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No Me Rendiré.

No Me Rendiré.

Status: Terminada
Genre:Romance / Madre soltera / Completas
Popularitas:93.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosa Verbel

La vida nunca fue fácil para Verónica Castillo. Desde niña aprendió a crecer entre ausencias y silencios, creyendo que algún día el amor le daría el hogar que siempre soñó. Por eso, cuando decidió formar una familia con Héctor, pensó que por fin había encontrado su lugar en el mundo.

Pero los sueños también pueden romperse.

Entre infidelidades, desprecios y promesas vacías, Verónica terminó atrapada en una vida donde el amor dejó de existir. Hasta que una noche, cansada de las heridas y pensando en el futuro de sus dos hijos, tomó la decisión más difícil de todas: marcharse y empezar de nuevo.

Con Samuel y Rodrigo como su única fuerza, Verónica deberá reconstruir su vida desde cero, enfrentándose a sus miedos, a un pasado que insiste en perseguirla y a un hombre que solo entenderá lo que perdió cuando ya sea demasiado tarde.

Porque a veces la vida primero te rompe… para después enseñarte a renacer.

NovelToon tiene autorización de Rosa Verbel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Determinación.

El dinero aún estaba tibio en sus manos cuando Verónica cerró la puerta detrás de las mujeres.

Doscientos mil pesos. Los contó una vez, dos y tres veces. Como si en algún momento fueran a desaparecer. Respiró profundo, apretando los cuatro billetes de cincuenta mil pesos contra su pecho. No era mucho… pero en ese instante significaba todo.

Miró hacia la habitación donde sus hijos dormían agotados, vulnerables, y eso le dio fuerzas.

No perdió tiempo, se amarró lo poco que quedaba de su cabello en una coleta pequeña, le dijo a su madre que por favor se quedarán con los niños, tomó su bolso y salió nuevamente a la calle, con el corazón apretado pero los pasos firmes.

El sol de la tarde caía pesado sobre el asfalto, el aire caliente pegándose a la piel, pero ella apenas lo sentía.

Su mente solo repetía una cosa: “Las medicinas… primero las medicinas.”

Entró a la farmacia más cercana.

—Buenas… —dijo, acercándose al mostrador—. Necesito esto… y también un suero oral y algo para la diarrea.

Sacó la fórmula arrugada que le habían dado en el centro de salud.

El hombre la revisó con rapidez.

—Son cuarenta y cinco mil.

Verónica asintió de inmediato, sacando el primer billete.

—Démelas, por favor.

Observó cada caja como si fueran un tesoro. Porque lo eran, pagó sin dudar. Ese era el alivio que sus hijo necesitaban.

Luego caminó hasta una pequeña tienda. Compró dos libras de arroz. Un poco de pollo, verduras, dos libras papa y pan. Lo básico. Nada de lujos, porque cada moneda contaba y cada decisión pesaba.

Cuando el tendero le dio el cambio, ella lo guardó cuidadosamente en un bolsillo aparte.

Tenía que rendir. Tenía que durar.

Pero justo cuando iba a salir… sus ojos se detuvieron en el congelador.

Helados.

Cerró los ojos un segundo, pensó en las caritas largas del fin de semana, en la decepción y la tristeza que intentaban esconder.

—Deme dos… de los pequeños —dijo finalmente.

Caminó de regreso a casa con ambas bolsas en la mano y cuando llegó, sus hijos seguían acostados, Pero ya despiertos.

—Mami… —murmuró Rodrigo, abriendo apenas los ojos.

Verónica sonrió, acercándose.

—Mira lo que les traje…

Sacó uno de los helados.

Los ojos del niño se iluminaron al instante.

—¿Para mí?

—Para los dos —respondió ella con suavidad.

Samuel también se incorporó un poco, aún débil, pero con una pequeña sonrisa.

Ese momento…

Valía todo.

—Gracias, mami… —susurraron.

—Es con mucho gusto mis amores. Pero primero les voy a hacer una sopita de pollo con papas y luego se podrán comer los helados. ¿Ok?

—¡Sí mamita!—respondieron al unisono.

Samuel se acercó despacio, pero esta vez no fue el helado lo que llamó su atención.

Se quedó mirando fijamente a su madre y su expresión cambió a confusión.

—Mami…

Verónica sintió ese instante. Ese pequeño segundo donde todo se detiene.

—¿Qué pasó? —preguntó Samuel, inclinando un poco la cabeza—. ¿Tu cabello?

Rodrigo también la miró entonces. Sus ojitos recorrieron su rostro… hasta detenerse en lo evidente.

—Está cortico… —murmuró.

