En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.
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Capítulo 11: La reina que eligió el agua
El silencio dentro del templo fue absoluto.
Nadie se movió.
Nadie respiró.
Las llamas seguían girando violentamente alrededor de Magma mientras el agua rodeaba a Kaien como una tormenta contenida. Vapor ardiente llenaba el aire entre ambos, ocultando parcialmente sus rostros.
Y aun así…
todos habían visto lo mismo.
La heredera del fuego acababa de proteger al heredero del agua.
Varok fue el primero en reaccionar.
—¿Qué acabas de hacer?
La voz del anciano resonó llena de incredulidad y furia.
Magma seguía respirando agitadamente. El fuego alrededor de sus brazos ardía demasiado fuerte, respondiendo todavía al choque elemental de hacía segundos.
Ella misma no entendía por qué había reaccionado así.
Solo sabía que no podía dejar que lo mataran.
Eso la aterrorizaba.
Los soldados permanecían inmóviles esperando nuevas órdenes, claramente inseguros ahora. Algunos observaban a Kaien con miedo.
Otros observaban a Magma con algo peor.
Duda.
Varok avanzó lentamente hacia ella.
—Princesa, apártese de él.
El agua alrededor de Kaien se tensó inmediatamente.
Magma lo sintió.
Como si el océano entero respirara junto a él.
—No.
La palabra salió antes de que pudiera detenerla.
El templo entero pareció endurecerse.
Rowan dio un paso hacia adelante.
—Magma…
Ella no apartó la mirada de Varok.
—Quiero respuestas antes de que alguien ataque.
El anciano parecía a punto de explotar.
—¡Es un heredero del agua!
—Y ustedes escondieron una guerra completa del reino.
Eso golpeó directamente a todos los consejeros presentes.
Magma podía sentir las miradas clavadas sobre ella.
Pero ya no le importaba.
Porque algo dentro de ella comenzaba a romperse.
Todo lo que había creído desde niña:
* las historias,
* los héroes,
* los enemigos,
* los monstruos…
todo comenzaba a sentirse manipulado.
Kaien seguía observándola en silencio.
Y eso la ponía todavía más nerviosa.
Porque él no parecía sorprendido por su reacción.
Como si hubiera esperado exactamente eso de ella.
La lluvia golpeó violentamente los vitrales del templo.
Entonces Varok habló otra vez.
Más frío esta vez.
—No entiendes lo que representa.
Kaien soltó una pequeña risa amarga.
—Claro. Llegó el momento donde me llaman monstruo otra vez.
El agua se agitó alrededor de sus pies.
Magma giró apenas hacia él.
—¿Por qué viniste realmente?
El heredero del agua sostuvo su mirada unos segundos.
Y por primera vez…
pareció cansado.
No peligroso.
No amenazante.
Solo agotado.
—Porque alguien está despertando algo que debería seguir dormido.
El corazón de Magma se tensó.
—¿Qué cosa?
Kaien observó lentamente las llamas alrededor del templo antes de responder:
—El hielo.
El aire cambió inmediatamente.
Frío.
Demasiado frío.
Incluso el fuego pareció debilitarse apenas escuchó esa palabra.
Varok palideció.
Y eso asustó muchísimo más a Magma que cualquier otra cosa.
—¿Qué tiene que ver el hielo con esto?
Kaien bajó lentamente la mirada.
—El hielo no es un elemento normal.
Los relámpagos iluminaron el templo violentamente.
—Es lo que ocurre cuando el agua pierde completamente su humanidad.
El silencio fue devastador.
Magma sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Kaien continuó:
—Hace siglos, durante la guerra elemental… uno de los herederos del agua intentó absorber demasiado poder.
El océano alrededor de él comenzó a moverse más lento.
Más pesado.
—Y se convirtió en algo que ya no podía controlar.
Varok habló inmediatamente:
—¡Basta!
Pero Kaien lo ignoró.
Sus ojos permanecían sobre Magma.
—El hielo nació aquella noche.
La lluvia comenzó a congelarse parcialmente sobre algunos vitrales del templo.
Los nobles retrocedieron aterrorizados.
Magma observó el hielo formándose lentamente sobre la piedra negra.
Imposible.
Completamente imposible dentro del Reino Ígneo.
—¿Qué pasó con él? —preguntó casi en un susurro.
Kaien tardó demasiado en responder.
—Destruyó continentes enteros.
El fuego dentro del pecho de Magma reaccionó violentamente otra vez.
Porque podía sentirlo.
El miedo real detrás de esas palabras.
No parecía una historia.
Parecía un recuerdo.
Entonces entendió algo.
—Tú estabas allí.
El templo quedó completamente quieto.
Kaien no respondió inmediatamente.
Y eso fue respuesta suficiente.
Magma dejó de respirar un instante.
No podía ser posible.
Nadie vivía tantos siglos.
¿O sí?
Kaien apartó lentamente la mirada.
—El agua envejece diferente cuando el vínculo despierta por completo.
La cabeza de Magma daba vueltas.
Todo era demasiado.
Demasiadas verdades.
Demasiadas mentiras.
Demasiado dolor.
Entonces Rowan finalmente habló desde atrás.
Y había algo extraño en su voz.
Celos.
Aunque ni siquiera él parecía darse cuenta todavía.
—¿Y esperas que confiemos en ti solo porque apareciste con una historia triste?
Kaien lo observó apenas.
—No vine por confianza.
La tensión entre ambos fue inmediata.
Magma lo notó enseguida.
Rowan tensó la mandíbula.
Kaien volvió a mirarla a ella.
Siempre volvía a mirarla a ella.
Y eso comenzaba a poner nervioso a Rowan muchísimo más de lo que debería.
—Vine porque el despertar de los elementos ya empezó.
Kaien dio un paso hacia Magma lentamente.
El fuego alrededor de ella reaccionó de inmediato.
Más alto.
Más brillante.
—Y porque tú eres parte de eso.
El corazón de Magma golpeó demasiado fuerte.
Él estaba cerca otra vez.
Demasiado cerca.
Podía sentir el frío de su presencia mezclándose extrañamente con el calor de la suya.
Y por alguna razón…
sus elementos parecían disfrutarlo.
El agua alrededor de Kaien comenzó a rodear pequeñas corrientes de fuego suspendidas en el aire sin apagarlas completamente.
Danzaban juntas.
Imposible.
Hermoso.
Peligroso.
Magma levantó lentamente la mirada hacia él.
—¿Qué quieres de mí?
Kaien sostuvo sus ojos unos segundos.
Y entonces respondió algo que hizo estremecer todo dentro de ella:
—Quiero evitar que termines como la hija del viento.
El nombre atravesó el templo como una herida vieja.
Alina.
Otra vez Alina.
Siempre Alina.
Magma sintió el pecho arder.
—¿Qué sabes sobre ella?
Kaien observó las llamas alrededor antes de responder:
—Más de lo que imaginas.
Y antes de que pudiera decir algo más…
una explosión sacudió violentamente el castillo.
El suelo tembló brutalmente.
Los vitrales del templo estallaron.
Y un grito aterrorizado atravesó Ignis desde el exterior:
—¡LAS MURALLAS DEL NORTE ESTÁN ARDIENDO!