Hay deseos que se ignoran y otros… que te consumen.
Cedric Becker lo tiene todo bajo control: poder, respeto y un compromiso que sellará el futuro de su imperio. Cree en el amor… pero nunca lo ha vivido. Nunca lo ha necesitado… hasta ahora.
Hasta que ella vuelve.
Adara Lobo es peligro envuelto en piel suave. Es la fantasía que nunca debió permitirse, la mirada que lo desarma, el pecado que lo llama por su nombre sin tocarlo… y aun así lo quema.
Se desean en silencio.
Se provocan sin rozarse.
Se pierden… sin haberse tenido.
Porque hay miradas que desnudan más que cualquier caricia.
Y hay tentaciones que no se apagan con una sola vez.
Entre promesas ajenas, cuerpos que arden en secreto y decisiones que pueden destruirlo todo… lo suyo no es amor.
Es obsesión.
Es hambre.
Es un error que ninguno está dispuesto a dejar y cuando el deseo se convierte en adicción huir deja de ser una opción.
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La hechicera y el demone. +18
Esa voz gruesa y varonil es como un estimulante sex"al para ella que obedece rápidamente y envuelve aquel monstruo. La joya le acaricia el paladar de una forma tan deliciosa que no sabe explicar.
—Respira por la nariz y sigue despacio mientras te adaptas.
Y lo hace, ella está siendo bastante obediente mientras disfruta lo que está haciendo.
Cedric gruñe y hace hasta lo imposible por contener las caderas y no hundirse hasta la garganta. Verla saborearlo es demasiado erótico porque es algo grande para esa boquita que hace lo imposible por manejarlo, la saliva sale por las comisuras de su boquita y eso lo prende mucho más.
Adara no tarda demasiado en encontrar el ritmo perfecto bajo la orientación de él. Cedric la toma del cabello haciendo una coleta alta para ayudar con el ritmo.
—Maldición... La sueltas o te la tragas toda.
Ella abre los ojos, alza la cara y lo mira con esos ojitos que lo hechizan y le dan entender todo en una sola orden: Dámela toda. se la hunde hasta el fondo mientras le da lo que quiere.
—Maldita hechicera —gruñe mientras ella traga y tose al mismo tiempo.
El tiempo se disuelve, las normas también y por primera vez en años han cedido.
Se dejan llevar por ese fuego que han intentado ignorar, reprimir, enterrar. Sin amor, sin promesas, sin futuro. Solo deseo crudo.
Solo ese momento.
Solo ellos.
—Ahora es tu turno, cuarentón —ordena Adara y la orden se la pone dura otra vez.
Ella se pone de pie y se va hasta la amplia cama, se sienta en la orilla y abre las piernas, dejándolo ver el rico manjar que un triangulito intenta cubrir.
—De rodillas, demone...
No tiene que repetirlo dos veces, porque el obedece como un obediente corderito que está sediento.
Le abre las piernas, le hace la tanguita a un lado y de inmediato se lanza al precipicio de placer que es probar a aquella mujer por primera vez en su vida, ya no es un sueño húmedo, ahora es una realidad que le inunda la boca de fl"idos y degusta sus papilas gustativas.
Arremolina la lengua en ese botón lleno de nervios mientras ella tiembla y deja caer la espalda en la cama. Cedric se coloca las pi3rnas de ella en los hombros para acceder más a ese c°ñ0 dulce y delicioso.
Jad3os, gruñidoss y g3midos es lo único que se escucha mientras él disfruta y ella se rompe en millones de átomos, deja los ojos en blanco mientras él recoge todo lo que de ella brota.
—Qué delicia eres, Adara Lobo.
Cedric se pone de pie para buscar la protección y vuelve en segundos, Adara sigue en el mismo puesto.
—¿Te desmayaste? —consulta Cedric, pasando los dedos por su canal, recoje miel y la unta en sus picos er3ctos que lo llaman.
—Aún no, pero casi.
Él deja escalar una carcajada, mientras se inclina encima de ella para recoger con su boca todo lo que untó; ch"pa de una forma tan deliciosa que ella no puede parar de g3mir mientras su espalda se arquea.
Segundos después se acomodan mejor en la cama en medio de besos urgidos, ella lo observa colocarse el pr3s3rvativo y luego mientras se le come un pecho la va p3n3tr4nd0 poco a poco, porque sabe que si se lo hunde todo de una la va a desgarrar y no es la idea.
—Aaah —jadea Adara con una mezcla de dolor y deseo.
—¿Te duele?
—Solo un poco, Pero ni sé te ocurra sacarla porque te mato.
—Cómo ordene mi general —y lo hunde un poco más hasta la mitad —Uhm... Qué apretada estás... Aguanta, nena, que ya falta poco —hunde otros centímetros más.
—¡Aaaaah!
Cedric la besa para distraerla mientras se se deja ir de un todo, dejándosela toda adentro. La sigue besando mientras ella se adapta a su tamaño y grosor y cuando es ella quien mueve las caderas con desesperación él continúa con las embestidas que ya no tienen nada de sutiles..
Ella le clava las uñas y el la v3rg4. Todo es una mezcla de delicioso dolor y placer que amobs disfrutan.
La segunda liberación de ella llega mientras pide más y más y él ni corto ni perezoso le da lo que pide, más, más, más... Las posturas cambian, hay mordidas, rasguños, chupetones de parte y parte.
Cuando todo termina, el silencio que queda no es tranquilo. Es pesado y cargado de todo lo que han despertado.
Adara apoya la frente contra el pecho de Cedric, respirando aún con dificultad.
—Esto no cambia nada… —susurra adolorida, pero satisfecha.
Su voz no sabe tan firme como quisiera, Pero se mantiene ahí.
Cedric baja la mirada hacia ella, pasando lentamente los dedos por su rostro.
—No…
Otra gran mentira porque ambos lo saben.
Esto lo cambió todo.
Él sueño los vencen y se quedan dormidos entrelazados como si en verdad fueran una pareja real y no un par de amantes que acaban de saciar las ganas que hacía años los perseguía.
Ella lo deseaba, pero se consideraba una chiquilla ante él que ya era un hombre hecho y derecho y muy experimentado según su historial, además que son los padrinos de Helmut y también que él parecía huir de su mirada cada que se encontraban, así que ella decidió guardar su fantasía en un baúl mientras esperaba crecer un poquito más.
Y a él le pasaba casi igual, la vió como mujer en la boda de Ava y Massimo, la deseó, la codición, pero la seguía viendo tan pequeña para él que no quería dañarla, porque ambos comprendían que no era amor, era deseo. Así que el intentó apagar todo eso en otra mujer, pero jamás lo logró.
Cuando Adara tomó la decisión de irse a hacer su maestría a Boston, lo hizo con la intención de olvidarlo por eso se dejó cortejar por Fausto con quien desde el principio tuvo una química buena, pero no suficiente para llegar a enamorarse.