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LA OMEGA QUE DESPERTÓ A LA BESTIA

LA OMEGA QUE DESPERTÓ A LA BESTIA

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Grandes Curvas / Hombre lobo
Popularitas:24.3k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Irina Vólkov es la vergüenza de su familia. Omega sin loba, gorda y relegada a fregar platos mientras su hermana gemela Astrid brilla como la bendecida por la diosa luna. La noche de su cumpleaños 18, su padre la anuncia como ofrenda al Rey Theron Blackmoor — un alfa maldito del que nadie habla sin bajar la voz.

Lo que nadie sabe es que antes de esa noche, en un lago escondido entre las montañas, una bestia enorme la encontró desnuda bajo la luna. No la atacó. Solo la miró. Como si la estuviera esperando.

Ahora Irina está encerrada en un castillo oscuro con un rey que la desprecia de día y una bestia que duerme a sus pies de noche. Con una ceremonia que puede unirla a él para siempre — o matarla si la diosa luna decide que no es suficiente. Con una hermana dispuesta a todo por quitarle lo que tiene. Y con una loba despertando dentro de ella que le susurra lo que Irina se niega a aceptar:

Que la bestia la eligió primero.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 1 El lago y la sentencia

Bienvenidas, hermosas…

Si estás aquí, no es casualidad.

Esta historia no es suave. No es dulce. No es el típico cuento donde la chica rota es salvada…

Aquí, la que todos despreciaron es la que hará temblar a la bestia.

Vas a conocer a Irina Vólkov…

La omega que nadie quiso.

La hija que avergüenza.

La mujer que ni siquiera tenía una loba… hasta que algo en la oscuridad la eligió primero.

Prepárate para un mundo donde el amor duele, donde el poder se arranca con sangre y donde el deseo no pide permiso.

Aquí no hay princesas.

Aquí hay bestias.

Y algunas… llevan tacones.

Gracias por entrar en esta historia.

Ahora ya no hay vuelta atrás.

— CINVAN

—Podrías al menos intentar verte menos patética, Irina es nuestro cumpleaños, no un funeral.

Astrid estaba recostada en el marco de la puerta de la cocina, con un vestido blanco que le quedaba como si la tela la amara, el pelo platinado cayéndole por los hombros y esa sonrisa que usaba cuando quería recordarle al mundo que la diosa luna la había fabricado a mano.

Irina no levantó la vista del plato que estaba fregando.

—Si quieres que me vea menos patética, dile a Maren que deje de asignarme los platos de anoche. Llevo desde las cinco limpiando.

—Ay, hermanita. Si tuvieras una loba, no estarías fregando platos. Estarías ahí afuera con los demás, preparándote para la ceremonia. Pero bueno. —Se examinó una uña—. Cada quien con lo que le tocó.

—Sí. A ti te tocó ser la bendecida por la luna. A mí me tocó ser tu sirvienta. Qué justo reparte la diosa.

Astrid ladeó la cabeza. Esa era la cosa con Irina: le respondía. Cualquier otro omega habría agachado la cabeza y murmurado un "sí, señorita". Pero su hermana gemela, su copia defectuosa, siempre tenía algo que decir. Astrid lo encontraba entretenido. Como un perro que ladra detrás de una reja.

—Hoy vienen seis emisarios a presentar ofertas de cortejo para mí —dijo, entrando a la cocina y robando una uva del frutero—. Seis manadas quieren emparentar con los Vólkov. Papá dice que puedo tomarme mi tiempo hasta que la luna me revele a mi compañero. Mientras tanto, que hagan fila.

—Qué suerte la tuya.

—¿Verdad? —Otra uva—. ¿Tú vas a bajar a la fiesta?

—No me invitaron.

—Claro que sí. Alguien tiene que servir el vino.

Irina siguió fregando platos, el agua estaba fría y el jabón le agrietaba las manos. Dieciocho años, pensó. Hoy cumplo dieciocho años y estoy fregando los platos del banquete de mi hermana. Feliz cumpleaños, Irina.

Harta de la cocina y escuchar las rizas de los invitados se escapó al lago, el único lugar donde se sentía tranquila. Se quitó el vestido gris y se quedó desnuda frente al agua con el aire frío mordiéndole la piel y la luna llena arriba, enorme, tan cerca que parecía que podías tocarla si estirabas la mano.

Al menos tú no me juzgas, pensó mirándola.

Se metió al agua.

El frío le robó el aire un segundo, como un puñetazo en el pecho. Después vino lo otro: esa sensación que solo encontraba aquí, en este lago, a esta hora, cuando no había nadie para decirle que su cuerpo estorbaba. Nadó hasta el centro con brazadas lentas.

Tiene que haber algo más que esto, pensó. Al otro lado de la barrera hay ciudades. Luces. Gente que vive sin manadas ni alfas ni rangos. He visto las fotos en los teléfonos de los guardias cuando creen que no estoy mirando. Calles que no terminan. Edificios que tocan el cielo. Y yo no puedo ni asomarme.

