Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.
En silencio sin que nadie lo supiera.
El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.
Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.
Hasta que apareció Sofía Ferrer.
Hermosa y perfecta, su novia.
y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.
Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?
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Lo que Alexander nunca dijo
Capítulo 10
Lo que Alexander nunca dijo
Chicago estaba cubierta de nieve cuando el avión privado aterrizó.
Desde la ventanilla, Valentina Rossi observó las luces de la ciudad intentando ignorar el caos absoluto que tenía dentro de la cabeza.
Porque la conversación en el avión había cambiado algo.
Y ella lo sabía.
La pregunta de Alexander Beaumont seguía repitiéndose dentro de ella una y otra vez.
"¿Estás alejándote de mí porque estás enamorada de alguien?"
Había estado demasiado cerca de descubrirlo.
Demasiado.
—Llegamos.
La voz de Alexander la sacó de sus pensamientos.
Valentina tomó rápidamente su bolso intentando recuperar algo de normalidad.
Pero apenas bajaron del avión, el frío golpeó su piel con fuerza.
Chicago brillaba bajo la nieve y el viento helado recorría las calles alrededor del aeropuerto privado.
Alexander se quitó el abrigo oscuro inmediatamente y se lo colocó sobre los hombros antes de que ella pudiera protestar.
—Alex, no hace falta—
—Vas a congelarte.
La cercanía de su voz hizo que el corazón le doliera un poco.
Porque Alexander siempre había sido atento con ella.
El problema era que ahora cada pequeño gesto empezaba a significar demasiado.
El hotel donde se hospedaban ocupaba uno de los edificios más lujosos de la ciudad.
Todo era elegante. Silencioso. Perfecto.
Exactamente el tipo de lugar donde la gente poderosa cerraba acuerdos millonarios.
—Las reuniones empiezan mañana temprano —comentó Alexander mientras caminaban hacia el ascensor privado.
Valentina asintió apenas.
El silencio entre ambos ya no se sentía normal.
Ahora parecía cargado de algo que ninguno sabía cómo manejar.
Cuando las puertas del ascensor se cerraron, el aire volvió a sentirse peligrosamente pequeño.
Alexander permanecía a su lado con las manos dentro de los bolsillos del abrigo negro mientras la observaba de reojo.
Y Valentina podía sentirlo.
Demasiado.
—¿Vas a seguir evitándome todo el viaje?
La pregunta hizo que levantara la vista inmediatamente.
—No te estoy evitando.
Alexander soltó una pequeña risa irónica.
—Claro.
Valentina apoyó la espalda contra la pared del ascensor intentando mantener la calma.
—Alex…
—No entiendo qué cambió.
Su voz sonó más cansada que molesta.
Y eso dolió peor.
Porque ella tampoco quería alejarse de él.
Solo estaba intentando sobrevivir.
—Nada cambió.
Alexander giró lentamente hacia ella.
—Entonces explícame por qué siento que cada vez que me acerco quieres salir corriendo.
El corazón comenzó a latirle demasiado rápido.
Porque la respuesta era simple.
Porque estaba enamorada de él.
Porque él tenía novia.
Porque ya no sabía cómo seguir fingiendo normalidad.
Pero no podía decir nada de eso.
El ascensor finalmente se detuvo antes de que tuviera que responder.
Y quizás eso fue lo único que la salvó.
Esa noche, después de una cena interminable con empresarios e inversionistas, Valentina salió hacia una de las terrazas del hotel buscando aire.
La nieve caía lentamente sobre Chicago mientras las luces de la ciudad iluminaban la oscuridad.
Era hermoso.
Y doloroso al mismo tiempo.
Porque por más que intentara convencerse de que debía alejarse… cada minuto cerca de Alexander conseguía exactamente lo contrario.
—Sabía que ibas a estar aquí.
Valentina cerró los ojos apenas al escuchar su voz detrás de ella.
Alexander salió hacia la terraza con un vaso de whisky en la mano y el cabello ligeramente despeinado por el viento.
Y Dios… se veía demasiado bien.
—¿También vas a perseguirme en otra ciudad? —preguntó ella intentando sonar tranquila.
Alexander sonrió apenas mientras se acercaba.
—Probablemente.
Otra vez esa tensión.
Ese silencio extraño que parecía crecer más cada día.
Valentina apoyó las manos sobre la baranda intentando mantener cierta distancia emocional.
Claramente estaba fallando.
—¿Puedo preguntarte algo? —murmuró Alexander.
Ella tragó saliva lentamente.
—Depende.
Él la observó algunos segundos antes de hablar.
—¿Por qué siento que últimamente todo entre nosotros cambió?
El corazón se le apretó inmediatamente.
Porque él también lo sentía.
Y eso lo hacía todavía más peligroso.
Valentina bajó la mirada hacia la nieve cayendo frente a ellos.
—Quizás estamos creciendo.
Alexander soltó una pequeña risa suave.
—No. Esto es otra cosa.
El silencio volvió a instalarse.
Y entonces él dijo algo que terminó de romper toda la estabilidad que le quedaba.
—Cuando estoy contigo… últimamente me cuesta pensar con claridad.
Valentina dejó de respirar por un segundo.
Alexander pasó una mano por su cabello frustrado.
—Y odio no entender por qué.
Porque estaba empezando a enamorarse de ella.
La verdad apareció dentro de su cabeza tan fuerte que casi dolió.
Pero él todavía no lo sabía.
Todavía estaba intentando luchar contra eso.
—Alex…
—No quiero lastimarte.
La frase la confundió completamente.
Ella levantó la vista inmediatamente.
—¿Lastimarme?
Alexander la observó fijamente.
Y por primera vez desde que lo conocía… parecía perdido.
Realmente perdido.
—No sé qué me está pasando, Valentina.
La vulnerabilidad en su voz le rompió el corazón.
Porque Alexander Beaumont jamás mostraba debilidad frente a nadie.
Jamás.
Y aun así ahí estaba.
Mirándola como si ella tuviera respuestas que él no lograba encontrar.
—Tienes a Sofía —murmuró ella suavemente.
El gesto de Alexander cambió apenas.
Como si escuchar el nombre de su novia en ese momento complicara todavía más todo dentro suyo.
—Sí.
Pero aquella respuesta no sonó segura.
Y ambos lo notaron.
El viento frío recorrió la terraza mientras la nieve seguía cayendo lentamente alrededor de ellos.
Alexander dio un paso más cerca.
Demasiado cerca.
Valentina sintió cómo el corazón comenzaba a golpearle el pecho con fuerza.
—Esto está mal —susurró ella.
Alexander sostuvo su mirada sin apartarse.
—Lo sé.
Pero ninguno de los dos se movió.
Porque el verdadero problema ya no era la distancia entre ellos.
Era que ambos empezaban a querer desaparecerla por completo.