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Reencarnada Para Limpiar Mi Nombre

Reencarnada Para Limpiar Mi Nombre

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Venganza
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Fui obligada a casarme con un Duque y después de ello me inculparon de haberlo asesinado!!

- ¡Pero si yo no fui!

Gracias al cielo por darme una segunda oportunidad.
¡Esta vez no seré la dulce Viollet, me vengaré y limpiaré mi nombre!

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: La muerte que me hizo nacer de nuevo

El frío de la piedra calaba mis rodillas desnudas. Oía el murmullo de la multitud como el zumbido de un enjambre ansioso de sangre. El cadalso olía a madera vieja y a hierro recién afilado. Levanté la vista hacia la guillotina, su cuchilla brillaba bajo el sol pálido de la mañana, y supe que mi tiempo se había acabado.

No fui yo.

Quise gritarlo una vez más, pero mis labios estaban secos, agrietados, y la soga que me sujetaba las muñecas me había robado hasta la fuerza para pronunciar palabra. A mi lado, el verdugo ajustaba el mecanismo con parsimonia, como si aquello fuera un quehacer más de su rutina.

—Viollet Ritman, condesa de Dubrey —la voz del heraldo atravesó el aire con pompa judicial—, has sido hallada culpable del asesinato de su excelencia, el duque Ruben Dubrey. Serás decapitada en nombre del rey Emilio Rosen.

En nombre del rey. Cerré los ojos un instante y en la oscuridad de mis párpados vi su rostro: el rey, sentado en su trono de oro, observando mi juicio con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Y junto a él, Grecia, mi hermana, apoyando una mano en el hombro del hermano del duque, Emill Dubrey. Los dos con sus vestiduras impecables, fingiendo congoja mientras sus miradas brillaban con el gozo del que ha conseguido lo que quería.

La humillación más grande no era la muerte. Era saber que nadie creería jamás mi inocencia.

—¿Tiene algo que decir su señoría antes de recibir el castigo?

Abrí los ojos. La multitud enmudeció, expectante. Allí estaban los nobles que alguna vez me sonrieron en los salones, los criados que me vieron manchar mis manos con la sangre de mi esposo cuando entré a auxiliarlo, los mismos que juraron que yo blandía el cuchillo con odio porque él nunca me había dado un hijo.

Me puse de pie con esfuerzo. Mis piernas temblaban, pero mi voz, cuando por fin salió, no flaqueó.

—Juro ante los dioses que soy inocente. Juro que amaba a mi esposo en silencio, aunque él nunca lo supo. Y juro —mi garganta se incendió, pero seguí— que si la muerte me da una segunda oportunidad, volveré para limpiar mi nombre y para que cada uno de los que urdieron este crimen pague con su propia sangre.

Un murmullo recorrió la plaza. Desde algún lugar, oí una risa ahogada. Reconocí esa risa: era Grecia, escondida entre la multitud, saboreando mi condena.

El verdugo me tomó del brazo. Me obligó a arrodillarme de nuevo, a inclinar la cabeza sobre el cepo. La madera olía a sudor y a miedo ajeno. El frío del hierro me mordió la nuca cuando ajustaron el collarín.

—Que los dioses tengan piedad de tu alma —susurró el sacerdote a mi espalda.

No quiero piedad. Quiero justicia.

Cerré los ojos.

Oí el silbido de la cuchilla al descender.

Y entonces todo se hizo luz.

 

El dolor no llegó. En lugar de la nada eterna, un vértigo me arrancó de las sombras y me lanzó hacia arriba, hacia una claridad dorada que me envolvió como un útero cálido. Oí voces, pero no eran las de la multitud; eran antiguas, profundas, como el rumor del mar dentro de una caracola.

Volverás, Viollet. Mas no serás la misma.

Intenté preguntar quién hablaba, pero mi boca no obedecía. Una fuerza suave pero inexorable me empujó hacia adelante, y de pronto sentí un colchón bajo mi espalda, sábanas de lino que olían a lavanda, y la luz se transformó en la penumbra dorada que filtraba un cortinaje mal cerrado.

