En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.
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Capítulo 2: La primera chispa
El fuego obedeció.
Por un instante breve y aterrador, las llamas del mercado dejaron de moverse como fuego normal. Se inclinaron hacia Magma como si estuvieran respirando con ella.
La niña atrapada dentro del puesto dejó de llorar.
Las personas alrededor también lo notaron.
El incendio comenzó a girar lentamente alrededor de Magma en lugar de consumirla.
Ella abrió los ojos con terror.
El calor no le quemaba.
Lo sentía vivo.
Escuchándolo.
El fuego recorrió sus brazos como serpientes de luz roja y dorada antes de estallar violentamente hacia arriba. Las llamas se elevaron varios metros sobre el mercado y luego se apartaron del camino de Magma como si alguien invisible las estuviera controlando.
Los gritos comenzaron inmediatamente.
—¡¿Qué está haciendo?!
—¡Es la princesa!
—¡Aléjense!
Magma apenas podía respirar.
Todo dentro de ella ardía.
No era dolor exactamente.
Era algo peor.
Poder.
Uno de los pilares incendiados cayó detrás de ella con un estruendo brutal. La niña atrapada gritó aterrorizada.
Eso rompió el trance.
Magma reaccionó inmediatamente y empujó la viga con todas sus fuerzas hasta liberar a la pequeña. La tomó en brazos y salió corriendo entre humo y cenizas mientras el puesto terminaba de desplomarse detrás.
La multitud se apartó de inmediato al verla.
Algunos aterrorizados.
Otros sorprendidos.
Y otros…
maravillados.
Magma dejó a la niña junto a su madre y retrocedió varios pasos. Sus manos seguían calientes.
Demasiado calientes.
Pequeñas brasas escapaban todavía de sus dedos.
El silencio a su alrededor comenzó a volverse incómodo.
Todos la observaban.
Ella conocía esas miradas.
Pero esta vez eran distintas.
Ya no parecían ver a la princesa inútil.
Ahora parecía que la miraban como algo peligroso.
Entonces llegaron los guardias reales.
—¡Princesa!
Magma levantó la mirada justo cuando el capitán de la guardia atravesó la multitud junto a varios soldados.
Y detrás de ellos…
su madre.
La reina Lynera descendió rápidamente del carruaje real. Su vestido oscuro se movía entre las cenizas del mercado mientras sus ojos dorados recorrían la escena destruida.
Puestos quemados.
Madera humeante.
Personas arrodilladas observando a Magma.
Y fuego todavía danzando alrededor de sus manos.
Por un instante, la reina se quedó completamente inmóvil.
Magma sintió miedo inmediatamente.
Bajó la mirada hacia el suelo.
—Yo no quería—
Pero Lynera llegó hasta ella y sostuvo su rostro con ambas manos.
—¿Estás herida?
La pregunta la tomó completamente por sorpresa.
Magma negó lentamente.
La reina observó sus manos ardientes otra vez.
Y por primera vez en años…
sus ojos se llenaron de esperanza.
⸻
Esa noche, el castillo entero parecía distinto.
Los sirvientes susurraban por los pasillos. Los guardias la observaban de otra manera. Incluso los nobles inclinaban la cabeza al verla pasar.
Las noticias del mercado ya habían recorrido todo Ignis.
La princesa finalmente despertó.
Magma debería haberse sentido feliz.
Era lo que había esperado toda su vida.
Entonces… ¿por qué se sentía tan asustada?
Se encerró en su habitación apenas pudo escapar de las celebraciones improvisadas del palacio.
Necesitaba silencio.
Necesitaba pensar.
Las llamas dentro de la chimenea reaccionaron inmediatamente cuando entró. Crecieron unos centímetros sin que nadie las tocara.
Magma se quedó inmóvil.
El fuego seguía obedeciéndola.
Lentamente levantó una mano hacia las llamas.
Esta vez ocurrió de inmediato.
El fuego abandonó la chimenea.
Flotó.
Pequeñas corrientes de fuego comenzaron a girar alrededor de sus dedos como si siempre hubieran pertenecido allí.
Magma abrió los ojos fascinada.
Y aterrorizada al mismo tiempo.
—Entonces sí estabas ahí…
Las llamas parecieron moverse con suavidad ante su voz.
Un golpe en la puerta la hizo sobresaltarse.
El fuego desapareció inmediatamente.
—¿Magma?
La voz de su padre atravesó la habitación.
Ella abrió rápido.
Kaelor sonrió apenas al verla.
Pero la expresión le duró poco.
Porque él también sintió el calor extraño dentro de la habitación.
Entró lentamente y cerró la puerta detrás de sí.
—Tu madre me contó lo del mercado.
Magma bajó la mirada.
—Perdí el control.
—Salvaste una vida.
Ella apretó los puños.
—La gente estaba asustada.
Kaelor guardó silencio unos segundos antes de caminar hacia el balcón.
Afuera, Ignis brillaba bajo la noche roja del reino.
—Cuando Alina despertó el viento por primera vez… las personas también tuvieron miedo.
Magma levantó lentamente la mirada.
Otra vez ella.
La hija del viento siempre aparecía en momentos importantes.
Kaelor apoyó ambas manos sobre la baranda de piedra.
—El poder elemental no es elegante al despertar. Es salvaje. Emocional.
Magma caminó lentamente hasta quedar junto a él.
—Sentí algo extraño.
—¿Cómo qué?
Ella tardó en responder.
Porque no sabía explicarlo.
—Como si el fuego estuviera vivo.
El rey no pareció sorprendido.
Eso la inquietó más.
—Porque lo está.
El viento caliente atravesó el balcón suavemente.
Magma observó las antorchas lejanas de la ciudad.
—¿Entonces por qué tardó tanto en aparecer?
Kaelor la miró en silencio.
Y por primera vez…
pareció preocupado.
—A veces los elementos esperan algo.
—¿Qué cosa?
Pero antes de que pudiera responder, alguien golpeó violentamente las puertas principales del salón exterior.
Los guardias comenzaron a gritar.
Pasos apresurados recorrieron el pasillo.
Kaelor frunció el ceño inmediatamente.
—Quédate aquí.
Pero Magma ya sentía algo extraño.
El fuego de todas las antorchas cercanas comenzó a agitarse violentamente.
Como si reaccionaran a una amenaza.
La puerta de la habitación se abrió de golpe.
Uno de los guardias reales entró respirando agitado.
Y había miedo real en su rostro.
—Majestad… llegaron barcos.
El silencio cayó inmediatamente.
Kaelor endureció la expresión.
—¿Qué barcos?
El guardia tragó saliva.
—No tienen bandera del reino.
Magma sintió un escalofrío.
El hombre continuó:
—Vienen del mar.
Eso fue suficiente para cambiar completamente el rostro del rey.
Porque en el Reino Ígneo había una frase que todos conocían desde niños:
“Nada bueno llega desde el agua.”
Kaelor caminó rápidamente hacia la salida.
Magma intentó seguirlo.
—No. Tú te quedas aquí.
—Padre—
—Magma.
La firmeza de su voz la detuvo.
Pero antes de irse, el rey sostuvo su rostro apenas un segundo.
Y lo que ella vio en sus ojos la aterrorizó más que cualquier cosa.
Miedo.
Miedo verdadero.
Entonces salió junto a los guardias.
Magma quedó sola en medio de la habitación.
Las llamas de la chimenea comenzaron a crecer lentamente otra vez.
Más altas.
Más agresivas.
Y por primera vez desde que despertó su fuego…
Magma sintió que algo estaba acercándose al reino.
Algo antiguo.
Algo que el fuego recordaba perfectamente.
El agua.