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Solo Es Mi Guarura

Solo Es Mi Guarura

Status: En proceso
Genre:CEO / Cambio de Imagen
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yurle

Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.

NovelToon tiene autorización de Yurle para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1 - Acabo de conocer a tu futura esposa

Nicolás

—¿Cómo está la madre más hermosa? —dice Nicolás apenas cruza la puerta.

—Ay, Nico… tú siempre con esa efusividad —responde Nora, abrazándolo con fuerza.

—Por favor, mamá —interviene Jay desde la sala—. Ese lado solo lo vemos cuando entra a esta casa, porque afuera reina la seriedad.

—Cállate, enano. Nadie pidió tu opinión —responde Nicolás, alzando una ceja—. Mamá, ¿por qué está tan normalizado que Jay hable?

—Nico, por favor —dice Nora, riendo—. Chicos, no empiecen. Llevo toda la vida separando peleas.

—Jajaja, madre, créeme que es un halago… y él ni lo agradece —Jay se encoge de hombros.

—Ok, ok —Nora lo mira con ternura—. ¿Cómo estás, hijo?

—Muy bien, mamá. Contento. La academia va creciendo, cada día nuestros hombres se destacan más. Ya somos de los más seguros del país.

—Eso me alegra tanto… y yo feliz de tener al hijo más teso —dice ella con orgullo—. Y viviendo a minutos de mi casa.

—Eso sí te lo doy, grandulón —agrega Jay—. Eres el mejor y me consta.

—¿Y tú qué? ¿Cómo va la U? ¿Ya casi terminas o sigues siendo el eterno estudiante? —pregunta Nicolás.

—Oye, soy el mejor, ¿sí? Pregúntale a mi mamá —dice Jay—. Por algo soy su hijo favorito.

—Sí, claro —Nicolás mira a su madre y ambos se ríen.

—¿Y el esposo de la señora Miller dónde anda? —pregunta Nicolás en tono burlón, sabiendo que a su madre le encanta que la llame así.

—Tu padre no tarda. Viene de la empresa para almorzar —responde Nora.

En ese momento, la puerta se abre.

—Llegué justo para la reunión familiar —dice Alejandro entrando, seguido de Manuela.

—¡Nico! —grita Manuela y sale corriendo a abrazarlo, luego hace lo mismo con Jay.

—Chamaca, cada día estás más grande —dice Nicolás—. Definitivamente me voy a dedicar a cuidarte.

—Ni se te ocurra —responde ella—. Quiero mi libertad, no un guarura detrás todo el tiempo.

—Mmm… si supieras —murmura Nicolás.

—¿¡QUÉ!? —grita Manuela—. ¡Papá, escucha a Nico!

—Princesa, no le hagas caso —dice Alejandro—. Solo está molestando.

—Nico, ¿sabes algo? —dice Manuela, con cara de misterio—. Acabo de conocer a tu futura esposa.

Jay y Nicolás se miran… y estallan en risa.

—¡Enana! —dice Jay—. Se te rayó el coco, déjame decirte. ¡Y no llegas ni a los quince todavía! ¡MADRE! ¡Ven a escuchar esto!

—Jay, deja de gritar, pareces un niño —responde Nora—. Manuela, ve a cambiarte para comer.

Nicolás solo observa la escena, divertido.

—Mamá, no voy a ensuciar el uniforme. Ya estoy grande —dice Manuela mientras se sienta en uno de los muebles, cruzando las piernas como reina en su trono—. Además, soy la dueña de la conversación.

Nora la mira como pensando ¿en qué momento pasé de mandar a obedecer?

Los hermanos se ríen.

—Pues sí, mamá —continúa Manuela—. Conocí a la futura esposa de Nicolás.

Nora se queda quieta. Mira a Nicolás. Luego a Manuela. Y finalmente a Jay, que ya no aguanta más y se dobla de la risa.

—A ver… explícame —dice Nora—. ¿Será que Nico se casó a escondidas y tú lo descubriste?

Nicolás, en cambio, se pone serio. En sus planes nunca ha estado casarse. Para él, las mujeres son solo para pasar el rato… malas y mentirosas, según su diccionario.

—No, no —dice Manuela—. Lo digo por Isabella, la hija del socio de papá. ¿Te acuerdas de Tomás?

Ay, ya me siento grande hablando de gente grande —ríe.

—El caso es que hoy salí temprano y le pedí a Richard que me llevara a la oficina de papá para venirnos juntos.

—Yo estaba ahí cuando entraron hablando… o discutiendo, no sé. La chica tiene carácter, eso sí. Y discutía con su papá.

Manuela sonríe maliciosa.

—Es bellísima, y perfecta para ti, Nico. Así que la bauticé como tu futura esposa. Y se los dije a ellos también, frente a nuestros papás.

—Enana… definitivamente se te rayó el coco —dice Jay—. Te volviste cupido ahora.

Nora y Jay siguen riéndose. En cambio Nicolás, no.

—Manu, anda a cambiarte, por favor —dice Nora—. Y ojalá seas así de aplicada con las tareas.

—Ay, mamá… —responde ella subiendo las escaleras.

En ese momento aparece Alejandro.

—Pequeña, apúrate. Creí que ya te habías cambiado. Tengo hambre.

—¡Voooy! —grita desde arriba.

—Se demoró porque estaba contando como hacía de cupido con Nicolás —dice Jay.

—Ah, sí! Alejandro sonríe—. Te bautizó como el esposo de Isabella, la hija de Tomás. ¿Se acuerdan de los Anderson?

—Claro que sí, amor —responde Nora.

—Bueno, ya sabes —ríe Alejandro—. Esa chiquilla me sorprende cada día más. Es la más atrevida de los tres.

—Por cierto —dice Alejandro sentándose a la mesa—, mi madre nos invitó a cenar mañana.

—Qué bueno —responde Nora—. Siempre es un placer verla.

—Créeme que sí, los disfrutas como nunca —bromea él.

—No exageres —ríe ella—. De ti hablo maravillas.

Nora mira a Nicolás.

—Por cierto, Nico… ¿no vas a decir nada?

—Madre, créeme que no tengo nada que decir.

Manuela baja corriendo y todos se sientan a comer.

Al día siguiente…

Es viernes y están cenando en casa de Angela, la madre de Alejandro. Esa mujer es un amor.

—¡Qué nietos tan guapos tengo! —dice Angela —. Ustedes sí valen la pena reproducirse —mira a Alejandro y a Nora.

Ambos ríen.

—¡Nico, Nico! Mi escolta favorito —dice Julia abrazándolo.

—Ay, abuela, te extrañé. Sabes que te quiero —responde él—. Pero no me digas así.

—Está bien, está bien —ríe ella—. Y ustedes dos, los más tremendos… ¿cómo van esos estudios? —pregunta mirando a Manuela y a Jay.

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