Verónica llevó una mano a su cabello, ahora más liviano… más ajeno.

Sonrió con dulzura, aunque por dentro algo le dolía.

—Sí, mi amor… me lo corté.

—¿Por qué? —preguntó Rodrigo, frunciendo el ceño—. A mí me gustaba largo…

Ese comentario le apretó el pecho, pero no podía dejar que ese momento se llenara de tristeza.

Se inclinó hacia ellos, acariciando sus mejillas.

—A mí también me gustaba… —dijo suavemente—, pero a veces hacemos cambios… y está bien.

Samuel no parecía convencido.

—Pero… te ves diferente…

Verónica sonrió un poco más, acercándose para besar su frente.

—Sigo siendo la misma mamá, ¿cierto?—los niños asintieron lentamente—. Además —añadió con ternura—, el cabello crece… poquito a poquito.

Rodrigo la miró con seriedad, como si estuviera pensando algo muy importante.

—Entonces… vamos a pedirle a Papito Dios…

Verónica parpadeó, sorprendida.

—¿Sí?

—Sí —dijo él con firmeza—. Para que te vuelva a crecer rápido… bien bonito… como antes.

Samuel asintió de inmediato.

—Sí… yo también.

El corazón de Verónica se encogió. No pudo evitarlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas… pero esta vez no las ocultó del todo.

—Ay, mis amores… —susurró, abrazándolos con cuidado—. Gracias…

Rodrigo cerró los ojos, juntando sus manitos pequeñas.

—Papito Dios… —empezó con inocencia—, haz que a mi mamá le crezca su cabello… porque es muy bonito… y porque la queremos mucho.

Samuel repitió en voz bajita:

—Amén…

Verónica los abrazó más fuerte.

Sintiendo cómo algo dentro de ella se rompía… y se reconstruía al mismo tiempo.

—Ahora mamá va cocinar para sus príncipes.

Los niños sonrieron.

Verónica se puso manos a la obra y en la olla a presión puso a hacer la sopa para que anduviera más rápido. Minutos después los observó comer despacio, con cuidado, como si ese pequeño gesto fuera lo mejor del mundo, y para ellos lo era.

Esa noche, después de darles sus medicamentos, después de asegurarse de que ya no había fiebre y el malestar cediera un poco… Verónica se sentó en la orilla del colchón.

Los miró dormir tranquilos por fin. Abrió su bolso, sacó el dinero restante, lo contó con calma, separó una parte.

La guardó en un sobre viejo dentro de la caja de su ropa.

“Por si acaso…”

Porque ya había aprendido. Cuando no hay nada cualquier cosa puede pasar.

El teléfono vibró sobre la mesa Verónica lo miró, el nombre apareció otra vez.

Héctor.

Su expresión cambió, respiró profundo… y respondió en voz baja.

—¿Qué quieres?

—¿Ya pensaste lo que te dije? —preguntó él sin rodeos.

Verónica apretó la mandíbula.

—Sí.

—¿Y?

—No voy a volver contigo ni amarrada con cabulla.

Silencio y luego, una risa seca.

—Entonces no esperes que vaya a ver a los niños ni mucho menos que les envié dinero.

Verónica cerró los ojos un segundo, sintiendo la rabia subir como fuego.

—Eres increíble…

—No, soy claro —respondió él—. Tú decides.

—No —replicó ella con firmeza—. El que está decidiendo qué tipo de padre ser… eres tú. Tú verás si no valoras la gran bendición que Dios te dió.

—No empieces con tus discursos…

—¿Discursos? —su voz tembló, pero no de miedo—. Tus hijos te esperaron todo el fin de semana. No comieron bien, no durmieron bien… preguntando por ti.

Héctor guardó silencio pero no por culpa.

—Eso se arregla fácil —dijo—. Vuelves… y todo vuelve a ser como antes.

Verónica dejó escapar una risa amarga.

—Exacto… como antes.

Golpes invisibles.

Humillaciones.

Engaños.

—No voy a permitir eso otra vez —añadió—. Ni para mí… ni para ellos.

—Entonces atente a las consecuencias.

—¿Sabes qué? —dijo ella, ahora completamente firme—. No necesitas castigarme a mí… te estás castigando tú solo.

—No te hagas la víctima.

—No lo soy —respondió—. Soy la madre que se queda cuando tú decides irte.

El silencio se volvió pesado.

—Te vas a arrepentir —advirtió él.

Verónica miró hacia el colchón, donde sus hijos dormían.

—No —susurró—. De lo único que me arrepiento… es de haber aguantado tanto y colgó.

El silencio volvió a la casa, pero esta vez… era distinto. No era vacío. Era resistencia.