Abrí los ojos con un sobresalto.

Estaba en mi habitación. No la del palacio del duque, sino la que había ocupado en la casa de mi padre, el conde Sergio Ritman. La cómoda de roble, el espejo empañado por los años, el pequeño crucifijo de plata que mi hermano Darell me había regalado cuando cumplí quince años.

Mi hermano. Darell. Muerto hacía dos años en una misión del rey. Pero allí estaba el crucifijo, nuevo, reluciente, y en la mesita de noche un jarrón con lirios frescos que Grecia nunca me habría permitido tener.

Mi corazón se aceleró. Me incorporé de golpe, y el vértigo regresó, pero lo ignoré. Mis manos… las miré: suaves, sin las ampollas que me dejaron las cuerdas de la prisión. Mi cabello blanco caía sobre mis hombros limpio, sedoso. Alcé la mirada hacia el espejo y vi mi rostro de veinte años, sin las ojeras profundas, sin la magra palidez de los días sin comer.

—¿Qué…?

Un golpe en la puerta me sobresaltó. Antes de que pudiera responder, la madera se abrió de par en par y apareció él: mi padre, el conde Sergio, con su aire arrogante y sus dedos llenos de anillos que no pagaba.

—Ya estás despierta. Bien —dijo sin preámbulo, apoyándose en el marco con una sonrisa que me heló la sangre. La misma sonrisa que había tenido el día que me vendió al duque. La misma que había lucido cuando recibió la dote y me despidió con un beso fingido en la mejilla—. Tengo noticias que te alegrarán.

Me alegrarán. Mi mente iba más rápido que mis emociones. Esto no podía ser. Había muerto. Sentí el viento de la cuchilla, el tirón de la cuerda… y sin embargo, allí estaba, viva, en mi antigua habitación, con mi padre vivo y mi hermano Darell muerto pero su regalo aún brillando sobre la cómoda.

El conde no esperó mi reacción. Entró con paso firme, se dejó caer en la silla junto a la ventana y estiró las piernas con la satisfacción de quien trae una buena nueva.

—El duque Ruben Dubrey ha aceptado mi propuesta. Te casarás con él dentro de un mes.

El mundo se detuvo.

No fue sorpresa. Fue reconocimiento. Aquel día, aquella frase, la había escuchado antes, hacía ya una vida que no había sido. La primera vez, mi corazón se había encogido de miedo y de resignación. Esta vez, sentí cómo la sangre se me helaba y luego ardía en un solo latido.

Volví. Volví a este día.

Mi padre me miraba con una ceja alzada, esperando acaso una muestra de gratitud o de terror. Le devolví la mirada con mis ojos violetas, y por un instante vi cómo su gesto se endurecía ante mi silencio. En su mente, yo era la hija sumisa, la que agachaba la cabeza y aceptaba. La que había sido fácil de vender, fácil de culpar, fácil de matar.

Ya no.

Pero debía ser cuidadosa. Si cambiaba demasiado pronto, desconfiarían. Y yo necesitaba tiempo, necesitaba mover mis piezas en silencio, tal como ellos lo habían hecho la primera vez.

Bajé la vista con la lentitud de quien acepta su destino. Mi voz, cuando hablé, sonó dulce, apenas un susurro.

—¿El duque Dubrey? He oído que es un hombre… severo.

Mi padre soltó una risa breve, satisfecho.

—Severo, rico y con una flota de guerra que ni el rey puede igualar. Es un buen partido, Viollet. Mejor de lo que mereces.

Lo sé. Por eso no me lo das a mí, sino a tus deudas de juego.

Pero no dije eso. En lugar de ello, elevé la mirada poco a poco, dejando que en mis ojos brillara una luz de inocencia que ya no poseía.

—¿Y él… ha pedido conocerme antes de la boda?

—No hace falta. El trato está cerrado. Darell le hizo un gran favor antes de morir, y el duque paga las deudas de honor a su manera. Tú eres el precio.

