró hondo, intentando calmarse.
—Entonces decidí vos —dijo—. Pero decidí de verdad.
Elena lo miró. Después miró a Marcos. Después volvió a mirar a Martín.
Caminó despacio hacia él.
Y lo besó.
Un beso claro. Sin dudas.
Cuando se separó, apoyó la frente contra la de Martín.
—Te elijo a vos.
Martín la miró en silencio unos segundos largos. Después la abrazó fuerte, como si hubiera tenido miedo de perderla de verdad.
Marcos se quedó quieto, mirando la escena, entendiendo que esa historia ya no le pertenecía.
A veces el pasado vuelve.
Pero no siempre para que uno vuelva atrás.
A veces vuelve solo para confirmar a quién querés en tu futuro.