En un mundo donde hombres lobo, vampiros y humanos conviven bajo una alianza sagrada, Lyra creció sin saber quién era realmente. Criada entre humanos, ella es mucho más especial de lo que imagina: es una híbrida, la mezcla perfecta entre la fuerza del lobo y la magia del vampiro, dotada de poderes únicos: puede leer la mente, ver el futuro y controlar las emociones, tal como lo anunció una antigua profecía.
Todo cambia el día que conoce al Alfa Cael, el líder más poderoso de todos los lobos. Desde el primer instante, el destino los une: ella es su pareja predestinada, su otra mitad, el amor que esperó toda su vida. Pero no todo es paz. Existen clanes oscuros de vampiros y lobos malvados que odian la alianza y quieren apoderarse del inmenso poder de Lyra para dominar todo el mundo.
Ahora, juntos deberán enfrentar traiciones, peligros y guerras, mientras viven un amor épico, intenso e irrompible que nada podrá romper. ¿Podrán proteger su amor y su destino, o la oscuridad logrará separa
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Juramento de lealtad
Los días siguientes pasaron volando, y ya no hubo tiempo para descansar ni para entrenamientos tranquilos. La noticia del ataque inminente de Dargan y Kaelen había recorrido toda la fortaleza y todos los territorios aliados, y ahora todo era actividad, trabajo duro y preparación sin descanso. Desde la mañana hasta la noche, no se veía a nadie parado: unos reforzaban las murallas con piedras más gruesas y magia protectora, otros afilaban espadas y armaduras, otros guardaban provisiones y agua, otros entrenaban a los nuevos soldados y a las criaturas que habían llegado para ayudar —los lobos, los águilas gigantes, los seres del bosque y del río, todos unidos bajo la bandera de la heredera.
Lyra ya no era solo una aprendiz, ahora era la líder, la reina, la que tomaba las decisiones, la que daba las órdenes, la que inspiraba a todos con su valor y su fuerza. Se levantaba antes que nadie y se acostaba después que todos, recorriendo cada rincón de la fortaleza, hablando con cada grupo, escuchando a todos, asegurándose de que nada faltara, de que todo estuviera listo. Cael estaba siempre a su lado, como su sombra, protegiéndola, aconsejándola, pero dejando que ella brillara, porque sabía que el pueblo necesitaba verla fuerte, decidida y segura.
Esa mañana, se reunieron todos en el patio principal, el lugar más amplio de todos, donde cabían miles de personas y criaturas. Habían levantado una plataforma alta de madera y piedra, y allí estaban Lyra, Cael, Mara, Vlad, Alaric y todos los jefes de los clanes y razas aliadas. Delante de ellos, formados en filas perfectas, estaban todos los guerreros: hombres y mujeres, lobos que podían cambiar de forma, vampiros ágiles y rápidos, magos y brujos con sus varitas y libros, criaturas gigantescas de fuerza descomunal, y hasta animales salvajes que habían venido voluntariamente a luchar por ella. Era un ejército inmenso, el más grande que se había visto en siglos, unido por una sola causa: proteger a la verdadera reina y recuperar la paz.
Lyra dio un paso al frente, y al instante todo quedó en silencio absoluto. Miles de ojos estaban fijos en ella, esperando sus palabras, esperando su señal. Ella respiró hondo, sintió su magia correr fuerte por sus venas, y habló con una voz que resonó clarísima hasta el último rincón, fuerte, clara, llena de emoción y autoridad.
—Amigos, aliados, familia… —empezó ella, mirando a todos uno por uno—. Hoy estamos aquí reunidos por una razón muy grande y muy importante. Estamos aquí porque nos quieren quitar lo que es nuestro: nuestra tierra, nuestra libertad, nuestra vida, nuestra memoria. Estamos aquí porque hay seres crueles que quieren dominarnos, que quieren destruir todo lo que es bueno, todo lo que es justo, todo lo que es puro. Ellos creen que porque tienen más ejército, más armas y más oscuridad, van a ganar. Pero se equivocan. Se equivocan porque no saben lo que nosotros tenemos. Nosotros tenemos la verdad, tenemos la justicia, tenemos la lealtad, tenemos el amor, y sobre todo… nos tenemos los unos a los otros.
Un murmullo de aprobación y fuerza recorrió toda la multitud. Lyra siguió hablando, con más energía todavía.
—Mis padres dieron su vida por defender todo esto. Ellos murieron para que nosotros pudiéramos vivir libres, para que yo pudiera crecer y volver algún día. Yo no voy a permitir que su sacrificio haya sido en vano. Yo soy su hija, llevo su sangre, llevo su sueño, llevo su fuerza. Y hoy les prometo, ante todos ustedes y ante los dioses antiguos, que voy a pelear hasta el último aliento, que voy a protegerlos a todos con mi propia vida, que voy a recuperar cada palmo de tierra que nos robaron, y que voy a asegurar que nunca más nadie nos pueda hacer daño ni dominarnos. ¡La luz es más fuerte que la oscuridad! ¡La vida es más fuerte que la muerte! ¡Y nosotros vamos a ganar, porque llevamos la verdad en el corazón!