Darell. Mi hermano, el único que me había querido. Murió en una misión que el rey le encargó al duque, y el duque, por lealtad, aceptó cuidar de su hermana menor a cambio de… ¿qué? Nunca lo supe. La primera vez, ni siquiera me había atrevido a preguntar.

Esta vez sí lo haría. Pero no ahora, no con mi padre.

Incliné la cabeza en un gesto que él interpretó como sumisión.

—Como mi padre disponga.

Él se puso de pie, satisfecho, y se ajustó el puño de la camisa.

—Procura no avergonzarme en la corte. El duque es un hombre de pocas palabras, pero sus ojos ven todo. No quiero que se arrepienta antes de la noche de bodas.

Si supieras que nunca llegó a tocarme, que pasé meses en su palacio como un fantasma invisible hasta que su hermano lo apuñaló por la espalda y me tendieron a mí la trampa…

—Así lo haré —respondí con la misma voz mansa.

Mi padre me lanzó una última mirada de inspección y salió sin cerrar la puerta. Desde el pasillo llegó su voz llamando a un criado para que le preparara el carruaje.

Esperé a que sus pasos se perdieran en la escalera. Luego, muy despacio, me levanté de la cama y caminé hasta el espejo.

Mi reflejo me devolvió la imagen de una joven de cabello blanco como la leche, ojos violetas que la mayoría encontraba demasiado extraños, labios entreabiertos por una respiración que aún temblaba. Pero en el fondo de esas pupilas había algo que no estaba allí la primera vez: un filo. Una memoria de sangre y guillotina.

—No seré tu víctima otra vez —susurré a mi propia imagen—. Ni la de Grecia, ni la del rey, ni la de ese maldito Emilio Dubrey. Esta vez, yo cortaré las cabezas.

Mis dedos rozaron el crucifijo de mi hermano. Darell. Si él viviera, nada de esto estaría pasando. Pero Darell había muerto, y el duque había aceptado casarse conmigo por lealtad hacia un amigo muerto. Era un hombre honorable, aunque frío. Un hombre que no merecía morir con un puñal en el costado mientras yo quedaba manchada con su sangre.

Voy a salvarlo. Y voy a salvarme.

Tomé aire. El plan aún era un esbozo, un bosquejo borroso en mi mente, pero la certeza me quemaba el pecho: tenía un mes antes de la boda. Un mes para recordar cada detalle de lo que había sucedido, para identificar a los traidores, para encontrar aliados. Un mes para dejar de ser la Viollet que fue al matadero con un vestido de novia y convertirse en la Viollet que devolvía el golpe antes de que lo dieran.

Un golpe suave en la puerta me arrancó de mis pensamientos.

—¿Viollet?

La voz era dulce, melosa, cargada de una falsa preocupación que conocía demasiado bien.

Grecia.

Me volví hacia la puerta con lentitud, y cuando nuestros ojos se encontraron, mi hermana sonrió con esa ternura impostada que usaba para desarmarme. Era más joven que yo, dieciocho años, pero ya dominaba el arte de la crueldad con una elegancia que su madre Luisa le había enseñado.

—Me enteré de la noticia —dijo, entrando sin permiso—. El duque Dubrey. Es un partido impresionante. Deberías estar radiante.

Y tú deberías estar preocupada, porque la última vez usaste a ese “partido impresionante” para convertirme en asesina.

Pero me limité a sonreír con la misma dulzura que ella me ofrecía. Una sonrisa que no llegaba a mis ojos, pero que ella, confiada, no supo leer.

—Lo estoy, hermana. Es una oportunidad única.

Grecia inclinó la cabeza, curiosa. En su mano derecha llevaba un abanico de nácar que abanicaba con coquetería, y en sus ojos grises, tan parecidos a los de mi padre, había un destello de algo que la primera vez no supe identificar. Ahora sí.

Ya está tramando algo.

—Me alegra que lo veas así —dijo, acercándose para darme un beso en la mejilla que yo soporté con la piel erizada—. Dicen que el duque es muy… protector. No permitirá que nadie te haga daño.

