Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.
NovelToon tiene autorización de Milagros Ulloa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL PELIGRO SE ACERCA
El silencio dentro del departamento de León no era incómodo.
Era peligroso.
Gabriela lo sintió desde la primera noche.
El lugar era amplio, elegante y ordenado, pero había algo en el ambiente que la mantenía alerta. Tal vez era la seguridad reforzada en la entrada, las cámaras en los pasillos o la certeza de que afuera alguien podía estar observándola.
O tal vez era simplemente estar nuevamente tan cerca de León.
Habían pasado años intentando olvidarse y ahora compartían el mismo espacio, respiraban el mismo aire y caminaban por las mismas habitaciones como si el destino hubiera decidido borrar cualquier distancia entre ellos.
Gabriela dejó su maleta sobre la cama de la habitación que él le había preparado. Era cómoda, cálida, cuidadosamente organizada, como si hubiera sido pensada para recibirla incluso antes de que todo ocurriera.
Ese pensamiento la inquietó.
Salió al pasillo y encontró a León en la cocina preparando café. La luz tenue de la mañana entraba por los ventanales iluminando parcialmente su rostro cansado.
No dormiste, dijo ella.
Él negó suavemente.
Quería asegurarme de que todo estuviera tranquilo.
Gabriela apoyó los brazos sobre la mesa.
No puedes vigilarme todo el tiempo.
No estoy vigilándote. Estoy protegiéndote.
Ella sostuvo su mirada.
Siempre dices eso.
Porque es verdad.
El silencio volvió a instalarse entre ambos, cargado de recuerdos que ninguno sabía cómo nombrar.
Gabriela tomó la taza que él le ofrecía y sus dedos rozaron los de León. El contacto fue breve, pero suficiente para despertar una corriente eléctrica imposible de ignorar.
Ambos apartaron las manos al mismo tiempo.
La convivencia apenas comenzaba y ya resultaba peligrosa.
Durante el día intentaron mantener cierta normalidad. Gabriela trabajó desde la computadora mientras León atendía llamadas constantes relacionadas con seguridad y negocios. Sin embargo, cada conversación que él tenía confirmaba algo inquietante.
El peligro estaba acercándose.
Por la tarde llegó un equipo de seguridad para reforzar accesos y revisar cámaras. Gabriela observaba desde el sofá sintiéndose extraña dentro de aquella realidad que hasta hacía poco parecía lejana.
Nunca imaginé vivir algo así, murmuró.
León se sentó frente a ella.
Yo tampoco imaginé arrastrarte a esto.
Gabriela negó.
No me arrastraste. Decidí quedarme.
Sus palabras lo sorprendieron.
Podrías haberte alejado otra vez.
Tal vez antes lo habría hecho, respondió ella. Pero ya no soy la misma.
León la observó con una mezcla de orgullo y preocupación.
Lo sé.
La noche llegó lentamente, envolviendo el departamento en una calma engañosa. Después de cenar, Gabriela salió al balcón buscando aire fresco. La ciudad brillaba debajo como un océano de luces.
León apareció unos minutos después.
Siempre te gustaron las vistas altas, dijo él.
Me hacen sentir pequeña… pero libre.
Se quedaron en silencio mirando el horizonte.
Hasta que Gabriela habló.
Necesito preguntarte algo.
Él asintió.
Cuando te fuiste… ¿pensaste volver?
León tardó en responder.
Todos los días.
Gabriela giró hacia él.
Entonces por qué no lo hiciste.
Porque mientras estuvieras lejos de mí estabas viva.
La sinceridad en su voz la dejó sin palabras.
León continuó.
Recibí amenazas directas. Sabían todo sobre ti, tus horarios, tu familia. Si me quedaba contigo te convertías en un blanco inmediato.
Ella sintió un nudo en la garganta.
Debiste confiar en mí.
Tenía miedo de perderte.
Ya me perdiste igual, susurró ella.
El dolor compartido quedó suspendido entre ambos.
León dio un paso más cerca.
Nunca dejé de amarte.
Las palabras llegaron suaves, sin dramatismo, pero cargadas de verdad.
Gabriela sintió que su defensa emocional comenzaba a romperse.
No digas eso si no estás dispuesto a luchar esta vez.
Esta vez no voy a huir.
Sus miradas quedaron atrapadas.
La distancia entre ellos desapareció lentamente hasta que solo los separaban centímetros.
El sonido repentino de un golpe seco dentro del departamento rompió el momento.
Ambos reaccionaron de inmediato.
León tomó a Gabriela del brazo y la colocó detrás de él mientras avanzaba hacia la sala.
Otro golpe.
Luego el sonido metálico de una cerradura forzada.
Alguien estaba intentando entrar.
Gabriela sintió el corazón desbocado.
León tomó su teléfono y habló en voz baja con seguridad.
Intrusión. Piso treinta y dos. Ahora.
El intento duró apenas segundos antes de que pasos apresurados se escucharan en el pasillo exterior. Voces del equipo de seguridad y el ruido de alguien huyendo confirmaron lo inevitable.
Ya no estaban esperando.
Los estaban atacando directamente.
Minutos después, uno de los guardias informó que el intruso había escapado por las escaleras de emergencia.
León cerró la puerta y apoyó la frente contra ella, respirando profundamente.
Están probando nuestras defensas, dijo.
Gabriela lo observó.
O están enviando un mensaje.
Él la miró con seriedad.
Y lo recibimos.
El miedo estaba presente, pero algo diferente también comenzaba a crecer dentro de Gabriela.
Determinación.
No voy a esconderme todo el tiempo, afirmó.
León frunció el ceño.
No es esconderte, es sobrevivir.
Es vivir con miedo.
Se acercó a él.
Si quieren asustarme, no voy a dárselo tan fácil.
León la observó con intensidad.
Realmente cambiaste.
Aprendí a hacerlo cuando me rompiste el corazón.
La frase no fue cruel, solo honesta.
León bajó la mirada un instante.
Entonces déjame arreglarlo ahora.
Gabriela sostuvo su rostro con suavidad inesperada.
Entonces empieza quedándote.
El momento volvió a envolverlos, más profundo que antes. Esta vez no había dudas ni recuerdos interrumpiendo, solo el presente y la necesidad de sentirse seguros el uno con el otro.
León apoyó su frente contra la de ella.
No voy a soltarte otra vez.
Afuera, la ciudad seguía latiendo ajena al peligro que se acercaba.
Y en otro punto oscuro de la ciudad, Adrián observaba informes sobre el intento fallido.
Sonrió con calma peligrosa.
Ahora sabemos cuánto significa ella para él.
Cerró la carpeta lentamente.
La próxima vez no fallaremos.
Mientras tanto, en el departamento, Gabriela comprendía una verdad inevitable.
La convivencia con León no solo los obligaría a enfrentar amenazas externas.
También los obligaría a enfrentar el amor que nunca dejó de existir.
Y esta vez, escapar ya no era una opción.