Cerró los ojos. Solo su corazón y el agua y la luna. Por un momento, todo estaba bien.

Entonces algo cambió.

No fue un sonido. Fue como si el bosque entero hubiera contenido la respiración. Los grillos se callaron. Las ranas dejaron de croar. El viento se detuvo entre los pinos como si algo lo hubiera cortado de raíz.

Irina abrió los ojos.

Al principio no lo vio. Solo sintió que estaba ahí: una presencia que pesaba sobre el aire como una tormenta a punto de reventar. Algo grande. Algo que hacía que cada pelo de su cuerpo se erizara de golpe.

Giró la cabeza hacia la orilla.

Y dejó de respirar.

Una enorme bestia estaba entre los árboles. Medio oculta por las sombras, tan quieta que podría haber sido una roca si no fuera por los ojos. Dos puntos de luz amarilla, brillante, que la miraban desde la oscuridad con una intensidad que Irina sintió en el estómago como un golpe.

Era enorme. Más grande que cualquier lobo que hubiera visto en la manada. Del tamaño de un caballo, con el pelaje negro como petróleo y unos hombros tan anchos que las ramas bajas de los pinos se curvaban a su alrededor. No era un lobo de los Vólkov. Ni de ninguna manada que ella conociera. Era algo más antiguo. Más salvaje. Algo que no seguía las reglas.

Un licántropo.

El corazón de Irina se convirtió en un tambor. Podía sentirlo en la garganta, en las sienes, en las puntas de los dedos. Estaba desnuda. En medio del lago. Sin loba, sin garras, sin absolutamente nada entre ella y esa cosa que podía cruzar el agua en tres zancadas y destrozarla antes de que le diera tiempo a gritar.

No se movió.

Sus piernas no respondían. Sus brazos flotaban a los lados como si no le pertenecieran. Pero no era parálisis. No era el cuerpo congelado por el miedo. Era otra cosa. Algo que venía de un lugar más profundo que el instinto, más profundo que cualquier cosa que Irina hubiera sentido en dieciocho años de vida.

Una certeza.

Absurda, irracional, imposible de explicar.

No te va a hacer daño.

La bestia salió de entre los árboles. Cada paso era lento, deliberado, con un peso que hundía las hojas y quebraba las ramas secas bajo sus patas. Bajó hasta la orilla del lago. Las patas delanteras tocaron el agua. Se detuvo.

No entró.

Se quedó ahí, en el borde, con la cabeza baja y los ojos amarillos fijos en ella. La luz de la luna le caía encima y le dibujaba sombras en el pelaje que se movían con cada respiración.

Irina flotaba en el centro del lago, desnuda, vulnerable, mirando a una criatura que podía matarla con un zarpazo. Y la criatura la miraba a ella. Sin gruñir. Sin mostrar los dientes. Sin nada que se pareciera a una amenaza.

La miraba como si la estuviera reconociendo.

No supo cuánto tiempo pasó. Pudieron ser segundos o minutos o una hora entera comprimida en un momento que no tenía nombre.

¿Qué eres?, pensó.

¿Y por qué siento que te conozco?

—¡Irina! —La voz de Maren rompió el silencio como un cristal contra el suelo—. ¡Irina, maldita sea, te necesitan en la cocina!

La bestia giró la cabeza hacia las voces. Antorchas moviéndose entre los árboles. Alguien venía.

Miró a Irina una última vez. Un segundo largo, denso, cargado de algo que ella no tenía palabras para nombrar. Después se dio la vuelta y desapareció entre los pinos sin hacer un solo ruido. Una criatura del tamaño de un caballo moviéndose como humo. Como si nunca hubiera estado ahí.

Pero había estado.

Irina nadó hasta la orilla con el corazón desbocado y las manos temblándole. Se vistió a tropezones, con la ropa pegándose a la piel mojada. Se quedó de pie mirando el punto exacto entre los árboles donde la bestia había desaparecido.

—¿Qué demonios fue eso? —susurró.

El bosque no le respondió. Pero algo dentro de su pecho, algo nuevo y pequeño que acababa de despertar, latió una vez. Con fuerza. Como respondiendo por él.

La fiesta estaba en pleno apogeo cuando entró al salón cargando una bandeja de vino.

Doscientos lobos celebrando. Astrid en el centro, radiante, con sus seis pretendientes haciendo fila. Música, aullidos, comida. Y ella sirviendo copas con el pelo todavía húmedo y la imagen de unos ojos amarillos que no se le iban de la cabeza.

Viktor se puso de pie. El salón enmudeció.

—Esta noche celebramos a Astrid. Dieciocho años. Bendecida por la diosa luna. Orgullo de esta manada.

Aplausos. Aullidos.