Excepto él mismo, claro, si le das la oportunidad de apuñalarlo y culparme.

—Eso espero —respondí, apartándome con naturalidad para recoger un chal de mi armario—. Pero siempre es bueno contar con la familia, ¿no crees? Por si acaso.

Grecia parpadeó. No esperaba esa respuesta; la primera vez me había visto temblar, había disfrutado de mi miedo. Ahora, en cambio, me encontraba serena, casi distante. Su instinto de serpiente se puso en alerta.

—Claro —dijo despacio, guardándose el abanico en la manga—. Para eso estamos las hermanas.

Para matar a mi esposo y ver morir a la otra en la guillotina.

La acompañé hasta la puerta con una reverencia, y cuando sus pasos se alejaron por el pasillo, cerré con cuidado la madera y dejé escapar el aliento que había estado conteniendo.

El juego había comenzado. Ellos no lo sabían, pero yo llevaba ventaja: había vivido esta historia una vez, la había perdido, y ahora volvía con las reglas rotas en mis manos.

Me senté en el borde de la cama, tomé el crucifijo de Darell y lo apreté contra mi pecho.

—Voy a limpiar mi nombre —dije en voz baja, dirigiéndome a él, dondequiera que estuviera—. Y también voy a salvar al hombre que murió por tu lealtad. No dejaré que la traición vuelva a ganar.

Fuera, el sol de la mañana comenzaba a dorar los tejados de la capital. Dentro de un mes, el duque Ruben Dubrey vendría a buscarme para llevarme a su palacio, y esta vez yo estaría lista.

Esta vez, la que iba a caer no sería yo.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

...Personajes:...

Viollet Ritman

Ruben Dubrey

Grecia y Emill

______________________________

Gracias por leer 😊 ❤️

1
DAISY VARGAS
el reencarno también 🤔
Iliana Curiel
Vaya autora me encantó este capítulo, me enamoré y me encanta que haces que vea cada lugar y sentimientos de los protas, que bonito gracias 🥰🥰🥰
inuyasha/ Tomoe🦊
estoy pérdida el rey que sería? es Emiliano?
inuyasha/ Tomoe🦊
quiero ver la caída del Rey, esperen Emilio que es el hermano de la madre de ella. el sería el rey?
🦋Akiro🦋
👏
noem
este capítulo no debería ir antes 👀👀
osea si está bien publicado o se publicó primero uno y después el otro
por qué a como medio entendí se supone este iba antes (osea este vendría siendo el caso 9 ) o da igual ?
Jisieli: tengo q revisar
total 1 replies
noem
gracias por publicar
Alberto Ayala
interesante 🥰se va poniendo muy interesante 🤭
(˃̣̣̣̣̣̣︿˂̣̣̣̣̣̣ )SOMEBODY
Me E N C A N T A 😌💅 DIVA EMPODERARA💅😌💅💅
Beatriz Diaz
👏muy bien gracias buenas imágenes
inuyasha/ Tomoe🦊
ya necesito la declaración de que ella renació y el de una cierta manera también pero sin recuerdos
inuyasha/ Tomoe🦊
AHHH necesito más capítulos o me va agarrar algo lo jurooooo
autora un maratón está joya se merece un maratón 🔥🔥🔥
Iliana Curiel
ahhhhh dios mío está ansiedad por leer más jajajaja ya me quedé sin uñas autora,
gracias mil gracias me encanta tu novela eres una escritora maravillosa ❤️❤️🥰🥰
Iliana Curiel
dios mío autora me mori, me regresé y me derretir por ese beso ansiado. ❤️❤️❤️❤️
Iliana Curiel
Esa hermana espero y sufra por lo que hizo
Iliana Curiel
me encanta tu historia autora 🥰🥰🥰🥰
Jisieli: Muchas gracias ❤️✨
total 1 replies
inuyasha/ Tomoe🦊
AHHH me tiene tan Atrapada necesito más capítulos plisss
Jisieli: Ya van en Camino 🤭
total 2 replies
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