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Rojo Destino: El Último Nudo De Estefi Sterling

Rojo Destino: El Último Nudo De Estefi Sterling

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Autosuperación / Romance
Popularitas:471
Nilai: 5
nombre de autor: Estefi Sterling

¿Qué harías si la única persona que puede salvarte es un "fantasma" que solo tú puedes ver?
Hades está en coma, pero su espíritu está atrapado en el mundo de los vivos, atado a Ela por un hilo rojo incandescente. Él busca una salida; ella busca una razón para seguir adelante. Están anclados el uno al otro en una lucha desesperada contra el destino. Juntos deberán enfrentar los nudos de dolor que los unen antes de que sea demasiado tarde. Una historia sobre la vida, la muerte y el poder de una conexión que no se puede romper.
Descubre "Rojo destino: El último nudo", una novela donde el amor es la única luz en la oscuridad del vacío.

NovelToon tiene autorización de Estefi Sterling para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sincronía eléctrica

El lunes por la mañana llegó con un frío cortante que parecía querer congelar los pensamientos de Isela antes de que pudiera procesarlos. Mientras caminaba hacia el instituto, sentía un cosquilleo persistente en la palma de la mano derecha, justo donde la noche anterior había rozado la "piel" de Hades. No era un dolor, sino una vibración sutil, como si sus terminaciones nerviosas hubieran quedado magnetizadas tras el contacto. Era el rastro de la estática, la prueba física de que lo que vivía en su habitación no era un sueño.

Hades caminaba a su lado, pero hoy se veía diferente. A plena luz del día, su figura solía ser una mancha traslúcida difícil de seguir, pero esta mañana, bajo el cielo gris de la ciudad, su silueta era más nítida. Vestía su chaqueta oscura habitual, pero Isela podía distinguir ahora las texturas de la tela y el brillo profundo de sus ojos, que parecían estar analizando cada rincón de la calle como si estuviera leyendo líneas de datos invisibles.

—Todavía puedo sentirlo —susurró Isela, ajustándose la mochila mientras cruzaba la puerta principal del instituto—. El lugar donde te toqué. Me arde un poco, pero de una forma extraña.

Hades la miró y, por un segundo, Isela sintió que su mirada tenía un peso real.

—Yo también, Ela. Es como si el sistema hubiera reconocido una nueva interfaz. Mi memoria sigue fragmentada, pero la sensación de tu mano... eso se guardó en un sector que no puedo borrar. Es como si me estuvieras anclando a la realidad bit a bit.

Al entrar en el pasillo principal, el bullicio habitual de los estudiantes la golpeó como una pared de ruido. Isela bajó la cabeza, buscando su máscara de invisibilidad, pero hoy era más difícil mantenerla. El contacto con Hades le había dado una seguridad nueva, una especie de escudo eléctrico que la hacía caminar con la espalda más recta.

—Cuidado —advirtió Hades al oído de ella. Su voz sonó tan cerca que Isela sintió un escalofrío real en la nuca—. Tu frecuencia se está alterando, puedo sentir tu pulso acelerado desde aquí.

Isela levantó la vista y vio a Mía. Estaba rodeada de su grupo habitual justo frente a la oficina de su padre, el Director del instituto. Al ver a Isela, Mía se separó del grupo con esa suficiencia que le daba saber que su apellido figuraba en la placa de la oficina principal.

—Vaya, miren quién decidió volver —dijo Mía, bloqueándole el paso—. Mi padre me contó que Miller estuvo en tu casa ayer. Dice que tu madre está "preocupada" por tus ataques de pánico y tus dibujos raros. Mi viejo y el inspector estuvieron charlando un largo rato sobre qué hacer contigo, Novak.

Isela sintió que la rabia le quemaba el pecho, pero antes de que pudiera responder, sintió que el hilo rojo vibraba con fuerza. Hades se colocó justo detrás de Mía. Su imagen parpadeó con violencia, y por un instante, Isela vio cómo el aire alrededor de la chica se llenaba de esos "glitches" que Hades mencionaba. La figura del chico se volvió tan sólida por un segundo que Isela temió que alguien más pudiera verlo.

—Está asustada, Ela —dijo Hades, su voz resonando con una distorsión metálica que solo ella oía—. Su imagen está llena de ruido blanco. Lo de ayer en el vestuario le dolió más de lo que admite. Está usando la autoridad de su padre porque no tiene nada más. Escanea su mirada: busca aprobación, no conflicto.

Isela respiró hondo. Miró a Mía directamente a los ojos, ignorando el nudo en su garganta.

—Dile a tu padre que deje de preocuparse por mi familia y que empiece a preocuparse por lo que guardas en tu mochila, Mía. O quizás por las reuniones que tiene con Miller a puertas cerradas.

Mía retrocedió un paso, sorprendida por la frialdad de Isela. La mención de las reuniones de su padre con el inspector la descolocó por completo.

—¿De qué hablas? Estás loca, Novak. Definitivamente el encierro te vendría bien, y mi padre tiene el poder para hacerlo realidad.

Isela no respondió. Simplemente la esquivó y siguió caminando. Al pasar al lado de Mía, su mano derecha rozó accidentalmente el hombro de la otra chica. Fue como una descarga. Mía soltó un pequeño grito y se frotó el brazo con una expresión de desconcierto absoluto, como si hubiera tocado un cable pelado.

—¡Me diste una descarga eléctrica! —exclamó Mía, mirando a Isela con miedo real.

Isela no se detuvo. Se refugió en el aula de informática, que a esa hora estaba vacía. Se sentó frente a una de las terminales y dejó que su respiración se calmara. Hades apareció sentado en el escritorio de al lado, su imagen vibrando con una luz azulada que parecía alimentarse de la electricidad de las computadoras del salón.

—¿Viste eso? —preguntó ella en un susurro—. La tocaste. O yo la toqué a través de ti.

—La conexión se está expandiendo, Ela —respondió Hades, mirando sus propias manos, que ahora parecían emitir un leve fulgor—. Cuando te enfadas, o cuando sientes algo muy fuerte por mí, mi energía se vuelve conductiva. No solo te estoy materializando... nos estamos sincronizando.

Isela miró su mano. El cosquilleo era ahora un calor reconfortante. Se dio cuenta de que ya no tenía miedo de Mía, ni de su padre el Director.

—Tenemos que usar esto —dijo Isela, mirando la pantalla negra de la computadora—. Si el padre de Mía y Miller están tan conectados, el servidor del instituto debe tener registros. Necesito entrar en el sistema de la Dirección. Si el inspector pidió informes sobre tu caída o sobre el expediente de mi padre, tiene que estar ahí.

Hades sonrió, y por primera vez, su sonrisa fue la de un genio que vuelve a su elemento. Se acercó a la terminal y, sin tocar físicamente el teclado, sus dedos espectrales empezaron a moverse sobre el monitor. Pequeños fragmentos de código empezaron a aparecer, reflejándose en sus ojos oscuros.

—Deja que yo me encargue de la arquitectura —dijo él—. Tú solo mantén el hilo tenso, Ela. Mientras estemos así de cerca, no hay firewall que pueda detenerme. Estamos dentro.

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