Elena e Isabella son dos gemelas separadas al nacer por la ambición y la maldad. Mientras Elena crece en la pobreza, entregando su vida al trabajo para costear el costoso tratamiento médico de su madre, Isabella vive en una jaula de oro, obligada por su poderosa familia a casarse con Alexander Volkov. Él es un heredero implacable, un CEO cuya frialdad y falta de sentimientos son leyenda en el mundo de los negocios. Un encuentro inesperado pondrá a prueba sus destinos cuando Elena deba ocupar el lugar de su hermana en un juego de identidades peligroso. ¿Serán capaces de salir de este enredo? ¿El CEO será tan implacable como dicen?
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Capítulo IV La propuesta
Punto de vista de Elena
Subí al auto de aquella mujer desconocida y, al mismo tiempo, tan parecida a mí. Me sentía pequeña entre los asientos de cuero y el aroma a perfume caro que inundaba el interior. Ella condujo hacia un lugar alejado del bullicio de la ciudad, un mirador solitario donde el silencio era absoluto. Tenía miedo, un temor frío que no podía ocultar por más que apretara mis manos contra mi regazo.
—Tranquila, no pienso lastimarte —soltó Isabella, rompiendo el hielo—. Solo quiero saber quién eres y por qué... por qué somos idénticas. Esto no puede ser una coincidencia.
—Yo no soy nadie —respondí con la voz quebrada—. Y en este momento no quiero más enredos en mi vida. Los problemas me persiguen y yo solo quiero un poco de paz.
No pude aguantar más. El peso de los últimos días, el diagnóstico de mi madre y la crueldad del tiempo se desbordaron. Me desahogué con aquella extraña, contándole entre sollozos la agonía de ver a mi madre morir por falta de dinero.
—¿Entonces es por dinero? ¿Necesitas tres mil dólares para salvarla? —Isabella se veía profundamente interesada. Sus ojos, tan iguales a los míos, brillaban con una intensidad extraña—. Elena, el destino no nos puso frente a frente para que te fueras con las manos vacías. Yo puedo ayudarte.
La miré con incredulidad, limpiando mis lágrimas con el dorso de la mano.
—¿Por qué lo harías? Ni siquiera me conoces.
—Porque tú tienes lo único que yo necesito: este rostro —dijo señalándome y luego a sí misma—. Mi familia quiere venderme a un hombre que no amo. Quieren usarme como un objeto para cerrar un trato de negocios. Si aceptas ocupar mi lugar por un tiempo, yo te daré no solo los tres mil dólares para tu madre, sino una fortuna que te permitirá no volver a trabajar en tu vida.
El aire se escapó de mis pulmones. Era una locura, un pecado que podía destruirnos a ambas. Pero entonces, la imagen de mi madre conectada a aquellas máquinas regresó a mi mente.
—¿Quieres que mienta? ¿Quieres que engañe a tu familia y tome tu lugar para casarme con un desconocido? —pregunté con el corazón martilleando mi pecho.
—Nadie se dará cuenta —aseguró ella con una sonrisa gélida—. Alexander y mi familia creen que soy una mujer vacía y sin escrúpulos. Solo tienes que actuar como yo. A cambio, tu madre tendrá a los mejores médicos del país mañana mismo. ¿Qué dices, Elena? ¿Salvas a tu madre o te quedas con tu honestidad mientras ella muere?
Miré por la ventana el paisaje desconocido. Estaba a punto de vender mi alma, pero por la vida de la mujer que me dio todo, estaba dispuesta a convertirme en la sombra de Isabella Castillo. Sin embargo, la duda me carcomía: ¿sería capaz de suplantarla? Ella era tan distinta a mí en todo, desde su forma de hablar hasta su manera de caminar.
—Se darán cuenta de inmediato… mírame, soy muy diferente a ti. Lo único que tenemos en común es nuestro rostro.
—Eso no es del todo cierto. Estoy segura de que nadie notará la diferencia; yo te enseñaré a ser como yo, verás que no es difícil.
Sabía que me estaba metiendo en un gran lío, pero era la vida de mi madre la que estaba en juego. Tenía la solución frente a mí.
—Está bien, acepto. Pero tenemos que fijar un tiempo prudente. No puedo ser tú para siempre.
—Tampoco pretendo que lo seas. Creo que dos años son suficientes para ser libre; después, volveré a mi lugar y tú serás libre también.
—¿Dos años? Es mucho tiempo.
—Pasa rápido, verás. Y mientras tanto, le darás a tu mamá una vida digna.
—Temo que ese hombre acabe conmigo si se entera.
—Si hablas de Alexander, no te preocupes por él. No nos amamos, él me desprecia. Se mantendrá alejado de ti y, por ende, jamás te descubrirá.
—¿Cuándo haremos el cambio? —pregunté nerviosa.
—Primero debemos volverte "yo". Solo tenemos dos días antes de que tengas que presentarte ante Alexander Volkov.
Al escuchar el nombre de mi futuro esposo, sentí una oleada de escalofríos atravesando mi columna vertebral. El miedo me caló hasta los huesos.
—¿Lo conoces? —preguntó Isabella con curiosidad.
—Solo he escuchado de él… Creo que esto no es buena idea. Si nos descubre, acabará con ambas.
—Alexander es solo un perro que ladra y no muerde. No creas todo lo que dicen de nosotros. Ahora, vayamos a tramitar el traslado de tu madre a la mejor clínica del país para que sea atendida como una reina.
Sus palabras no me tranquilizaron, pero al mencionar la atención que tendría mi madre, reuní el valor necesario. Salí con ella, lista para empezar la que ahora sería mi nueva vida.
ojalá no bajen la Guardia