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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:44k
Nilai: 5
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: Donde termina tu lugar

La tomé del cabello, sin espacio para que reaccionara con esa compostura que tanto cuidaba frente a los demás; sus manos subieron de inmediato a mi muñeca, intentando soltarse, pero yo no pensé detenerme.

—Suéltame —dijo entre dientes, intentando no alzar la voz—, estás cruzando un límite.

—El límite lo cruzaste tú hace tiempo —respondí, tirando de ella hacia el pasillo—, ahora te estoy enseñando dónde termina.

Algunos sirvientes se quedaron congelados, otros dieron un paso atrás, nadie intervino; eso fue lo que más habló por todos.

—Rosaline —insistió, esta vez más alto—, esto no te conviene.

—Lo que no me convenía era dejarte seguir aquí. Y soy la señora para tí.

No la solté hasta cruzar la entrada principal, sus pasos se descompuso por la fuerza con la que la llevaba, intentó girarse, resistirse, pero no tenía el control de la situación y lo sabía.

Abrí la puerta principal con brusquedad.

—Fuera.

La empujé lo suficiente para que perdiera el equilibrio y terminara del otro lado del umbral, no cayó, pero estuvo cerca, y cuando se giró hacia mí, ya no había disimulo en su expresión.

—No puedes hacer esto —dijo, respirando agitado—, no tienes derecho.

La miré sin moverme.

—Soy la duquesa. Y tú ya no trabajas aquí.

Cerré la puerta frente a ella sin esperar respuesta.

El golpe resonó más de lo necesario.

Me quedé ahí un segundo, con la mano aún sobre la madera, sintiendo cómo el pulso me bajaba poco a poco, no era culpa, tampoco duda, era el peso de haber terminado algo que llevaba demasiado tiempo acumulándose.

—Duquesa… —murmuró alguien detrás de mí.

No giré.

—Que nadie le abra —ordené—, ni por la puerta principal ni por la trasera.

—Sí, Su Gracia.

Caminé de vuelta al interior como si nada hubiera pasado.

Al rato después. Una doncella llegó con el mismo apuro contenido de antes.

—Su Gracia…

—Dígame.

—Gabriela… entró por el sótano.

Me detuve. Una parte de mí casi sonrió.

—¿Dónde está?

—En el despacho del duque.

Asentí.

—Sigan trabajando.

No corrí. No tenía que hacerlo.

La puerta estaba entreabierta.

Escuché.

—¿Qué haces aquí? —la voz de Erick era baja, pero no suave.

—Necesitaba hablar contigo —respondió ella, más tensa, menos controlada—, no puedes permitir que me trate así.

—¿Porqué no? Es mi esposa y tiene derecho.

—No es justo.

—No es tu decisión.

—He estado aquí toda mi vida —insistió—, no puedes dejar que me saque de esa forma.

—No fui yo. Debiste mantenerte al margen como siempre.

—Pero puedes cambiarlo.

Hubo un silencio breve.

—No.

—Ella no entiende esta casa —continuó Gabriela—, no sabe lo que implica mantenerla.

—No la subestimes.

El aire se tensó.

—¿Vas a dejar que me quite todo?

—Gabriela —dijo él, y esta vez no hubo suavidad—, la duquesa dio una orden. Y se acata.

Esa frase cayó como un golpe seco.

—Entonces dime qué hago —exigió ella, ya sin esconder nada—, ¿simplemente me voy?

—Sí.

—¿Después de todo?

—Después de todo.

El silencio se hizo pesado.

—Puedes irte —continuó él—, te daré un lugar en otra propiedad, trabajo no te faltará, pero aquí ya no.

No hubo agradecimiento.

—¿Y ella? —preguntó Gabriela, con rabia contenida—, ¿qué gana con esto?

—A mí.

No esperé más. Abrí la puerta y entré.

Ambos se giraron hacia mí. No dije nada al principio.

Me limité a mirarla.

A sostenerle la mirada hasta que entendiera que no había cambiado nada desde la entrada principal.

—Continúa —dije con calma—, quiero escuchar cómo termina esto.

Gabriela no apartó los ojos.

Había odio. Pero también había derrota.

—Dice que puedo irme —dijo, mirándome—, que me dará trabajo en otro lugar.

—Es una opción que no tendrías si no fuera por el duque. Entonces acéptala.

—¿Qué quieres?

—Lo que corresponde. Las disculpas que merezco.

No le gustó. Se notó.

—No te debo eso.

—Sí me lo debes.