Verónica se levantó, apagó la luz y se acostó junto a sus hijos, abrazándolos con cuidado.

Ya no tenía miedo.

Tenía cansancio.

Tenía dolor.

Pero también tenía algo más fuerte.

Determinación.

Porque aunque el mundo siguiera cayéndose a pedazos… Aunque Héctor siguiera siendo el mismo hombre egoísta y cruel. Ella tomano se iba a rendir.

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Wil Gil
excelente novela
Saysa
Maravillosa, una historia de la vida real, profunda, bonota y con enseñanza; me encantó. !!!Felicidades!!!
Rositha🌹📝📚: Muchísimas gracias por tu apoyo y puntuación 🙏🌹☺️
total 1 replies
Yoline Briceño perez
Estoy encantada, que bella historia felicitaciones
Rositha🌹📝📚: Muchas gracias por tu apoyo y puntuación 🙏🌹☺️
total 1 replies
ʘ⁠‿⁠ʘ
mejor nada que esa porquería
Dency Perez Estevez
súper!!!!!! es un mensaje claro de que no debemos rendirnos recordarnos qué somos mas y si seguimos adelante aunque duela ganaremos, felicidades a la autora tienes una manera estupenda de expresar tus ideas 💡 eres buena @rosa
Rositha🌹📝📚: jajaja 😂🤭
total 7 replies
Dency Perez Estevez
Dios mio que finalllllllllllll tremendo mensaje 💕 para todos los que necesitan un empuje pues tambien hay hombres que pasan por esto, rendirse no es una opción 💚💕
Dency Perez Estevez
y soy testigo de ello 🍷💕
Rositha🌹📝📚: 🫶♥️🌹🫂
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Dency Perez Estevez
se parece a mi familia solo que hay menos niños 🤣🤣🤣🤣🤣 es 💚 hermoso 💚
Dency Perez Estevez
Dios mio cuando creció? 💕 samuelito ya es samuel un hombre responsable y de respeto
Rafaela Fernandez
Emocionantes y muy real.
Gracias Rositha!
Vamos por más 💪!!!
Rafaela Fernandez: Felicidades 👏 por este don que comparti con nosotros.
Cada historia es distinto y tan real.
total 2 replies
Rafaela Fernandez
Gracias 🌹 Rositha!
Rafaela Fernandez
Gracias mi querida Rositha!
Hermosa historia tan real que muchas veces pasa.
Gracias 🌹!
Bendiciones 😘!
Rafaela Fernandez
Verónica ejemplo para muchas que le cuesta salir de yugo de maltrato.
Ella creció como mujer que puede salir sola con sus hijos.
Gracias 🌹 Rositha!
Rafaela Fernandez
Hermoso capítulo y emocionante.
Ya forma una hermosa familia!
Así es Verónica ya no luchará sola.
Gracias 🌹Rositha!
Cliente anónimo
Felicidades autora muy bonita novela yo que vivo en Monteria , Córdoba me pegó mucho así se vive acá en esta zona con esfuerzo y mucho trabajo
Cliente anónimo: si he leído varias de tus obras pero está me encantó aunque me hubiera gustado que el estúpido de Héctor sufriera más.
total 2 replies
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
excelente y maravillosa historia rosita 🙏🏻🙏🏻🙏🏻 te luciste me encantó de principio a fin... bendiciones para ti 🙏🏻🙏🏻
Rositha🌹📝📚: /Kiss//Rose/
total 1 replies
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
excelente maravillosa historia 🙏🏻😍❤️
Rositha🌹📝📚: Muchas gracias por tu apoyo y puntuación d🙏🌹☺️
total 1 replies
mariela
Una historia de resiliencia donde una mujer Verónica decide abandonar a su pareja después de tantas infidelidades, humillaciones y carencias con sus dos hijos fue una guerrera lucho hasta el cansancio pero logro ser una mujer que supero muchas adversidades y se dio una segunda oportunidad de amar con Adrian y lograron ser un matrimonio feliz logrando una familia negocio estable.
Rosa esta novela con esta trama de superación me fascinó te felicito gracias por compartir tu talento con todas las lectoras que Dios te bendiga siempre saludos desde 🇻🇪🤗😘🙏🏻🌷
Rositha🌹📝📚: Muchas gracias por tu apoyo y puntuación 🙏🌹☺️
total 1 replies
Cliente anónimo
ese galán está súper wow que lindo caramelo se va a comer Vero
Melany Taberas
Excelente!! Felicidades autora describiste todo tal cual lo vivimos las mujeres que un día dijimos basta de malos tratos y humillaciones.
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