Historia romántica
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Capítulo 9
Elena se despertó lentamente, como si todavía estuviera dentro de un sueño. Antes de abrir los ojos, lo sintió. El calor del cuerpo de Martín pegado al suyo, su brazo rodeándola con firmeza, su respiración tranquila rozándole el cuello.
Abrió los ojos despacio.
La luz suave de la mañana entraba por la ventana, iluminando apenas el living. Estaban enredados en el sillón, cubiertos a medias por una manta que en algún momento de la noche había quedado olvidada.
El cuerpo de Martín seguía cerca, demasiado cerca. Su mano descansaba en la cintura de Elena, pero no era un contacto casual… era firme, presente, como si incluso dormido no quisiera soltarla.
Elena se movió apenas, lo suficiente para girarse un poco y mirarlo. Su rostro estaba relajado, pero había algo en la forma en que la sostenía que hacía que su piel reaccionara, que su respiración cambiara sin que pudiera evitarlo.
Deslizó lentamente la mano por su brazo, sintiendo la temperatura de su piel, el contraste con la frescura de la mañana. Martín se movió apenas y apretó un poco más su cuerpo contra el de ella.
—No te vayas… —murmuró, con la voz todavía dormida.
Elena sintió un leve estremecimiento.
—No me voy —respondió en voz baja.
Martín abrió los ojos lentamente. Durante unos segundos no dijo nada. Solo la miró. Pero esa mirada… era distinta a la de la noche anterior. Más profunda, más cargada, como si el silencio de la mañana hubiera dejado espacio para sentir más.
—Buen día… —dijo él, con una media sonrisa.
—Buen día…
No se separaron.
Al contrario, Martín acercó un poco más su cuerpo al de ella. Elena sintió el contacto completo, la cercanía real, sin distracciones. Su respiración se volvió un poco más lenta… y más pesada.
—Me gusta despertarme así… —murmuró él, acercando su rostro.
Elena no respondió con palabras. Lo miró, apenas a centímetros.
Y entonces lo besó.
Esta vez no fue un beso tímido. Fue lento, profundo, cargado de todo lo que no había pasado durante la noche. Martín respondió enseguida, rodeándola con más firmeza, acercándola aún más a su cuerpo.
Elena deslizó la mano por su cuello, sintiendo su piel tibia, mientras él recorría su espalda con suavidad, pero sin apuro. Cada movimiento era lento, como si estuvieran descubriéndose de a poco, disfrutando cada segundo.
El beso se volvió más intenso. Más real.
Elena sintió cómo su cuerpo reaccionaba sin pedir permiso. Se acercó más a él, buscando ese contacto, esa cercanía que ahora ya no quería soltar.
Martín bajó apenas hacia su cuello, dejando besos suaves, lentos, haciendo que Elena cerrara los ojos y soltara el aire despacio.
—Martín… —susurró, casi sin darse cuenta.
Él volvió a buscar sus labios, sosteniéndola con una mezcla perfecta entre cuidado y deseo.
Se quedaron así un largo rato. Sin hablar. Sin apuro. Dejándose llevar.
Hasta que, poco a poco, la intensidad se volvió calma otra vez.
Elena apoyó la frente contra la de él, respirando lento.
—Esto… es diferente —dijo en voz baja.
—Sí —respondió Martín—. Y me gusta.
Ella sonrió apenas, todavía cerca, todavía sintiéndolo.
No era solo atracción. No era solo deseo.
Era la mezcla de todo.
Y eso era lo que lo hacía imposible de ignorar.