Un grito inmenso, fuerte y unánime, salió de todas las gargantas: **"¡LYRA! ¡LYRA! ¡LA REINA! ¡LA VERDAD!"**. El ruido fue tan fuerte que hizo temblar el suelo y resonó por todo el valle.
Después de su discurso, llegó el momento del Juramento Sagrado, la ceremonia más importante de todas, donde cada uno prometía lealtad eterna y entregar su vida si hacía falta. Uno por uno, los jefes de cada grupo se acercaron a ella, se arrodillaron, pusieron su mano sobre el corazón o levantaron su arma, y juraron: *"Yo te juro, Lyra, Heredera de la Luz, Reina de todas las Razas, que te seré leal hasta la muerte, que obedeceré tus órdenes, que te protegeré con mi vida, y que pelearé a tu lado hasta el final de los tiempos"*.
Cuando llegó el turno del gran lobo negro, su primer aliado de la naturaleza, este se acercó despacio, mirándola con ojos llenos de amor y respeto, se arrodilló profundamente y soltó un aullido largo y hermoso, que todos los demás lobos y animales repitieron al mismo tiempo, como su forma de decir el juramento.
Por último, llegó el turno de Cael. Él caminó despacio hacia ella, con una mirada llena de un amor tan grande que parecía que iba a desbordarse. Se arrodilló ante ella, cosa que nunca había hecho ante nadie, ni siquiera ante sus propios padres, y tomó las manos de ella entre las suyas.
—Yo ya te juré mi vida el día que te vi por primera vez —le dijo él con voz profunda y llena de emoción, solo para que ella lo escuchara—. Pero hoy, ante todos, te lo juro de nuevo. Yo soy tuyo, completamente tuyo. Mi fuerza es tuya, mi espada es tuya, mi corazón es tuyo, mi alma es tuya. Si tú caes, yo caigo contigo. Si tú ganas, yo gano contigo. No hay nada ni nadie que pueda separarnos, ni la vida ni la muerte. Te amo más que a nada en este mundo, Lyra. Y voy a pelear hasta el último suspiro, no solo por la causa, no solo por la tierra… sino por ti. Solo por ti.
Lyra tenía lágrimas en los ojos, pero eran lágrimas de felicidad y orgullo. Se agachó, lo levantó y lo abrazó con fuerza, delante de todos, sin importarle nada más.
—Y yo te juro a ti, Cael, que seré tu fuerza cuando tú estés débil, tu luz cuando estés en oscuridad, tu refugio cuando tengas miedo. Estamos unidos para siempre, y nada nos podrá vencer jamás.
Esa tarde, cuando todo terminó, Alaric se acercó a ellos con un mapa grande y antiguo en las manos. Lo desplegaron sobre una mesa de piedra, y todos se reunieron para verlo.
—Bien —dijo Alaric con voz seria—. Ya estamos listos, ya tenemos el ejército, ya tenemos la fuerza. Ahora tenemos que planear cómo vamos a pelear. Dargan no va a atacar por un solo lado, él es muy astuto y muy traicionero. Va a intentar rodearnos, atacar las puertas principales y las secundarias al mismo tiempo, y también va a mandar grupos pequeños para entrar escondidos y causar daño desde adentro. Conoce esta fortaleza mejor que nadie, porque él vivió aquí cuando era leal a tus padres, Lyra. Sabe todos los puntos débiles.
Lyra miró el mapa con atención, estudiando cada camino, cada bosque, cada río, cada entrada. De repente, señaló un lugar que parecía muy pequeño y sin importancia, un paso estrecho entre dos montañas altas, cubierto de árboles espesos y rocas grandes.
—Ahí es por donde van a entrar —dijo ella con seguridad absoluta. Todos la miraron sorprendidos.
—¿Cómo lo sabes, mi reina? —preguntó Vlad.
—Lo siento —respondió ella—. Siento su miedo, siento sus planes, siento sus movimientos. Ellos creen que ese paso es secreto, que nadie lo conoce, que es el lugar perfecto para pasar sin ser vistos. Pero yo lo siento. Van a mandar a sus mejores guerreros por ahí, para atacarnos por la espalda mientras nosotros peleamos en las puertas grandes. Si dejamos ese lugar sin protección, estamos perdidos. Pero si ponemos ahí a nuestros mejores hombres, si preparamos una trampa… ahí es donde vamos a ganar la primera batalla, y la más importante de todas.
Cael sonrió con orgullo y le apretó la mano.
—Esa es mi reina. Ya piensas como una verdadera líder, mejor que cualquiera de nosotros. Tienes razón, ese es el punto clave. Vamos a preparar todo tal como tú dices.
Esa noche, nadie durmió. Todos estaban despiertos, terminando de preparar todo, armando las trampas, colocando a los guerreros en sus puestos, esperando el momento. La luna estaba llena, grande y brillante, iluminando todo el valle, pero el aire estaba cargado de electricidad, de tensión, de peligro. Lyra estaba parada en lo alto de la torre más alta, mirando hacia la oscuridad, sintiendo cómo se acercaban, sintiendo la cantidad inmensa de seres oscuros que venían a destruirlos. No tenía miedo, al contrario, sentía una fuerza feroz nacer dentro de ella, una fuerza de protección, de amor, de justicia.
—Ya vienen —dijo ella en voz baja, pero firme—. Ya están aquí. Que empiece la guerra. Y que la verdad gane.