—No.

—Entonces no hay nada más que hablar. Y me aseguraré de que lo que te prometió el duque no se cumpla.

Me giré apenas, como si ya hubiera terminado.

—Espera.

Su voz salió más rápido de lo que esperaba. La miré otra vez.

—Hazlo.

Apretó los labios.

—Lo siento.

No me moví.

—Más alto.

Sus manos se tensaron.

—Lo siento.

—No —dije—, eso no es suficiente.

La miré fijo.

—Dilo bien.

El silencio se alargó.

—Pide disculpas por lo que hiciste —continué—, por cuestionar mi lugar, por interferir en decisiones que no te corresponden, por faltarme el respeto delante del personal.

Cada palabra cayó con peso. Gabriela respiró hondo.

—Lo siento —dijo, esta vez más firme, pero cargado de rabia—, por haber cuestionado tu lugar, por interferir donde no debía, por faltarte el respeto.

La observé un segundo más. No sonreí. Solo la miré.

—Puedes irte.

El silencio final fue distinto.

Ella no se movió de inmediato, miró a Erick, esperando algo más, una señal, un cambio, no lo hubo.

—Vete —dijo él, sin suavizar el tono.

Gabriela sostuvo la mirada un segundo más.

Luego giró.

Y salió.

Sin despedirse. Sin mirar atrás.

La puerta se cerró detrás de ella con un sonido seco.

El despacho quedó en silencio. No me moví.

—¿Eso era lo que querías? —preguntó él.

—Era lo que debía pasar desde un principio.

Se acercó un paso.

—Bien. Mi duquesa. Yo también pido disculpas.

—¿Por qué?

Él sonrió.

—Por no haberte dado tu lugar en la casa antes. Por no valorar tu fuerza tanto emocional...— Tomó de mi cintura y me acercó a él—. Cómo física para resistirme.

Intentó besarme. Yo me aparté.

—No es suficiente. No acepto tus disculpas.

Erick no mostró molestia. Al contrario, se puso curioso.

—Dime tu incomodidad.

—¿Me quieres?

Hubo un silencio corto. Cómo si estuviera pensando sus palabras.

—Mas de lo que creí.

Lo miré directo.

—Entonces demuestralo. No solo cuando hacemos el amor.

No respondió de inmediato. Pero no apartó la mirada. Luego sonrió.

—Ya veo. Si así lo quieres—me besó y susurró en mis labios—. No te quejes después en público.

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Iliana Curiel
wuauuu autora esta prota es mi heroína, me sorprendiste y me encantó, gracias ❤️❤️❤️
Miriam Piedrabuena
Excelente!!!
✨️✨️🌹ERENCY✨️✨️
me ubieras espantado sí se estuviera haciendo paja,con el nombre de la Perra/Gabriela
Liliana Rivero
excelente historia hermosa gracias por compartirla con nosotras felicitaciones escritora sigue así exitos y muchas bendiciones 🥰🥰🥰🥰👏👏👏/Rose//Rose//Rose/
Paola Gonzalez
EXECELENTE!!💙
Aura Prieto MPH
😈
Tizarie
bueno,el dice que 'o hay ni hubo nada,pero porq actua asi la tal gabriela
Tizarie
😂😂😂😂🤭🤭🤭uuy papito ya pronto te dejara seco😂😂😂
Vianey Hernandez Ortiz
Súper hermosa Novela!!, sin relleno, con acción y romance❤️❤️❤️💯💯💯🎉🎉🎉
Ivis Medina
por eso siempre hay que trabajar bien..✨✨✨
Ivis Medina
y ella que va a saber??.. eso es probando.../Angry/
Vanessa Ibáñez Fernández
maravillosa historia, corta y sin relleno innecesario... felicidades autora otra linda novela
Paola Martiz
excelente historia me enacnto 👌👌🤗🤗
Paola Martiz
me gusta que ella no es ninguna tonta 👏👏👏🔥
Paola Martiz
y la cara y la manga olorosa 😁🤣🤣
Estrella Guadalupe Martinez Vera
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼me super encantó nuevamente tus historias son geniales muchas felicidades ❤️❤️❤️❤️❤️
Yoba OG
una historia genial!!! muchas gracias autora
Estrella Guadalupe Martinez Vera
bello capitulo ❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Estrella Guadalupe Martinez Vera
tuvo miedo de perderla ❤️
Estrella Guadalupe Martinez Vera
la subestimaron por lo que entiendo si padre la educó bien la hizo fuerte pero con su madre
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