En un mundo donde los dragones eligen a sus jinetes y los reinos se sostienen sobre alianzas forzadas. El amor es un lujo que nadie puede permitirse en tiempos de guerra. Elian Kovács siempre supo que su destino no le pertenecía al nacer enfermizo. Principe Omega del reino nórdico, y pieza clave en la guerra que se aproxima, su vida queda sellada cuando es prometido en matrimonio al heredero del poderoso Dominium Sárkányvér, un alfa al que jamás ha visto… y al que está destinado a obedecer como su futura esposa. Pelear en contra del clan del desierto. Pero ambos antes de rendirse al deber cometen un error. Lo que debía ser un escape sin consecuencias… Se convierte en un secreto imposible de ocultar. Porque semanas después, Elian descubre que lleva dentro algo más que culpa. Lleva un hijo concebido fuera del pacto. Una verdad que, de salir a la luz, podría significar la caída de su clan o su exterminio. Porque en un mundo donde el deber lo es todo. El amor puede ser la guerra más letal.
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Corazón desbocado.
El alfa se quedó congelado un segundo.
Luego… una pequeña sonrisa apareció finalmente en sus labios.
La primera sonrisa real de toda la ceremonia.
Porque aquello había sido tan inesperado… tan descaradamente sincero… que le dio gracia.
Y Elian, al ver esa expresión por primera vez, también sintió el corazón acelerarse peligrosamente.
Elian todavía tenía el corazón acelerado cuando el sacerdote volvió a levantar la voz.
—Ahora el segundo juramento.
El omega respiró profundo.
Y colocó lentamente su mano sobre el antiguo libro ceremonial.
Las runas plateadas comenzaron a brillar suavemente bajo sus dedos.
Entonces habló:
—Yo, Elian Kovács… prometo honrar, proteger y permanecer junto a mi alfa… hasta mi último aliento. Prometo respetarlo y cuidarlo. Y llevar su descendencia si es el caso. Si no es así...que mis huesos se congelen.
Su voz sonó más firme de lo que realmente se sentía.
Porque por dentro… estaba aterrorizado. Por lo menos la poción ocultaba el embarazo.
El sacerdote sonrió satisfecho.
—Entonces, ante los dioses antiguos y los dragones celestiales… beberán de su sangre.
El sacerdote tomó una pequeña caja de madera oscura.
Y la abrió.
Dentro descansaba una fina navaja ceremonial de plata.
Varios nobles guardaron silencio inmediatamente.
El ritual de sangre.
El más antiguo.
El más sagrado.
Dávid observó cómo el sacerdote tomaba primero su mano.
Y hacía un pequeño corte sobre uno de sus dedos.
Luego hizo lo mismo con Elian.
El omega apenas hizo una pequeña mueca.
Una gota roja cayó lentamente dentro de la copa de oro previamente llenada a la mitad con un vino ancestral.
Luego otra.
La sangre de ambos comenzó a mezclarse lentamente con el liquido.
Oscuro.
Brillante.
El sacerdote levantó la copa con solemnidad.
—Dos sangres. Dos reinos. Una sola alma. Un solo dragón de hielo.
Primero Dávid bebió.
El sabor metálico llenó inmediatamente su boca.
Luego le pasó la copa a Elian.
Y el omega bebió también.
Por un instante… algo extraño recorrió sus cuerpos.
Calor.
Una corriente viva.
Como si el vínculo hubiera terminado de sellarse.
Elian levantó lentamente la mirada.
Y por un segundo… sus ojos chocaron otra vez con los dorados del alfa.
Demasiado intensos.
Demasiado conscientes el uno del otro.
El sacerdote finalmente alzó ambas manos.
—¡Declaro oficialmente unida la sangre de Dominium Sárkányvér y Skjaldheim!
Los aplausos llenaron inmediatamente la capilla.
Música.
Gritos.
Y entonces… un rugido sacudió el cielo.
Nieve descendió desde el campanario con las enormes alas abiertas al escuchar el silbido de su jinete.
La nieve giró alrededor del dragón mientras aterrizaba frente a los recién casados.
Elian sonrió apenas.
Y caminó directamente hacia él.
Apoyó una mano sobre el enorme hocico blanco.
Nieve cerró apenas los ojos al sentirlo.
Leif Ragnarsson observó la escena orgulloso.
Luego miró a Dávid.
—Ahora tú.
El alfa arqueó una ceja.
—¿Hm?
—Pon la mano sobre él.
Miklós contuvo la respiración inmediatamente, no quiso mirar la escena que una vez soñó para el mismo.
Astrid directamente cruzó los brazos esperando el desastre.
Dávid avanzó sin miedo.
Porque jamás había retrocedido ante una bestia.
