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QUIERO VOLVER A VERTE

QUIERO VOLVER A VERTE

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Garizao

Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.

NovelToon tiene autorización de Lina Garizao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1

El aire en la galería zumbaba con el murmullo de voces, el tintineo de copas de champán y el suave jazz de fondo. Sandra, con el ceño ligeramente fruncido, ajustaba el último lirio blanco en un arreglo floral que coronaba un pedestal de mármol. El aroma dulce y embriagador de las flores era su refugio, su burbuja en el caos de la inauguración de la exposición de arte contemporáneo. "Casi listo", murmuró para sí misma, limpiándose una mancha de polen de su blusa de lino. Había pasado todo el día sumergida en ese encargo de último minuto, su mente enfocada en la perfección de cada pétalo.

Pero entonces, el murmullo general pareció disolverse en un silencio ensordecedor. Una corriente fría le recorrió la espalda. Levantó la vista, siguiendo una inexplicable punzada en el pecho, y su mundo se detuvo.

Al otro lado de la sala, cerca de una imponente escultura de metal pulido, estaba él. Guillermo.

El tiempo se plegó. Los años desaparecieron. Sus ojos, antes llenos de una alegría contagiosa, ahora llevaban el peso de algo indescifrable, una mezcla de sorpresa, arrepentimiento y una familiar tristeza. Él también la había visto. Su vaso de champán se detuvo a medio camino de sus labios, y la sonrisa educada que tenía para su acompañante se desvaneció, reemplazada por una expresión de pura incredulidad.

Sandra sintió cómo el corazón se le encogía y se aceleraba al mismo tiempo. Era como si un rayo la hubiera atravesado, helándola y quemándola a la vez. Su pulso martilleaba en sus sienes.

"Guillermo..." El nombre se atascó en su garganta, apenas un susurro inaudible.

Él dio un paso inconsciente hacia ella, luego se detuvo, como si una fuerza invisible lo hubiera anclado al suelo. Había cambiado, sí. Los años le habían añadido una madurez atractiva, líneas de expresión que denotaban experiencias, pero la esencia de ese joven apasionado que una vez conoció permanecía, como una melodía familiar pero lejana.

La mirada de él, intensa y cargada de emociones, se encontró con la suya. En esos ojos, Sandra vio no solo la sorpresa del reencuentro, sino también el eco del dolor que ambos habían compartido, y quizás, el dolor que aún persistía. Era una conexión instantánea, innegable, que desafiaba el tiempo y la distancia.

"Sandra..." Su voz, ligeramente más profunda de lo que recordaba, llegó hasta ella, casi como un eco. Un torbellino de emociones la asaltó: ira, tristeza, anhelo y una peligrosa chispa de esperanza.

Los demás asistentes de la galería seguían su ritmo, ajenos al drama silencioso que se desplegaba entre ellos. Para Sandra y Guillermo, sin embargo, el mundo entero se había reducido a esos pocos metros que los separaban, y a la promesa tácita de una conversación largamente pospuesta. La herida que su abrupta separación había dejado no había cicatrizado; solo había estado latente, esperando este momento para abrirse de nuevo.

El silencio entre ellos se hizo denso, casi palpable, a pesar del bullicio de la galería. La gente pasaba a su alrededor, sonreía, brindaba, pero para Sandra y Guillermo, el tiempo se había encapsulado en ese preciso instante. Los ojos de él, de un color avellana que ella recordaba a la perfección, escudriñaban los suyos con una intensidad que la hacía sentir vulnerable, expuesta. Buscaba algo, alguna respuesta, alguna señal.

Sandra sintió un nudo en el estómago. La ira que había sepultado durante años, la frustración por la falta de un cierre, el dolor de la ausencia, todo bullía de nuevo a la superficie. Pero a la vez, una extraña calidez se extendía por su pecho, una familiaridad que se negaba a desaparecer. Era él, el hombre que había marcado su juventud, que había sido su primer gran amor, el arquitecto de sus sueños rotos.

Él dio un paso más. "No... no esperaba verte aquí", dijo Guillermo, su voz baja, casi inaudible entre el murmullo general, pero para ella sonó con la fuerza de un trueno.

"Ni yo a ti", replicó Sandra, su propia voz temblaba ligeramente a pesar de su intento por sonar indiferente. Cruzó los brazos, una barrera inconsciente entre ellos, aunque su cuerpo anhelaba reducir la distancia. "Me contrataron para los arreglos florales." Hizo un vago gesto hacia el jarrón que acababa de terminar, como si eso pudiera explicar su presencia.

Guillermo asintió lentamente, sus ojos aún fijos en ella. Había una urgencia en su mirada que la inquietaba. "Te ves... bien", añadió, y la forma en que lo dijo, con una pausa, sugería que 'bien' era una palabra insuficiente para describir lo que realmente pensaba. Había un brillo de admiración, un atisbo de algo que ella no se atrevía a nombrar.

"Tú también", respondió ella, casi a regañadientes. No era una mentira. Llevaba un traje oscuro de corte impecable que acentuaba su figura atlética, y el tiempo le había dado un aire de autoridad y sofisticación que antes no poseía. Era una versión más poderosa, y de alguna manera, más enigmática del Guillermo que ella había amado.

Un hombre de unos cincuenta años, con gafas y una copa de vino en la mano, se acercó a Guillermo, interrumpiendo el tenso momento. "Guillermo, ¿todo en orden? La gerente de la galería quiere tu opinión sobre la iluminación en la sala de las esculturas."

Guillermo parpadeó, como si regresara de un trance. Apartó la mirada de Sandra con un esfuerzo visible. "Sí, claro, Marco. Enseguida voy", respondió, su voz ahora más firme, volviendo a su rol de anfitrión o invitado importante.

Antes de seguir a Marco, Guillermo volvió a mirar a Sandra. Esta vez, en sus ojos no solo había sorpresa y dolor, sino también una profunda pregunta sin palabras. "Necesitamos hablar, Sandra", murmuró, tan bajo que ella apenas lo escuchó, pero la intensidad de su mirada no dejaba lugar a dudas. "Por favor."

Sandra no respondió. Solo lo vio alejarse, su figura perdiéndose entre la multitud, llevándose consigo esa promesa de una conversación pendiente y el eco de un pasado que se negaba a quedarse enterrado. Se quedó allí, en medio de las flores, sintiendo el vacío que dejaba su partida y el torbellino de emociones que él había desatado con su sola presencia. El arreglo floral que antes era su refugio, ahora parecía un monumento a lo que alguna vez fue.

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