Irina Vólkov es la vergüenza de su familia. Omega sin loba, gorda y relegada a fregar platos mientras su hermana gemela Astrid brilla como la bendecida por la diosa luna. La noche de su cumpleaños 18, su padre la anuncia como ofrenda al Rey Theron Blackmoor — un alfa maldito del que nadie habla sin bajar la voz.
Lo que nadie sabe es que antes de esa noche, en un lago escondido entre las montañas, una bestia enorme la encontró desnuda bajo la luna. No la atacó. Solo la miró. Como si la estuviera esperando.
Ahora Irina está encerrada en un castillo oscuro con un rey que la desprecia de día y una bestia que duerme a sus pies de noche. Con una ceremonia que puede unirla a él para siempre — o matarla si la diosa luna decide que no es suficiente. Con una hermana dispuesta a todo por quitarle lo que tiene. Y con una loba despertando dentro de ella que le susurra lo que Irina se niega a aceptar:
Que la bestia la eligió primero.
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CAPÍTULO 13 Diente del Diablo
La bestia llegó al Diente del Diablo en menos de tres horas.
Corrió a plena luz del día destrozando la maleza a su paso, saltando barrancos, cruzando la barrera del territorio sin detenerse. Lo que los humanos vieron desde la carretera no supieron explicarlo. Lo que los lobos del perímetro vieron los dejó mudos: la bestia de su rey corriendo bajo el sol, algo que no debería ser posible, algo que rompía cada regla de la maldición.
La formación rocosa se alzaba entre los pinos como un colmillo partido. Roca negra, grietas profundas. Y debajo, un sistema de cuevas que apestaba a magia vieja y a sangre.
La bestia lo sintió antes de verlo. El hilo de dolor que la había guiado toda la noche pulsaba con una intensidad que la enloquecía. Cada latido de Irina le llegaba al pecho como un puñetazo. Débil. Cada vez más débil.
Se lanzó contra la entrada de la cueva.
Y rebotó.
La barrera mágica la golpeó como un muro invisible. La bestia salió despedida hacia atrás, rodó por la tierra y se levantó con un rugido que arrancó pájaros de los árboles en un radio de un kilómetro. Embistió de nuevo. Lo mismo. Una fuerza sin olor ni forma que la repelía cada vez que intentaba cruzar.
Magia de sangre. Anti-licántropo. Diseñada para esto. Para mantenerla fuera mientras adentro destrozaban a su compañera.
La bestia rugió. Mordió la roca hasta que los colmillos le sangraron. Arañó la piedra hasta que las garras se le astillaron. Golpeó la barrera con todo su peso, una y otra vez, cada impacto más brutal que el anterior, cada rebote más doloroso.
No podía entrar.
Volvió a golpear. La piedra alrededor de la entrada se agrietaba con cada impacto, pero la barrera no cedía. Le sangraban las patas. Le sangraba la boca. El pelaje estaba empapado de su propia sangre y de polvo de roca.
No le importó. Golpeó de nuevo.
Adentro, Irina ya no gritaba.
La bruja vieja le había puesto las manos en el pecho por tercera vez en lo que podían ser horas o días. Ya no sentía dolor. Eso era lo peor. Cuando dejó de doler fue cuando supo que algo estaba realmente mal.
Ya no sentía las muñecas. Ni los tobillos. Ni las piernas. El cuerpo se le iba apagando como una casa a la que le van cortando la electricidad habitación por habitación.
Kira, llamó.
Silencio. Llevaba horas sin escucharla. La plata la tenía tan hundida que Irina ya no sabía si su loba dormía o si la habían matado desde adentro.
La bruja joven entró al sótano.
—Hay algo afuera —dijo, mirando hacia el techo—. Algo grande. Lleva horas golpeando la barrera.
La vieja no levantó la vista de Irina.
—La barrera aguanta. Que golpee.
—¿Y si la rompe?
