La vida nunca fue fácil para Verónica Castillo. Desde niña aprendió a crecer entre ausencias y silencios, creyendo que algún día el amor le daría el hogar que siempre soñó. Por eso, cuando decidió formar una familia con Héctor, pensó que por fin había encontrado su lugar en el mundo.
Pero los sueños también pueden romperse.
Entre infidelidades, desprecios y promesas vacías, Verónica terminó atrapada en una vida donde el amor dejó de existir. Hasta que una noche, cansada de las heridas y pensando en el futuro de sus dos hijos, tomó la decisión más difícil de todas: marcharse y empezar de nuevo.
Con Samuel y Rodrigo como su única fuerza, Verónica deberá reconstruir su vida desde cero, enfrentándose a sus miedos, a un pasado que insiste en perseguirla y a un hombre que solo entenderá lo que perdió cuando ya sea demasiado tarde.
Porque a veces la vida primero te rompe… para después enseñarte a renacer.
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Prólogo.
Hay historias que nacen del amor… y otras que nacen de la necesidad de sobrevivir.
La de Verónica Castillo comenzó mucho antes de que ella lo entendiera.
Desde pequeña aprendió que la vida no siempre es amable con quienes tienen el corazón noble. Creció entre ausencias por parte de sus padres, pues estos separaron cuando ella apenas tenía 3 años de edad; ambos le hicieron su vida con parejas diferentes, su padre se mudó a vivir con su nueva mujer a Venezuela y su madre tiempo después conoció a otra persona con la que se fue del pueblo hacía la ciudad, dejando a Verónica al cuidado de sus abuelos meternos. Entre silencios que nadie explicó y entre despedidas que llegaron demasiado pronto. Mientras otros niños corrían libres por los patios, Verónica aprendía a ser fuerte, a guardar sus preguntas y a aceptar que algunas personas simplemente se marchan.
Cinco años después su madre regresó a su vida, de la mano de otro hombre y con tres hijos más. Verónica de sintió feliz de volver a tener el amor de su mamá nuevamente con ella y también el de sus hermanos, Pero todo fue cambiando cuando él nuevo esposo de su madre mostraba más preferencia por sus propios hijos, llegaron las discusiones, los regalos sin sentido y los castigos. Pero ella siempre aguantó todo con tal de que sus hermanos no vivieran lo mismo que ella vivió. Pronto llegó otra hermana y la familia creció.
Pero aun así, Verónica nunca dejó de creer en el amor.
Creyó en él cuando decidió construir un hogar con el hombre que prometió cuidarla. Creyó en él cuando nacieron sus hijos y sintió que su corazón se volvía más grande de lo que jamás imaginó. Creyó en él incluso cuando las grietas empezaron a aparecer en la vida que había construido.
Porque cuando una mujer ha pasado gran parte de su vida sintiéndose sola, a veces se aferra con todas sus fuerzas a lo poco que tiene y Verónica tenía dos pequeños mundos que dependían de ella.
Samuel y Rodrigo.
Dos niños que llenaban la casa de risas, preguntas inocentes y abrazos que parecían capaces de reparar cualquier herida. Ellos no sabían nada de los miedos que su madre escondía detrás de una sonrisa cansada. No sabían de las noches en las que ella lloraba en silencio para que nadie escuchara su dolor.
Para ellos, su mamá siempre era fuerte. Pero la verdad era otra.
Porque incluso las mujeres más valientes se rompen cuando el amor se convierte en desprecio, cuando el respeto desaparece y cuando el hogar deja de sentirse como un refugio.
Aun así, Verónica seguía adelante.
No porque fuera invencible.
Sino porque cada vez que pensaba en rendirse, una pequeña voz la llamaba desde el otro lado de la habitación: —Mamá.
Y esa sola palabra era suficiente para recordarle que no podía detenerse.
Esta no es la historia de una mujer perfecta.
Es la historia de una mujer que tuvo miedo, que cometió errores, que soportó más de lo que debería… y que un día, al mirarse al espejo, entendió que merecía algo diferente.
A veces el verdadero comienzo no llega cuando todo está en calma.
A veces llega en medio del cansancio, de las lágrimas y del dolor… justo en el momento en que alguien decide que ya no puede seguir viviendo de la misma manera.
Y cuando ese momento llegó para Verónica Castillo, ella tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre.
Una decisión difícil y dolorosa. Pero también la única que podía salvarla.
Porque a partir de ese instante, incluso cuando el camino se volviera incierto y el miedo intentara detenerla, habría una promesa que guiaría cada uno de sus pasos.
Una promesa silenciosa que nació en lo más profundo de su corazón de madre.
Verónica no sabía cómo lo lograría. Pero de algo estaba completamente segura. No iba a rendirse.
Y aunque en ese momento el dolor le rompiera el alma y las lágrimas cayeran en silencio durante muchas noches, había algo que Verónica aún no sabía…
Su historia no estaba destinada a terminar en tristeza. Porque la vida, caprichosa y sabia al mismo tiempo, tenía preparado algo que ella jamás imaginó.
Un día, cuando las heridas comenzaran a cicatrizar y su corazón volviera a latir con un poco más de calma, alguien aparecería en su camino. Alguien que no llegaría a exigirle nada, sino a demostrarle con hechos lo que durante años creyó no merecer: respeto, ternura, compañía y amor verdadero.
Y entonces, cuando Héctor finalmente comprendiera todo lo que perdió… cuando el arrepentimiento tocara su puerta demasiado tarde… Verónica ya no sería la misma mujer que dejó atrás.
Para ese momento, ella ya habría aprendido a amarse, a levantarse por sí misma y por sus hijos.
Y quizás, solo quizás… ya habría encontrado a alguien que le enseñara que el amor no tiene que doler para ser real.
Rosa esta novela con esta trama de superación me fascinó te felicito gracias por compartir tu talento con todas las lectoras que Dios te bendiga siempre saludos desde 🇻🇪🤗😘🙏🏻🌷
🥰
bendiciones