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QUIERO VOLVER A VERTE

QUIERO VOLVER A VERTE

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Garizao

Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.

NovelToon tiene autorización de Lina Garizao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 23

A pesar de la creciente tensión y las intrigas de Zaira, el proyecto de los Montenegro avanzaba y se acercaba a una etapa crucial. Como era costumbre, la familia Montenegro organizaba una cena formal para todos los socios clave y colaboradores importantes del proyecto. Para sorpresa de Sandra, Guillermo la invitó personalmente.

—Es una cena de negocios, Sandra —le explicó él, intentando sonar lo más profesional posible, aunque sus ojos decían otra cosa—. Los Montenegro quieren conocer a todo el equipo. Eres fundamental para el éxito de esto.

Sandra dudó. Sabía que sería un campo minado, especialmente con Zaira presente. Pero Leondra, al enterarse, la convenció.

—Tienes que ir. Es tu momento para brillar, para que vean la profesional que eres. Y si Zaira hace de las suyas, que lo haga en público.

Así que, esa noche, Sandra se presentó en la elegante recepción. Se había esmerado en su elección: un vestido sencillo pero sofisticado, con el cabello recogido y un maquillaje discreto. Quería proyectar profesionalismo y elegancia, no ser un centro de atención equivocado.

Guillermo la recibió en la entrada, y sus ojos se encendieron al verla.

—Estás preciosa, Sandra —susurró él, ofreciéndole su brazo—. Te presentaré a algunos de los socios.

La cena comenzó con normalidad, Guillermo la presentó a varias personas importantes, destacando su talento y su visión para el proyecto. Sandra, con la cabeza alta, respondía con confianza y profesionalismo, ignorando las miradas furtivas de algunos invitados.

La tensión se hizo palpable cuando Zaira hizo su entrada. Vestida de forma espectacular, con un vestido rojo deslumbrante, captó la atención de todos. Su sonrisa era gélida, pero su mirada se clavó directamente en Sandra.

Se acercó a Guillermo, lo saludó con un beso en la mejilla y luego se dirigió a Sandra con una amabilidad forzada.

—Pero mira qué sorpresa, Sandra —dijo Zaira, con una voz que era puro hielo envuelto en seda—. No sabía que también eras parte de las cenas de socios. Espero que no te estés aburriendo con tanta charla de negocios.

—Al contrario, Zaira —respondió Sandra con una calma sorprendente, recordando los consejos de Leondra—. Estoy aprendiendo mucho. Y es un honor para mí colaborar en un proyecto tan importante.

La cena transcurrió entre conversaciones superficiales y la constante presión de Zaira, que no dejaba de lanzar pullas y comentarios velados sobre la inexperiencia de Sandra o sobre los rumores que había hecho circular. En un momento dado, Zaira se acercó a un grupo donde Guillermo estaba presentando un avance del diseño.

—Espero que Sandra esté a la altura —dijo Zaira en voz alta, dirigiéndose a los Montenegro—. Es una chica con talento, pero el diseño paisajístico de esta escala es muy complejo. No quisiéramos sorpresas de última hora, ¿verdad?

Guillermo la miró con reproche, pero Zaira fingió inocencia.

—Solo me preocupo por la reputación de la empresa, mi amor. Y por el éxito del proyecto.

Los Montenegro, aunque educados, intercambiaron miradas. La semilla de la duda estaba sembrada. Sandra sintió cómo la ira le subía por la garganta, pero se contuvo. Sabía que un arrebato sería exactamente lo que Zaira quería.

Más tarde, mientras el postre era servido, Zaira se acercó a Sandra con una copa de vino en la mano.

—Solo un consejo, querida —dijo Zaira, sonriendo con malicia—. En este tipo de eventos, es mejor no destacar demasiado. Sobre todo cuando una no está acostumbrada a moverse en estos círculos. Uno nunca sabe quién puede estar observando.

Sandra la miró fijamente.

—No te preocupes por mí, Zaira —respondió Sandra con una voz apenas audible, pero cargada de advertencia—. Sé muy bien dónde estoy y con quién estoy. Y no voy a permitir que nadie me subestime, ni a mí ni a mi trabajo.

La tensión entre ellas era casi tangible, pero Guillermo, que había estado observando desde la distancia, decidió intervenir antes de que la situación escalara. Se acercó a ellas con una sonrisa forzada.

—Zaira, los señores Montenegro quieren que les cuentes sobre tu nuevo proyecto de la fundación. Les interesa mucho.

Zaira se alejó con una última mirada de advertencia a Sandra, dejando la mesa. La noche había sido agotadora, pero Sandra sentía que había aguantado el tipo. El problema era que el desgaste era constante, y la guerra de Zaira estaba lejos de terminar.

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