Ni siquiera ante un dragón legendario.
Extendió lentamente la mano hacia Nieve.
Y apenas sus dedos rozaron las escamas blancas…
El dragón abrió los ojos de golpe.
¡GRRRRRRRRRR!
Y movió la cola gigantesca directo hacia él.
—¡¿Qué demonios?!
Dávid apenas logró esquivarlo por reflejo.
La enorme cola pasó a centímetros de su rostro destruyendo media decoración de flores detrás y levantando escarcha del suelo
Varias personas gritaron.
Harald soltó una carcajada brutal.
—¡JAJAJA! ¡Eso fue increíble!
Miklós casi sufrió un infarto. La cola pasó muy cerca.
—¡PRÍNCIPE!
Astrid se tapó la boca intentando no reír.
Incluso Ilona abrió los ojos sorprendida.
—¿No se supone que debía aceptarlo? —preguntó Benedek confundido.
Elian estaba rojo intentando contener la risa.
Y finalmente perdió la batalla.
—Pfffft—
Se cubrió la boca.
Pero ya era tarde.
La risa escapó igual.
Dávid giró lentamente hacia el Omega, luego de hacerle señas a su propio dragón Furia que se mantuviera quieto al ver la falta de respeto del dragón blanco hacia su persona. Su dragón oscuro de mostraba inquieto y alerta al peligro.
Con el orgullo completamente herido.
—¿Te parece gracioso? Si tú dragón me asesina no la pasarás nada bien. Ni tus padres, ni tus amigos. Así que mejor le dices que se comporte.
—Me parece muy gracioso. Esto es nuevo para él así que no te estreses —respondió Elian todavía riéndose.
Nieve soltó un gruñido satisfecho.
Claramente orgulloso de sí mismo.
El omega acarició otra vez el hocico del dragón.
—Déjalo ya. Vamos a dar un paseo lejos de los demás.
Luego murmuró apenas para él:
—Aunque gracias. Necesitaba ver cómo se le rompía esa postura perfecta.
Dávid escuchó claramente.
Y por primera vez en años… se sintió genuinamente ofendido.
Pero también extrañamente divertido.
Elian subió primero al lomo del dragón.
Con absoluta naturalidad.
Como si fuera parte de él.
Luego extendió la mano hacia el alfa.
—Bueno… sube. ¿O prefieres ser espectador?
Dávid observó esa mano unos segundos.
Y terminó tomándola.
El contacto volvió a hacerles sentir esa pequeña corriente extraña.
El alfa subió detrás de él.
Y automáticamente tuvo que rodear la cintura del omega para sostenerse.
Elian se tensó apenas.
Porque sentir esas manos otra vez… despertaba demasiados recuerdos.
—¿El dragón no me acepta? —preguntó Dávid cerca de su oído—. Yo debería conducir soy el esposo. Tú eres la esposa.
Elian soltó una pequeña risa.
—Conformate con poder subir estando yo arriba—Miró apenas sobre el hombro —Nadie más lo ha hecho.
Eso sorprendió genuinamente al alfa.
Y antes de que pudiera responder… Nieve abrió las alas. Y se lanzó al cielo. Los aplausos quedaron atrás rápidamente. El viento helado golpeó sus cuerpos mientras atravesaban las nubes.
Todo abajo se volvió pequeño.
El castillo.
La capilla.
Los invitados.
El mundo entero.
Por varios minutos… ninguno habló.
Simplemente admiraron el paisaje blanco extendiéndose hasta el horizonte.
Dávid sentía el cuerpo cálido del omega entre sus brazos a pesar del frío. Y una paz extraña que jamás había sentido ni volando su propio dragón. Entonces Nieve giró ligeramente la cabeza.
Y soltó un gruñido extraño.
Elian abrió mucho los ojos.
—No se te ocurra—
Demasiado tarde.
El dragón se inclinó bruscamente hacia un lado.
—¡¿QUÉ DEMONIOS?!
Dávid casi salió disparado del lomo.
Y terminó aferrándose completamente a la cintura del omega, pegándolo prácticamente contra su pecho.
Elian soltó una carcajada.
—¡JAJAJA! ¡Nieve!
El alfa apretó los dientes.
—¡Tu dragón está enfermo mentalmente!
El enorme dragón pareció ofenderse.
Porque inmediatamente abrió las fauces.
Y una gigantesca tormenta de hielo explotó en el cielo.
Cristales brillantes iluminaron las nubes como estrellas congeladas.
Desde tierra… todos comenzaron a aplaudir maravillados.
El último dragón de hielo estaba bendiciendo la unión.
Y por primera vez en toda la tarde… Elian sonrió de verdad.
Mientras el viento helado envolvía a los tres en el cielo.