—No puede. Cuatro generaciones de magia de sangre protegen este lugar. Ningún lobo, por grande que sea, puede cruzar. —Le sacó otra oleada de esencia a Irina. Algo que salió de su pecho como humo transparente y que la bruja absorbió por las palmas de las manos—. Esta tiene más de lo que pensé. La sangre Vólkov mezclada con algo antiguo. Podemos sacarle más.
—¿Cuánto más?
—Hasta que no quede nada.
Irina escuchó los golpes a través de la piedra. El sonido amortiguado de algo enorme estrellándose contra la montaña, una y otra y otra vez. Y los aullidos. Desesperados. Rotos. El sonido de un animal que sabe que lo que busca está a metros de distancia y no puede llegar.
Está ahí, pensó. Vino a buscarme y no puede entrar.
Quiso gritarle. Quiso decirle que estaba aquí abajo, que seguía viva, que no se fuera. Pero la voz no le salió. Ya no le quedaba voz ni fuerza ni nada.
Solo el sonido de los golpes contra la piedra. Cada vez más débiles.
O tal vez era ella la que se debilitaba.
No te vayas, pensó. Por favor. No te vayas.
*
El equipo de rastreo llegó al atardecer. Doce rastreadores, dos sanadores, tres guerreros. Y Rolf, el brujo viejo de ojos disparejos, montado en un caballo que parecía tan harto de la vida como su dueño.
Lo que encontraron los dejó helados.
La bestia estaba frente a la entrada de la cueva. Pero ya no embestía. Estaba echada contra la barrera invisible, con el cuerpo presionado contra ella como si pudiera atravesarla por pura voluntad. Las patas delanteras eran un amasijo de carne y hueso expuesto. La boca le sangraba por los colmillos rotos. El pelaje, empapado de sangre, se le pegaba al cuerpo.
Gemía. No rugía ni aullaba. Gemía. Un sonido bajo, continuo, que salía de lo más profundo de su garganta y que ninguno de los lobos presentes había escuchado jamás.
El sonido de algo que se está rindiendo.
—Por la diosa luna —murmuró el capitán de los guerreros.
Rolf se bajó del caballo. Se acercó a la barrera con las manos levantadas. Cerró los ojos. Los abrió.
—Magia de sangre del clan de las Cenizas —dijo—. Cuatro capas. Reforzada con hueso de lobo. Esto no se rompe a golpes, muchacho. Por eso llevas horas ahí.
La bestia lo miró. Los ojos amarillos, inyectados en rojo, lo enfocaron un segundo antes de volver a la barrera. Presionó la cabeza contra ella. Otro gemido.
—¿Puedes romperla? —preguntó el capitán.
Rolf se rascó la barba. Caminó alrededor de la entrada. Tocó la roca. Murmuró algo. Se arrodilló y puso las manos en la tierra.
—Puedo debilitarla. Pero cuatro capas de magia de sangre... necesito tiempo.
—¿Cuánto?
—Horas.
—No tenemos horas.
—Entonces no tenemos barrera rota. Elige.
El capitán miró al cielo. El sol bajaba. La Luna Roja empezaba a teñir el horizonte de un rojo oscuro que parecía sangre diluida en agua.
La ceremonia. La Luna Roja estaba saliendo. Y ellos estaban aquí, frente a una cueva sellada, con la futura luna del rey muriéndose adentro.
—Trabaja —dijo el capitán—. Todo el tiempo que necesites.
Rolf empezó.
Las horas fueron una agonía.
Rolf trabajaba en silencio. Dibujaba símbolos en la tierra, murmuraba palabras que sonaban a piedras cayendo, y de vez en cuando sacudía la cabeza y empezaba de nuevo. La primera capa de la barrera tardó una hora en caer. La segunda, otra hora. La tercera se resistió.
—Esta está anclada con hueso —dijo Rolf, sudando—. Necesito más poder del que tengo.
La bestia seguía echada contra la barrera. Ya no gemía. Solo respiraba. Pesado. Lento. Como si cada respiración fuera un esfuerzo que no sabía si valía la pena seguir haciendo.