—Pero también traigo un anuncio. Existe una deuda de sangre entre nuestra casa y el linaje Blackmoor. Tres generaciones. El Rey Theron Blackmoor ha exigido una hembra de sangre Vólkov como compensación.

El silencio se espesó. El Rey Blackmoor. El castillo negro. El Alfa del que nadie hablaba sin bajar la voz.

Viktor la miró.

—Irina Vólkov partirá mañana al amanecer como ofrenda del linaje Vólkov al Rey Blackmoor.

Un plato se le resbaló de la bandeja y se estrelló contra el suelo.

—¡No! —Lo dijo en voz alta. El salón giró hacia ella—. No voy a ir.

—No se te está preguntando —dijo Viktor.

—Me da igual. No soy un paquete que puedas despachar para pagar tus deudas.

El murmullo recorrió las mesas. La omega le estaba respondiendo al Alfa.

—Irina —Astrid cortó desde su mesa—, no hagas un espectáculo. Es un honor representar a la familia.

—¿Un honor? ¿Mandarme con un rey del que dicen que está maldito?

—La diosa luna proveerá —dijo Borya con su sonrisa de cuchillo—. Es más de lo que alguien de tu rango puede esperar.

—¿Alguno de ustedes iría? —Irina miró la sala—. ¿Alguno aceptaría que lo empaqueten y lo manden a un castillo del que nadie sabe qué pasa adentro?

Silencio.

—Eso pensé.

—Suficiente —la voz de Alfa de Viktor le presionó el pecho como una mano invisible—. Partirás al amanecer. No hay discusión.

Irina apretó los dientes. Le temblaban las rodillas bajo el peso de la orden del Alfa. Todos los omegas del salón bajaron la cabeza por instinto.

Ella no.

—Si me obligas a ir —dijo, con la voz más firme de lo que esperaba—, voy a encontrar la forma de salir. No me conoces, padre.

Viktor la miró. Y por primera vez en dieciocho años, algo cruzó sus ojos que no era indiferencia.

—Sáquenla.

Dos guardias la tomaron de los brazos. Irina no forcejeó. Salió con la espalda recta, mirando al frente.

Lo último que vio fue a Astrid levantando su copa con una sonrisa.

En su habitación, con la puerta cerrada, se sentó en la cama. Le temblaba todo. Pero no de miedo.

De rabia.

Voy a salir de esto. No sé cómo. Pero nadie va a decidir mi vida por mí. Nunca más.

Y debajo de la rabia, la imagen de unos ojos amarillos mirándola desde la orilla del lago. Sin atacar. Sin juzgar.

Como si la estuviera esperando.

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Livia silva mejias
DIOSDELAVIDAAAAAA!...que buena se puso la cosa.
conchole que toda la energía negativa que carga el hijo de la bruja se le devuelva y nada arruine el ritual de la Luna Roja 🤞🏼🤞🏼🤞🏼🤞🏼
Anonymus
Será que Elias es un brujo disfrazado, el peligro no acaba 🤯🤯🤯🤯
ShaLop
Excelenteeeee
Pris
Ay que angustia ahora. Quien será ese
Nancy Monterrosa
ay escritora porfa deja que se haga la ceremonia y después que puedan luchar contra la maldad
Nancy Monterrosa
amo a esta suegra jajajaja más suegras así
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
lo bueno es que lo vigilan y si hace algo no están desprevenidos
Anonymus
Me huele a Brujo vengativo y peligro inminente, sino se ponen la sillas lanteagedia vuelve y los alcanza y esta vez sin segundas oportunidades 😭😭😭😭🤯🤯🤯
Anonymus
Catalina desde el primer capítulo que te leí, te ganaste mi admiración, temor, resquemor y ahora cariño, bien por ti
Odalis Angelica Bueno Vargas
Hay dios mio ojalá no sea algo malo ya que ella salio casi de la muerte para que venga otro y la remate
daya murillo
hermosa historia felicidades autora👏
Livia silva mejias
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼 Excelente!
felicidades AUTORA
Nancy Monterrosa
amo a esa suegra metiche jajajaja
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
tu madre acaba de abrir la puerta para que dejen de fingir que no ha pasado nada cuando en realidad pasa de todo y de muchas maneras 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🥰🥰🥰🥰🥰
Rosa Zambrano
Felicitaciones apreciada escritora, nada aburrida, mucha acción en diversas versiones 🫂❤️🌹
Rosa Zambrano
Estoy super emocionada. Un capítulo buenísimo
Livia silva mejias
🥵🥵🥵 IRIIINAAAA cochina envidia que me das, te dieron como furruco en feria 😜😜😜
Livia silva mejias
😈😈❤️‍🔥❤️‍🔥🥵🥵 A quién le van a dar hasta en ID 😍😍😍😍🤪😜
Alexandra Ortiz Posada
Excelente capitulo, gracias por compartir, bendiciones
Bedy Moreno
excelente,admiro tu obra, primero vez que te leo !!
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