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Dos Lobos, Una Luna

Dos Lobos, Una Luna

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Mujer poderosa / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: clau21

Elena una chica humana, se ve atrapada entre dos alfas: Kael, Príncipe de los lobos de Luna Plateada, y Roran, Alfa Supremo de la manada de Ceniza que todos daban por muerta/extinta. Ambos la reclaman, se enfrentan por ella, pero Elena se niega a elegir.

NovelToon tiene autorización de clau21 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 17

Tres Niños y Dos Padres que No Duermen

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Kael Roran tenía 2 semanas y ya mandaba en la casa.

No lloraba mucho. Pero cuando lloraba, nadie dormía.

Lira se despertaba corriendo.

Kael Jr. se tapaba la cabeza con la manta.

Kael y Roran se peleaban en susurros por quién se levantaba.

Elena ganaba siempre. “Yo le doy de comer. Ustedes duerman”.

Mentira. Nadie dormía.

 

Mes 1: Caos organizado

La casa se volvió un campo de batalla con pañales.

Había ropa de bebé en todas partes.

Biberones en la cocina.

Juguetes de los gemelos en el suelo.

Y en el medio, Kael Roran durmiendo como si nada pasara.

Los gemelos asumieron el rol de hermanos mayores con demasiado entusiasmo.

Lira le cantaba a Kael Roran canciones que se inventaba.

“Duérmete, bebé chiquito, que tu papá está muy flaquito”.

Kael se ofendía. Roran se reía.

Kael Jr. quería ayudar a cambiar pañales.

Una vez casi le pone el pañal al revés.

Elena lo detuvo a tiempo.

“Cuando tengas 10 años practicamos otra vez”, dijo.

Kael y Roran se turnaban para cargar a Kael Roran mientras hacían cosas.

Kael lo cargaba cuando leía informes del norte.

Roran lo cargaba cuando revisaba la ruta del este.

El bebé se dormía con el ruido de sus voces.

Elena volvió a trabajar 2 horas al día, desde casa.

No aguantaba estar fuera más tiempo.

El consejo entendió.

Mireya le llevaba los papeles importantes a la casa.

Una tarde, mientras Elena amamantaba, Kael Jr. se sentó a su lado.

“Mamá, ¿cuándo va a hablar Kael Roran?”

Elena le acarició el pelo.

“Cuando tenga algo importante que decir”.

Kael Jr. asintió serio.

“Entonces va a tardar”.

 

Mes 2: La rutina se rompe

Kael Roran empezó a tener cólicos.

Lloraba 3 horas seguidas cada noche.

Nada lo calmaba.

Ni teta. Ni paseo. Ni canción.

Elena no durmió en 5 días.

Kael tenía ojeras hasta el suelo.

Roran se quedó callado, que era peor señal.

Una noche, a las 3 a.m., los tres estaban en la sala.

Kael Roran en brazos de Roran, gritando.

Lira y Kael Jr. dormidos en la alfombra, porque se negaron a irse a su cuarto.

Elena se sentó en el suelo y se tapó la cara.

“No puedo”, dijo.

Kael se arrodilló a su lado.

“Sí puedes. Y nosotros contigo”.

Roran se acercó y puso una mano en su hombro.

“Descansa 10 minutos. Yo lo tengo”.

Elena durmió 20 minutos en el suelo.

Cuando se despertó, Kael Roran estaba dormido.

Roran también.

Kael le había puesto una manta encima a los dos.

Esa noche entendieron algo: no podían hacerlo solos.

Al día siguiente, Mireya empezó a venir 2 horas al día a ayudar.

No para cargar al bebé. Para cocinar, lavar, dejar que ellos respiraran.

 

Mes 3: Los gemelos toman el mando

Lira y Kael Jr. decidieron que Kael Roran era su proyecto.

Lira le hacía caras para que se riera.

Funcionaba. Kael Roran se reía con 8 semanas.

Kael Jr. le llevaba sus juguetes viejos.

“Para que juegue cuando crezca”, decía.

El problema fue cuando intentaron darle de comer pan.

Kael Roran tenía 3 meses. No podía comer pan.

Elena los encontró con una miga en la boca del bebé.

No pasó nada. Pero casi le da un infarto.

“Ustedes no le dan nada sin preguntar”, dijo.

Los gemelos asintieron.

Al día siguiente le dieron agua.

Elena se rindió.

Kael y Roran empezaron a llevar a los gemelos al norte y al este otra vez.

Esta vez con Kael Roran en un portabebés.

Era más trabajo. Pero también era más familia.

En el norte, Lira ayudaba a repartir pan.

Kael Jr. se sentaba con los niños grandes a tallar madera.

Kael Roran dormía en la espalda de Roran.

En el este, Kael Roran conoció el mar por primera vez.

Lloró 10 minutos. Luego se quedó mirando las olas.

Roran dijo que era buena señal.

 

Mes 4: La primera sonrisa real

Kael Roran sonrió a los 4 meses.

No gases. Sonrisa real.

Miró a Elena y le sonrió.

Elena lloró.

Se lo mostró a Kael y Roran en la noche.

Los dos se quedaron callados mirándolo.

Luego Kael hizo una mueca tonta.

