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Protocolo: Ejecutar

Protocolo: Ejecutar

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Mafia / Enfermizo
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

⚠️ por favor no denunciar y no apto para sensibles ⚠️🙏🏻
Ella es de un grupo rebelde pero es capturada en una misión el está encargado de hacerla hablar y luego ejecutarla Pero se obsesiona locamente por ella

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1

⚠️ Advertencia está novela es un dark romance, contiene contenido oscuro no apto para sensibles por favor no lea si no es su tipo o de novela y no denuncie gracias⚠️

Caímos en la dictadura.

No podías protestar porque eras ejecutado. No podías ser infiel porque eras ejecutado. No podías dejar a tu esposo o eras ejecutada. No podías pensar, decir, ni nada. Vivíamos según lo ordenaban la militancia y el estado.

Así era mi país ahora. Una jaula con forma de patria.

Yo… yo me llamo Luz.

* Luz Pero su apodo en la organización es Nox*

Pero mi apodo es Nox.

Noche. Oscuridad. El momento en que los ciegos creen que todos están dormidos.

Y soy una rebelde.

No nací siéndolo. La dictadura me hizo. Como una herida que se niega a cerrar, fui moldeándome al filo de cada ejecución, de cada amanecer con un nombre nuevo en la lista de los desaparecidos.

—¿Estás lista? —me preguntó Ko.

  * Ko Su nombre real es Dylan es hijo del ejército rebelde*

Ko es el hijo del líder de la organización rebelde. Tiene los ojos verdes y la mirada de quien ya perdió demasiado como para tener miedo todavía. Es mi amigo. Tal vez lo único que se parece a la palabra hogar en este infierno.

—Sí —respondí.

No dije más. Las palabras sobran cuando el silencio es tu única armadura.

Esa noche salimos. Ko, yo, y otros tres miembros de la organización. Llevábamos explosivos casatos escondidos en mochilas de escuela. Parecíamos estudiantes volviendo de clase. Éramos la muerte disfrazada de juventud.

La estatua de la plaza central llevaba diez años mirando la ciudad con sus ojos de bronce. Representaba al fundador de la dictadura, el hombre que nos vendió la idea de orden a cambio de nuestra libertad.

Decidimos que esa noche dejaría de mirar.

La explosión iluminó todo.

El estruendo me atravesó los huesos. Por un segundo, el mundo fue solo fuego y piedras volando. La estatua se partió en dos, como un viejo árbol podrido. La cabeza del tirano de bronce rodó por el adoquinado hasta chocar contra una fuente seca.

—Listo, ¡corre! —dijo Ko.

Comenzamos a correr.

El corazón me golpeaba las costillas como queriendo salir. Las piernas me quemaban. El aire olía a pólvora y a noche rota.

Y entonces los militares llegaron.

Salían de cada callejón, de cada esquina. Sus botas sonaban como un solo latido metálico. Las luces de los tanques barrieron la plaza convertida en escombros.

—¡No los dejen escapar! —gritó un militar.

La voz era grave, de mando. No me giré a mirarlo. No hacía falta. Ya sabía cómo eran: cascos negros, ojos invisibles, dedos en el gatillo.

Pero fue la siguiente voz la que me heló la sangre.

—Dejenme a la del medio —ordenó alguien.

No gritó. No necesitaba hacerlo. Habló con una calma que daba más miedo que cualquier amenaza.

Me giré un segundo.

Lo vi.

Uniforme impecable. Gorra de visera. Una cicatriz fina que le cruzaba la ceja izquierda. Pero lo peor eran sus ojos. No tenían odio. No tenían prisa. Tenían la certeza de un cazador que sabe que su presa ya es suya.

Killa.

* Killa nombre real desconocido hijo de elite más importante del país y el más sanguinario*

Había oído su nombre en los informes de la resistencia. El carnicero de la Novena. El hijo de la élite. El hombre que ejecuta con sus propias manos.

Él iba detrás de mí.

Podía sentir su mirada en mi nuca como una bala caliente.

Pero no se lo iba a hacer fácil.

Apreté los dientes y corrí más rápido. Mis zapatillas apenas tocaban el suelo. Ko iba delante de mí, zigzagueando entre los coches militares. Los otros dos rebeldes se habían separado, cada uno por su lado, como habíamos ensayado.

Pero Killa no seguía a Ko.

No seguía a nadie más.

Me seguía a mí.

—¡Ríndete y quizás no te mate… ahora! —dijo.

Su voz sonó cerca. Demasiado cerca.

No respondí. Respiré hondo y corrí.

