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ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

Status: En proceso
Genre:Demonios / Aventura / Amor-odio
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Jasali

Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.

NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“La Noche Que Nunca Terminó”

📖 TÍTULO

Antes Del Último Trago

🎬 SINOPSIS

Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.

Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.

Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.

Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.

Su tiempo se está acabando.

Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.

Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.

Pero mientras más disfruta…

más lo alcanza el pasado.

Un hermano que perdió.

Una madre que nunca dejó de esperar.

Un amor que no supo cuidar.

Y un enemigo que no ha olvidado.

Porque al final…

no todos llegan en paz al último trago

🔥 CAPÍTULO 1

“La Noche Que Nunca Terminó”

La música retumbaba en las paredes como si quisiera tumbar la casa.

Bajo las luces amarillas y el humo espeso, Nicolás Rivas levantó su vaso y sonrió como si el mundo no tuviera deudas con él.

—¡Otra ronda, hp! —gritó uno de los parceros desde la mesa.

La botella ya iba por la mitad… o tal vez por la tercera, nadie llevaba la cuenta.

Afuera, la ciudad seguía su ritmo: motos pasando, sirenas lejanas, perros ladrando… pero ahí adentro todo era distinto.

Ahí adentro, el tiempo no importaba.

—¿Usted sí cree que algún día nos calmemos? —preguntó Julián, apoyado contra la pared, con una cerveza en la mano.

Nicolás soltó una risa corta, de esas que no piden permiso.

—¿Calmarnos? —repitió—. ¿Pa’ qué? ¿Pa’ morirnos aburridos?

Los demás se rieron.

Esa era la filosofía.

No pensar mucho.

No sentir demasiado.

No quedarse quieto.

Una mujer se acercó y le rodeó el cuello con los brazos.

—¿Bailamos o qué? —le susurró al oído.

Nicolás la miró apenas, con esa confianza de quien sabe que todo le llega fácil.

—Después… primero hay que vivir —dijo, levantando el vaso otra vez.

Brindaron.

El licor bajó quemando, como siempre… pero esa noche tenía un sabor distinto.

Como si algo estuviera por cambiar.

Como si el cuerpo lo supiera antes que la cabeza.

—Oiga, Nico… —dijo otro de los parceros, más serio esta vez—. ¿Usted no siente como raro hoy?

Nicolás lo miró.

—¿Raro cómo?

—No sé… como si algo fuera a pasar.

Silencio.

Solo por un segundo.

Luego Nicolás sonrió, levantó el vaso otra vez y respondió:

—Siempre pasa algo… la cosa es no dejar que lo coja a uno sobrio.

Las risas volvieron.

La música subió.

La fiesta siguió.

Pero el aire… ya no era el mismo.

Horas después…

La casa estaba más vacía.

Los que quedaban ya no hablaban tan duro.

El alcohol empezaba a cobrar factura.

Nicolás salió al balcón con un cigarrillo en la mano.

La noche estaba fría.

Encendió el cigarro y dio una calada profunda.

Exhaló lento.

Miró la ciudad desde arriba.

Luces encendidas.

Vidas pasando.

Historias que no conocía.

—¿Usted nunca se cansa? —dijo una voz detrás de él.

Era ella.

La misma de hace rato.

—¿De qué? —preguntó sin voltear.

—De vivir así…

Nicolás se quedó en silencio un momento.

No porque no tuviera respuesta…

sino porque no le gustaba pensar en eso.

—Uno no se cansa de vivir —respondió al final—. Se cansa de no hacerlo.

Ella no dijo nada.

Se acercó un poco más.

—¿Y si un día se le acaba el tiempo?

Nicolás soltó una risa suave.

—Ese día… que me agarre haciendo algo que valga la pena.

Apagó el cigarro contra la baranda.

Y en ese momento…

El celular vibró.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Insistente.

Nicolás frunció el ceño.

No era normal.

Sacó el teléfono.

Número desconocido.

Dudó.

Por alguna razón… dudó.

Algo en el pecho se le apretó, leve… casi imperceptible.

Contestó.

—¿Aló?

Silencio al otro lado.

Luego una voz.

Fría.

Directa.

Sin emoción.

—¿Nicolás Rivas?

—Sí… ¿quién habla?

Pausa.

Corta.

Pesada.

—Tiene que venir mañana.

—¿Pa’ qué o qué?

—Es importante.

—¿Quién es usted?

Otra pausa.

Y entonces…

La frase que cambió todo:

—Porque si no viene… igual lo vamos a encontrar.

Click.

La llamada se cortó.

El ruido de la fiesta seguía adentro.

La ciudad seguía viva.

Pero Nicolás…

ya no estaba en la misma noche.

Miró el teléfono.

Luego el horizonte.

Y por primera vez en mucho tiempo…

no sonrió.

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