Kael Roran se rió.

Roran intentó lo mismo.

Kael Roran lo miró serio y se volteó.

Los tres se rieron.

Esa noche durmieron 5 horas seguidas.

El bebé. No ellos.

Ellos durmieron 3.

 

Mes 5: Los celos llegan

Los gemelos empezaron a notar que Kael Roran ocupaba tiempo.

Y atención.

Y brazos.

Lira empezó a decir “yo también quiero teta”.

Kael Jr. empezó a tirar los juguetes de Kael Roran.

Elena se dio cuenta rápido.

Habló con ellos.

“Ustedes son mis primeros bebés. Nadie los va a reemplazar”.

Kael y Roran hicieron lo mismo.

Funcionó un poco.

Pero los celos no se van con una charla.

Una tarde, Kael Jr. empujó a Kael Roran cuando estaba en la manta.

No fuerte. Pero suficiente para que llorara.

Elena se enojó.

No con Kael Jr. Con ella misma por no verlo venir.

Se sentó con él en el patio.

“Estás enojado porque él tiene ahora lo que tú tenías antes”, dijo.

Kael Jr. asintió.

“Yo también me sentí así cuando nació Lira”, dijo Elena.

Kael Jr. la miró sorprendido.

“¿En serio?”

“En serio. Y pasó. Y ahora la quieres más que a nada”.

Kael Jr. asintió.

Al día siguiente le dio su juguete favorito a Kael Roran.

Kael Roran se lo metió a la boca y lo baboseó todo.

Kael Jr. se rió.

 

Mes 6: Medio año

Kael Roran cumplió 6 meses.

Se sentaba solo.

Empezaba a balbucear.

“Ma”, “pa”, “da”.

Elena, Kael y Roran grababan todo en la memoria.

No había teléfono. No hacía falta.

Hicieron una comida pequeña.

Solo la familia y Mireya.

Pastel de manzana.

Kael Roran se manchó toda la cara.

Lira le quitó la mancha con su manga.

Kael Jr. le dio su cuchara.

Kael y Roran se miraron.

Elena sonrió.

Esa noche, cuando los cuatro niños dormían, los tres se sentaron en la cocina.

Cansados.

Felices.

Agotados.

“¿Recuerdas cuando pensábamos que con dos era suficiente?”, preguntó Elena.

Kael se rió.

“Yo pensaba que con cero era suficiente”.

Roran asintió.

“Yo también. Qué equivocados estábamos”.

No hablaron más.

No hacía falta.

 

Cambios en los tres

Ser padres de tres cambió cosas.

Kael dejó de ir al norte cada semana.

Iba cada dos semanas.

Delegó más.

Confiaba más en el consejo local.

Roran dejó de ir al este cada mes.

Iba cada dos meses.

La ruta comercial funcionaba sola.

Elena dejó de presidir reuniones largas.

Iba 2 horas, daba instrucciones, se iba.

El consejo no se cayó.

Al contrario, funcionaba mejor.

Una tarde, Mireya se lo dijo.

“Lo hiciste bien, Elena. Criaste a la gente, no solo a tus hijos”.

Elena no supo qué decir.

Solo asintió.

 

El miedo sigue ahí

No todo era paz.

Llegaban cartas.

Sin firma.

“Los matamos a todos”.

“Abominación”.

“Los Hijos de la Purga vuelven”.

Nunca llegaron.

Pero la guardia no bajó.

Kael dormía con una daga bajo la almohada.

Roran revisaba el perímetro dos veces por noche.

Elena no dormía profundo.

Una noche, mientras amamantaba a Kael Roran, sintió el vínculo de Kael.

Miedo.

Salió al patio.

Kael estaba mirando al bosque.

“¿Qué pasa?”, preguntó.

“Nada”, dijo Kael. “Solo que no quiero que les pase nada”.

Elena se acercó y lo abrazó.

“No les va a pasar nada”.

Kael asintió.

Pero no se soltó.

 

Los gemelos crecen

A los 4 años y medio, Lira y Kael Jr. empezaron a ayudar de verdad.

Lira cuidaba a Kael Roran 10 minutos mientras Elena iba al baño.

Kael Jr. le enseñaba a caminar, agarrándolo de las manos.

Elena los miraba y pensaba: lo logramos.

No solos. Pero lo logramos.

Una noche, mientras acostaba a los tres, Lira le preguntó:

“Mamá, ¿cuándo vamos a tener otro hermano?”

Elena se quedó callada.

Kael Roran tenía 6 meses.

“No pronto”, dijo.

Lira asintió.

“Bueno. Este está bien por ahora”.

Elena se rió.

Los niños tienen prioridades claras.

 

Noche de 6 meses

Esa noche, después de acostar a los tres, los tres adultos se sentaron en la cocina.

Silencio.

Cansancio.

Pero un cansancio bueno.

Roran puso una mano en la de Elena.

Kael puso la otra.

“No cambiamos esto por nada”, dijo Roran.

Kael asintió.

Elena sonrió.

“No. Por nada”.

Afueran, el refugio dormía.

Adentro, tres niños dormían.

Y tres adultos sabían que valía la pena.

1
Rosa Pandui
Que suerte tiene
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