La Luna Roja subió en el cielo. Enorme. Roja como la sangre. Iluminando las montañas con esa luz que no era de plata sino de fuego.
La ceremonia debería estar pasando ahora. Irina y Theron, de pie bajo la luna, unidos por la diosa. Eso debería estar pasando.
En lugar de eso, Irina se moría en un sótano y la bestia se desangraba frente a una cueva.
Uno de los sanadores se acercó a la bestia.
—Está perdiendo mucha sangre —dijo—. Si no tratamos las heridas...
—No la toques —dijo el capitán—. No va a dejarse tocar. No ahora.
La bestia abrió un ojo. Miró al sanador. El sanador retrocedió.
—Mejor no —confirmó.
La Luna Roja alcanzó su punto más alto a medianoche. Rolf seguía trabajando en la tercera capa. Dos rastreadores lo ayudaban sosteniendo antorchas. Los demás montaban guardia en el perímetro.
A la una de la mañana, la tercera capa cedió.
—Una más —dijo Rolf, con la voz ronca de agotamiento—. La última. Pero es la más fuerte.
—¿Cuánto?
—No sé. Podría ser una hora. Podrían ser tres.
El capitán miró a la bestia. Estaba inmóvil. Los ojos cerrados. Si no fuera por la respiración, habría pensado que estaba muerta.
—Hazlo —dijo.
Adentro, Irina flotaba.
No estaba consciente ni inconsciente. Estaba en un lugar intermedio, gris, donde el dolor ya no llegaba pero donde tampoco llegaba nada más. No sentía el cuerpo. No sentía las cadenas. No sentía el frío de la piedra ni el calor de la vela.
Flotaba en la nada.
¿Esto es morirse?, pensó. ¿Es así? ¿Te vas apagando hasta que no queda nada?
Algo se movió en la oscuridad. Lejano. Débil. Como una chispa en un cuarto sin luz.
¿Kira?
La chispa parpadeó.
¿Kira, eres tú?
Un susurro. Tan débil que podría haber sido su imaginación.
... aquí...
Kira. Aguanta. Por favor. No te vayas.
... tú... no... te vayas...
No me voy a ir. Te lo prometo. No me voy a ir.
La chispa se apagó.
Irina quedó sola en la oscuridad.
Afuera, la Luna Roja empezó a descender. El cielo se aclaró en el horizonte este. El amanecer se acercaba.
La bestia abrió los ojos una última vez. Miró la barrera. Miró la luna desapareciendo. Y emitió un sonido que no era aullido ni gemido ni rugido.
Era un sollozo.
La Luna Roja se fue.
La ceremonia no se realizó.
Y adentro de la cueva, Irina Vólkov dejó de respirar por primera vez.
El sanador del equipo lo sintió.
—¡Se nos va! —gritó, aunque estaba del otro lado de la barrera—. ¡Se nos va, Rolf! ¡Apúrate, maldita sea!
Rolf puso las dos manos en la roca. Cerró los ojos. Y gritó una palabra que nadie entendió pero que hizo temblar la montaña entera.
La cuarta capa se agrietó.
Pero no se rompió.
💜✨ MENSAJE DEL DÍA ✨💜
Mis lectoras hermosas 😘
Mañana es viernes y ustedes saben que no suelo actualizar los fines de semana… pero hoy tengo curiosidad 👀
👉 ¿Quieren un buen MARATÓN? 🔥📖
Si de verdad lo quieren, necesito verlas bien activas en los comentarios 💬❤️
Quiero saber cuántas están listas para más capítulos, más drama y más intensidad 😏
Así que no se me escondan… ¡las quiero ver participando! 💋
Dependiendo de lo que vea, ya saben que puedo consentirlas 😉🔥
Las adoro 💕
— CINVAN ✨
conchole que toda la energía negativa que carga el hijo de la bruja se le devuelva y nada arruine el ritual de la Luna Roja 🤞🏼🤞🏼🤞🏼🤞🏼
felicidades AUTORA