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Desde Siempre, TÚ

Desde Siempre, TÚ

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Da Ponte

Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.

En silencio sin que nadie lo supiera.

El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.

Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.

Hasta que apareció Sofía Ferrer.

Hermosa y perfecta, su novia.

y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.

Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?

NovelToon tiene autorización de Camila Da Ponte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Regresar a Nueva York

Capítulo 13

Regresar a Nueva York

El vuelo de regreso desde Chicago fue un desastre silencioso.

Valentina Rossi permaneció casi todo el viaje mirando por la ventanilla del avión privado mientras las nubes cubrían el cielo gris de la tarde.

No podía dejar de pensar en el beso.

En las manos de Alexander Beaumont sosteniendo su rostro.

En la forma en que la había mirado después.

Y eso era exactamente lo peor.

Porque jamás había sido un beso impulsivo o vacío.

Había significado algo.

Y ambos lo sabían.

Alexander, sentado frente a ella, tampoco parecía capaz de concentrarse en nada. Revisaba documentos sin realmente leerlos y respondía correos de manera automática.

Pero cada pocos minutos levantaba la mirada hacia Valentina.

Como si necesitara comprobar que ella seguía ahí.

Como si tuviera miedo de que desapareciera.

El problema era que Valentina sí quería desaparecer.

Porque regresar a Nueva York significaba volver a la realidad.

Volver a Sofía.

Volver a fingir que nada había cambiado.

Y después de Chicago… eso parecía imposible.

—Vamos a aterrizar en veinte minutos —informó el piloto.

Valentina soltó lentamente el aire.

Alexander levantó apenas la vista hacia ella.

—¿Podemos hablar cuando lleguemos?

Ella sintió el corazón tensarse inmediatamente.

—No creo que sea buena idea.

El gesto de Alexander se endureció apenas.

—¿Vas a seguir alejándote de mí?

Sí.

Porque era la única manera de sobrevivir a esto.

Pero decirlo en voz alta dolía demasiado.

—Alex…

—No quiero que actúes como si lo que pasó no importara.

La intensidad de su voz hizo que Valentina finalmente levantara la mirada hacia él.

Y cometió otro error.

Porque Alexander seguía mirándola exactamente igual que en Chicago.

Como si ya no pudiera controlar lo que sentía.

—Claro que importó —susurró ella.

El silencio cayó entre ambos inmediatamente.

Y por un instante, ninguno apartó la mirada.

Hasta que el teléfono de Alexander vibró.

Sofía.

El nombre en la pantalla fue suficiente para romper completamente el momento.

Valentina apartó los ojos enseguida sintiendo una presión horrible en el pecho.

Alexander observó el celular algunos segundos antes de responder.

—Hola.

La culpa atravesó a Valentina con fuerza.

Porque escuchar la voz de Sofía del otro lado mientras ella seguía recordando el beso… la hacía sentirse terrible.

—Sí, acabamos de aterrizar.

La voz suave de Alexander sonó distante.

Como si estuviera en otro lugar mentalmente.

Como si parte de él todavía siguiera atrapada en Chicago.

Valentina cerró los ojos lentamente.

Esto tenía que terminar.

Antes de destruirlos a todos.

Nueva York los recibió con lluvia.

El aeropuerto privado Beaumont brillaba bajo las luces de la pista mientras varios asistentes esperaban junto a los autos negros de la familia.

Alexander descendió primero del avión y automáticamente giró para ayudar a Valentina.

El roce de sus manos fue suficiente para alterarles el pulso a ambos.

Y eso comenzaba a ser un problema enorme.

—Alexander.

La voz femenina hizo que Valentina levantara la vista inmediatamente.

Y el corazón se le cayó al piso.

Sofía Ferrer estaba ahí.

Usando un elegante abrigo beige y una sonrisa suave mientras caminaba directamente hacia ellos bajo la lluvia.

Alexander pareció sorprendido.

—¿Qué haces aquí?

Sofía se acercó abrazándolo inmediatamente.

—Quería recibirte.

Valentina sintió el pecho cerrarse de golpe.

Porque verlos juntos después de Chicago dolía muchísimo más de lo que esperaba.

Alexander tardó apenas un segundo en devolverle el abrazo.

Pero Valentina lo notó.

Esa pequeña duda.

Ese instante mínimo donde pareció desconectado.

Y eso solo empeoró todo.

Sofía finalmente levantó la vista hacia ella sonriendo.

—Hola, Valentina.

—Hola.

Intentó sonar normal.

Claramente estaba fracasando.

Porque la culpa comenzaba a consumirla lentamente.

—¿Cómo estuvo el viaje? —preguntó Sofía.

Valentina tragó saliva antes de responder.

—Bien. Bastante trabajo.

Otra mentira.

Alexander permaneció en silencio unos segundos antes de acomodar suavemente una mano sobre la espalda de Sofía.

Y aunque el gesto parecía natural…

Valentina vio algo raro en sus ojos.

Confusión.

Como si incluso estando con su novia, una parte de él siguiera pensando en otra persona.

En ella.

—Mi auto está aquí —murmuró Valentina rápidamente—. Los veo luego.

Necesitaba salir de ahí.

Urgente.

Pero cuando intentó alejarse, la voz de Alexander la detuvo.

—Valentina.

Ella giró apenas.

Y durante un segundo entero, él la miró como si quisiera decir algo importante.

Algo real.

Pero Sofía seguía a su lado.

Y eso bastó para destruir el momento.

—Descansa —dijo finalmente.

Valentina asintió apenas antes de subir rápidamente al auto.

Y apenas la puerta se cerró… el aire dejó de alcanzarle.

Esa misma noche, el penthouse Beaumont se sentía más frío de lo habitual.

Alexander dejó las llaves sobre la mesa mientras Sofía caminaba hacia la cocina hablando sobre la cena benéfica del sábado.

Pero él apenas podía concentrarse.

Porque seguía pensando en Valentina.

En su mirada triste en el aeropuerto.

En cómo había querido detenerla cuando se fue.

Sofía regresó con dos copas de vino y frunció levemente el ceño al verlo tan distante.

—¿Estás bien?

Alexander levantó la vista lentamente.

Ella se veía hermosa.

Perfecta.

Y aun así… algo dentro suyo seguía sintiéndose incompleto.

—Sí.

Mentira.

Sofía se acercó un poco más observándolo con atención.

—Desde hace semanas estás diferente conmigo.

El corazón de Alexander se tensó.

Porque ahí estaba finalmente.

La conversación que llevaba evitando.

Sofía apoyó lentamente la copa sobre la mesa.

—¿Pasó algo en Chicago?

La culpa golpeó su pecho con fuerza brutal.

Alexander apartó la mirada inmediatamente.

Y Sofía lo notó.

Claro que lo notó.

Porque por primera vez desde que estaban juntos…

Alexander Beaumont no pudo mirarla a los ojos al responder.

—No.

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