Natalia está al borde del divorcio, pero un accidente lo cambia todo.
Branko su esposo, sufre un accidente y puede leer los pensamientos de su aún esposa y descubre muchas cosas, Natalia es fría por fuera, pero caótica por dentro, se entera que ella ha estado enamorada de él durante mucho tiempo y ahora es él quien no quiere divorciarse. ¿DIVORCIO? ESO JAMÁS
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Cap. 2. El accidente (y los pensamientos que vuelan)
Natalia se levantó con parsimonia, recogió su taza de café sin beber y la llevó al fregadero. Su espalda recta. Su paso firme. No iba a llorar delante de él. Eso lo hacía en la ducha, donde el agua podía disimularlo.
NATALIA
—Firma los papeles —dijo sin voltearse—. Están sobre tu escritorio.
Branko se puso de pie de golpe. La silla chirrió contra el suelo. Natalia sintió sus pasos acercarse, pero no se movió. No le daría ese gusto.
BRANKO
—No voy a firmar nada —dijo él, la voz tensa—. No hablamos de esto ahora.
Y se fue.
Salió de la cocina como un huracán contenido, con los hombros rígidos y las manos en los bolsillos. Natalia lo escuchó subir las escaleras de dos en dos, después la puerta de su oficina cerrándose con un golpe seco.
Se quedó en la encimera de la cocina, mirando un sticker ridículo en el refrigerador. Era un imán con forma de aguacate que decía "Todo va a estar aguacate".
—Mentira —susurró Natalia—. Nada va a estar aguacate.
Horas después. Oficina de Natalia. Edificio Santino, piso 22.
Ella revisaba informes trimestrales con una mano, mientras con la otra sostenía un café bien cargado. Su mente, como siempre, funcionaba en tres pistas a la vez: la primera analizaba datos financieros; la segunda repasaba mentalmente todos los chismes que había escuchado en la comida de la semana pasada (la cuñada de la secretaria de su socio estaba embarazada de otro que no era su marido); la tercera, la más peligrosa, no dejaba de dar vueltas a la imagen de Branko sentado en esa mesa, diciendo "No voy a firmar nada".
"¿Por qué no quiere firmar?" pensó Natalia, frunciendo el ceño frente a una hoja de cálculo. "Sería tan fácil. Yo me voy a mi casa, él se queda con su mansión y su Valeria, y todos felices. Bueno, yo no feliz, pero al menos no tendré que verle la cara perfecta cada mañana. y mi parte de los bienes aseguradas"
El teléfono sonó.
Natalia lo miró. Número desconocido. Lo ignoró.
Volvió a sonar.
Lo ignoró otra vez.
Tercera llamada. Suspiró y contestó.
—¿Sí?
—Señora Sitik —una voz de mujer neutra, profesional—. Le hablo del Hospital Kenian. Su esposo ha tenido un accidente automovilístico. Presenta una contusión cerebral. Necesitamos que venga lo antes posible.
Natalia resopló. No de preocupación —eso sería mostrar debilidad—, sino de fastidio puro.
—Bien, ya voy —dijo.
Colgó. Tomó su cartera. Su asistente, Lila, una chica de veintitantos con cara de habérselas visto todas, salió corriendo detrás de ella.
—Señora, tenemos una reunión en veinte minutos con los coreanos, y usted dijo que esta—.
Natalia levantó la mano. Lila calló al instante.
—Pospón todo para mañana —dijo Natalia mientras caminaba hacia el ascensor con paso de reina—. Mi futuro exesposo está en el hospital. No quedaría bien que yo siga negociando mientras él se muere en una camilla.
—¿Se muere? —preguntó Lila, alarmada.
—Exageraba. Pero igual viene al caso. —Natalia entró al ascensor y, antes de que se cerraran las puertas, añadió—: Abre el registro compartido. Quiero saber la causa de su accidente. Llámame en cuanto lo tengas.
Las puertas se cerraron. Lila se quedó parada en el pasillo, moviendo la cabeza.
—Qué par de locos —murmuró, y fue a posponer a los coreanos.
*_*
Cuando Natalia llegó al Hospital Kenian, la recibió un olor a antiséptico y desesperación. Cruzó los pasillos con pasos rápidos, ignorando a los enfermeros que intentaban darle indicaciones. Ella ya había localizado la habitación por el número que le dieron: 412.
Entró sin llamar.
Branko estaba sentado en la cama. Tenía una venda en la cabeza —blanca, enorme, ridícula— y algunos moratones en el rostro. El morado le daba un aire peligroso, como de boxeador después de una pelea. Su camisa blanca estaba manchada de sangre seca. Y aun así, joder, seguía siendo el hombre más atractivo que Natalia había visto en su vida.
Eso la enfureció aún más.
—Cómo te sientes —dijo Natalia, cerrando la puerta. No era una pregunta. Era una constatación.
—Como si me hubiera accidentado —respondió Branko, con su voz plana.
Natalia tomó asiento en la silla de plástico junto a la cama. Cruzó las piernas. Lo miró.
"Vaya, este idiota desayunó payaso", pensó su mente, que ya volaba por su cuenta. "¿Cómo se las arregla para estar tan ridículamente guapo incluso con una venda en la cabeza? Parece un modelo de campaña de donación de órganos. 'Done su hígado, luzca como este hombre'".
Branko parpadeó.
"Pero es solo eso", continuó Natalia en su pensamiento, sin saber que él la escuchaba. "Guapo. Sin inteligencia. ¿Quién choca el mismo día que su esposa le pide el divorcio? Un genio, sin dudas."
Branko la miraba fijamente. Demasiado fijamente.
—¿Qué? —preguntó Natalia, en voz alta—. ¿Me miras porque te duele la cabeza o porque te perdiste en mis ojos hermosos?
—¿Perdón? —dijo él.
"Ay, Dios, hasta cuando se confunde es bonito", pensó ella. "Lo estrangularía con el tiro de mi bolso si no estuviera tan lastimado. Aunque, pensándolo bien, quizá eso lo haría más atractivo. Soy un caso perdido."
Branko abrió la boca. La cerró. Sus ojos grises se habían vuelto enormes.
—¿Te pasa algo? —preguntó Natalia en voz alta—. ¿Te dio la contusión en la boca? Porque estás haciendo el mismo gesto que un pez fuera del agua.
—No —dijo Branko, con voz extraña, como si hubiera visto un fantasma—. No me pasa nada.
"Miente", pensó ella. "Miente todo el tiempo. Igual que cuando dice que Valeria es solo una amiga. Ojalá le hubiera dado más fuerte en la cabeza. Quizá así perdía la memoria y se olvidaba de ella. Y de paso se olvidaba de mí, que es lo mismo."
Branko se llevó una mano a la venda, como si le picara. O como si necesitara sostenerse.
Natalia recibió un mensaje en el teléfono. Lo miró distraída.
Lila: "Señora, la causa del accidente: iba hablando por teléfono en el momento del impacto. Los registros muestran que estaba al teléfono con el contacto 'Valeria AP' cuando ocurrió el choque. ¿Necesita algo más?"
Natalia levantó la vista del teléfono y miró a Branko con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—¿Sabes? —dijo en voz alta, con esa calma aterradora que solo ella dominaba—. Es curioso cómo funciona el universo. Una persona puede estar hablando tranquilamente por teléfono con su amiga, confiando en que la carretera es segura, y de repente... pum. La vida te recuerda que las decisiones tienen consecuencias.
Por eso la preferencia con Lucia es su hija Natalia nunca le dieron un trato adecuado.