Sentí el aire cortarse justo detrás de mi oreja. Una mano a punto de atraparme. El filo de su respiración contra mi cuello.

Entonces Ko giró sobre sus talones.

No lo vi venir. Killa tampoco.

Ko le metió un golpe en la cabeza con el codo —directo a la sien— tan rápido y tan limpio como si lo hubiera ensayado mil veces. Killa soltó un gruñido sordo. Sus piernas flaquearon. Cayó al suelo de rodillas, luego de lado, como una estatua que se derrumba.

No perdí tiempo.

Ko me tomó de la mano. Los dedos entrelazados, sudorosos, temblorosos. Nos metimos por una calle angosta, saltamos una reja oxidada, cruzamos un patio interior llenado de ropa tendida y salimos a la siguiente avenida.

El cuartel militar quedó atrás.

Las sirenas sonaban lejos.

Seguimos corriendo hasta que los pulmones ardieron y las piernas dejaron de responder. Solo entonces nos detuvimos, agachados detrás de un contenedor de basura, respirando como dos animales heridos.

Nos habíamos salvado.

Por ahora.

Lo que no sabíamos es que, en la plaza central, Killa ya se había incorporado.

No sangraba. No temblaba.

—Mierda —dijo mientras se levantaba.

Se sacudió el polvo del uniforme con dos palmadas. Un gesto casi aburrido. Como si recibir un golpe fuera solo una molestia menor.

Se agachó y recogió algo del suelo.

Una cinta de tela negra. Se me había caído al correr. La llevaba atada a la muñeca, sin saber que se convertiría en prueba.

Killa la miró un largo rato. La acarició con el pulgar. Cerró el puño.

Y sonrió.

Era una sonrisa pequeña. Íntima. Casi tierna si no supieras quién era.

—Quiero a esa joven —dijo en voz baja, para nadie más que él mismo—. La quiero hacer pedazos.

Nadie lo oyó.

Pero la noche, que todo lo ve, guardó esas palabras.

Y yo, sin saberlo, acababa de convertirme en su obsesión.

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Mariscal Morin
Es que no manches Killa, como se te ocurrió querer matar a Seven, si salvo a tu esposa, todo menso, 🥺🥺
Bunny 🐇: 😭 es que estaba celoso
total 1 replies
Mariscal Morin
Ahora que ira a pasar 💞💞💞💞💞💞😳😳😳😳😳
Mariscal Morin
🥺🥺🥺🥺🥺Estoy muy triste por ellos, escritora por fabor dales la libertad de quererse 🥺🥺🥺🥺
Mariscal Morin
Aaaaa, viejo perro, me dejo en sok es un jodido loco 😠😠😡😡😡😡
Mariscal Morin
Pinché viegillo desgraciado infeliz 🥺🥺🥺🥺🥺🥺🥺🥺Killa nesecita mucho amor 🥺🥺🥺🥺🥺
Mariscal Morin
Muy amada por un loco 💞💞💞💞💞💞💞
Mariscal Morin
Muy bien que huelen jajajaja 💞
Grecia Osorno
wow me encanta quiero saber más, porfa sube más capitulos
Mariscal Morin
Re loco ese hombre 😠😠😠😠
Mariscal Morin
Como que Killa si esta loco de verdad, bien desquiciado 🫨🫨🫨
Mariscal Morin
Jajajaja jajajaja jajajaja celosilla la guerquilla 😊😊😊💞💞💞
Mariscal Morin
Jajajaja jajajaja jajajaja, pinché vieja, se quedo con las ganas jajajaja 😠😠
Mariscal Morin
Ya valió bola de aprobechados montoneros 😊😊😊😊😊😊
Andrea González🇻🇪🇻🇪
más capítulo
Mariscal Morin
Por fabor dale felicidad a Luz escritora 😳😳
Bunny 🐇: ¡Espérate! Que Sofía entro al juego y la pequeña se carga a todos jajaja
total 1 replies
Mariscal Morin
Y ahora?? 😳😳😳😳😳😳😳😳
Mariscal Morin
La envidia y los celos, presentes 😟😟😟😟😟
Mariscal Morin
Estoy que me arde la garganta de angustia 😟😟😟😟😟no manches, lo que tiene que hacer para proteger a su hermanita 😟😟😟😟
Bunny 🐇: 🤧Si y vendrán cosas peores 💔
total 1 replies
Mariscal Morin
😟😟😟😟😟😟😟😟😟😟
Mariscal Morin
Hace lo mismo que el otro perro 😠😠😠😠😡😡😡😡
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