Traicionada por su propia sangre y asesinada, Kala Bermuchi recibe una inesperada segunda oportunidad al despertar en el pasado. Decidida a escapar de las garras de sus tíos, se refugia bajo la protección del implacable Rey Lycan, aceptando un pacto oscuro: su seguridad a cambio de un heredero. Entre el frío asedio de sus enemigos y la pasión nocturna de un monarca impenetrable, Kala deberá navegar en un destino marcado por secretos que prometen sacudir los cimientos del mundo sobrenatural, en especial el secreto que vive dentro de ella. La loba de plata.
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Capitulo 8: Tocar el cielo
La luna se poso en el cielo, la oscuridad baño la habitacion cuando la puerta fue tocada, la misma sirvienta que me trajo la comida aparecio acompañada de otras dos, ninguna dijo nada, prepararon mi baño, trajeron ropa y peinaron mi cabello en completo silencio, como si aquello fuera un ritual sagrado, mi cabello negro fue trenzado, me vistieron con un largo camison blanco, cuando estuve lista Celeste me tomo del brazo, llevándome fuera de la habitacion, recorrimos el pasillo hasta llegar a unas escaleras, subimos los escalones hasta detenernos arriba, solo habia una puerta que rapidamente fue abierta, Celeste me empujo con suavidad dentro, me mostro una sonrisa calida antes de salir y cerrar la puerta detras de ella.
Observe la habitacion, solo alumbrada por unas velas, una cama matrimonial, una silla a un lado pegada de la pared, respire hondo, ahi estaba de nuevo, ese aroma… Tarta de fresa.
Un jadeo involuntario escapo de mis labios, mis pies se movieron como si tuvieran vida propia, me detuve delante de la cama, mi respiracion comenzo a acelerarce, la presencia de aquel aroma ponia mis vellos de punta.
De repente senti su presencia detras de mi, su respiracion en mi nuca, se quedo ahi, aspirando mi aroma, sin tocarme, sin moverse. Mi corazon martillaba con fuerza en mi pecho, estaba temblando como una hoja, sin saber que hacer, sin decir nada.
Senti su mano anclarse en mi cintura, su nariz acariciar la piel de mi cuello, su aliento caliente me estremecio.
— Hueles tan bien – susurro
Su voz… nunca habia escuchado algo como eso.
Mi cuerpo actuo por si solo, inclinandose hacia el, hasta pegar mi espalda de su pecho. Su mano subio por mi estomago, con suavidad, con una lentitud que me lleno de anticipacion. Y de repente se detuvo, justo debajo de mis senos, su pulgar acaricio mi pezon sobre la tela blanca, un gemido involuntario escapo de mis labios, estaba como hechizada, completamente a su merced.
Lo senti sonreir en mi cuello, acariciando mi pezon con una presicion casi enfermiza, tan lento que lograba estremecerme. Lo senti arrodillarse detras de mi, sus manos se mentieron dentro del vestido, subiendolo con suavidad, acariciando mi piel en el proceso.
— Levanta los brazos
Mis brazos subieron, como si fuera incapaz de negarme a sus ordenes. El vestido abandono mi cuerpo, estaba ahi, completamente desnuda ante aquella mirada de rayo, lo senti rodearme, observandome por largos y tortuosos segundos, me senti desnuda, no solo fisicamente, como si su mirada pudiera traspasarme por completo.
Me tomo de la mano con un agarre firme, llevandome con paciente calma hasta la cama, la suavidad de las sabanas blancas acaricio mi piel, lo senti posarse encima de mi y entonces sus ojos se clavaron en los mios, tan claros como el cielo, su mano comenzo a recorrer un camino por mis muslos, cerre los ojos incapaz de mantener su mirada, estaba caliente, necesitada, sus caricias lograban enviar un cosquilleo a todo mi cuerpo, senti su aliento caliente en mis labios.
— Abre los ojos, Lunaria – susurro en mis labios.
Otra orden que no podia refutar, mis ojos se abrieron, encontrandose con los suyos de nuevo, sus labios se pegaron a los mios, estaba besandome, como nunca antes habia sido besada, con deseo, con ternura, sus manos apretaban mi piel, el calor de su cuerpo, de un momento a otro no podia pensar en nada que no fuera el, la belleza de sus ojos de cielo, la suavidad de sus manos que me acariciaban, el sabor de sus labios, su aroma que me hacia sentir como si flotara. Todo a nuestro alrededor desaparecio, solo existia el, sus manos tocandome como si supiera lo que mi cuerpo deseara sin necesidad de pedirlo. El tiempo se detuvo en ese momento, cuando lo senti posicionarse en mi entrada, estaba mojada, completamente empapada, no tenia miedo, no sentia nada que no fuera deseo, necesidad, lo necesitaba.
— Por favor – la suplica escapo de mis labios, sin siquiera detenerme a pensar en lo que hacia. No podia.
El dolor y el placer se hicieron uno, ardia la friccion, pero al mismo tiempo era tan caliente, tan intimo, un gemido escapo de mis labios, estaba llena, completamente llena de el y queria mas, mis pensamientos no estaban siendo racionales porque de un momento a otro solo podia pensar en que queria su semilla, queria tener a sus cachorros, queria estar completamente llena de el.
Sus fuertes manos se anclaron en mis caderas, sus movimientos certeros, jadeaba sobre mis labios completamente encimismado.
— Mi hermosa lunaria… Mi flor de plata — susurro con devoción
Sus palabras enviaron una electricidad a todo mi cuerpo, mis uñas se clavaron en sus trabajados musculos, mis labios se pegaron a los suyos, nos besabamos como si estuvieramos sedientos, sus movimientos se hacian cada vez mas rapidos, estabamos poseidos por el placer, era tan excitante como nunca lo habia sido antes, algo se construia en mi vientre, algo que me habia hecho gemir sin parar, no queria que se alejara, lo queria todo, queria estar llena de el
— Por favor… Alfa
Un gruñido vibro en su pecho, su agarre firme – Mi flor de plata, voy a llenarte por completo, anudare en tu calido interior hasta llenarte de mis cachorros, seran tan hermosos como tu – las palabras que salieron de sus labios, aquella voz, era un promesa, una promesa que queria que cumpliera.
— ¡Si! ¡Si! ¡Alfa! Por favor…
Sus manos me tomaron con fuerza de las caderas hasta llevarme hacia el, tomandome entre sus brazos como si no pesara nada, sus caderas chocando contra las mias con una fuerza que lograba arrancar gemidos de mis labios, estaba en la cima, a punto de tocar el cielo con las manos y entonces lo senti, como mis paredes se contraian alrededor de su miembro, como mi interior se expandia tomando su nudo, tan grande, tan delicioso. No existia nada como esto, no habia un placer que se igualara a este, estaba deshaciendome en chillidos en sus manos, senti lo mojado de mis lagrimas en mis mejiillas, era demasiado, demasiada estimulacion, lo senti gruñir en mi cuello, me abrazo a su cuerpo con firmeza y ahi nos quedamos unidos, temblando en los brazos del otro.
Después de tocar el cielo, caminar en la tierra se siente como quemarte en el infierno y por eso, siempre querrás volver.