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Fragmentos De Un Alma Bajo La Lluvia.

Fragmentos De Un Alma Bajo La Lluvia.

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Maltrato Emocional
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Ely Vazquez

"Aitana creció bajo el ruido de los pleitos de fin de semana y el silencio de un abuso que nadie vio; esta es la historia de cómo una niña rota buscó su hogar en manos ajenas, descubriendo que el pasado siempre reclama su lugar bajo la lluvia."


Me llamo Aitana y mi vida se divide en fragmentos. El primero se rompió cuando tenía seis años en el baño de una casa ajena; el último, cuando entregué la llave de mi alma a quien juró protegerme. He vivido entre el ruido de botellas vacías y el silencio de un secreto que me quemaba la garganta. Si buscas una historia de finales felices, sigue de largo; pero si quieres saber cómo se siente amar hasta quedar vacía y cómo se sobrevive cuando tu 'casa' se derrumba, quédate conmigo bajo la lluvia.


si sientes que esta historia no te gusta a favor de solamente dejar de leerla y absténgase a denuncias.

NovelToon tiene autorización de Ely Vazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El eco de la humillación.

NARRADOR

Para Aitana, asistir a una reunión en casa de su tía era como caminar descalza sobre cristales rotos. No era solo la incomodidad de las críticas familiares lo que la asfixiaba, sino el hecho de que esa casa era el territorio de su pasado más oscuro. Su tía, que compartía su mismo nombre, era la madre del primo que años atrás había despedazado su inocencia. Estar allí, respirando el mismo aire que su agresor, ver cómo él circulaba por las habitaciones con la impunidad que da el silencio, era una tortura que Aitana soportaba en un mutismo absoluto. Nadie en esa mesa sabía que, mientras brindaban y reían, ella estaba librando una batalla interna para no desmoronarse. Su tía, maestra en su preparatoria y figura de autoridad, debería haber sido un puerto seguro, pero esa tarde se convertiría en su verdugo público.

La fiesta bullía con el sonido metálico de los cubiertos contra la porcelana y las conversaciones cruzadas que Aitana apenas escuchaba. Ella se mantenía en los márgenes, ocupando el mínimo espacio posible en su silla, con la mirada fija en su plato. El desprecio de su familia hacia ella era algo "normalizado": críticas sobre si había subido de peso, sobre su ropa o sobre su timidez. Estaba acostumbrada a ser el blanco de comentarios hirientes, pero nada la preparó para lo que su tía estaba a punto de soltar frente a todos.

—Fíjense que allá en la escuela uno se entera de cosas increíbles —soltó la tía, captando la atención de la mesa con esa seguridad que le daba su puesto de maestra—. Los muchachos de ahora no tienen filtro. El otro día, en el salón de Ricardo, lo escuché diciendo algo que me dejó pensando. Él anda con un dicho muy firme: dice que "la chancla que él tira, no la vuelve a recoger".

El tiempo pareció detenerse para Aitana. Sintió un frío súbito en el estómago seguido de una oleada de calor que le quemó las mejillas. Sabía perfectamente que, en esa metáfora cruel, ella era la chancla desechada. El silencio que siguió a la frase fue breve, apenas una pausa dramática que su tía utilizó para clavarle la mirada con una saña mal disimulada.

—Pero ya vi que aquí sí la vuelven a recoger, ¿verdad, sobrina? —remató la mujer, soltando una risita que fue la señal para que el resto de la familia estallara en carcajadas.

Las risas no eran malvadas en apariencia, eran esas risas familiares que minimizan la crueldad bajo el nombre de "broma", pero para Aitana fueron como latigazos. Miró a su alrededor y vio rostros conocidos burlándose de su falta de amor propio, de su supuesta humillación pública. Se sintió pequeña, insignificante, una pieza de desecho que alguien había decidido "recoger" por lástima. En esa mesa, frente a la madre de quien la había dañado de niña, Aitana comprendió que su dolor no importaba; ella era solo el chiste de la tarde.

Cuando finalmente pudo estar a solas con Ricardo, el dolor que Aitana llevaba en el pecho era una masa pesada que apenas la dejaba hablar. Esperaba una explicación, un arrepentimiento, algo que limpiara la suciedad que sentía encima.

—Ricardo, mi tía lo dijo en la fiesta... frente a todos. Dijo que tú vas por la prepa diciendo que no recoges chanclas que ya tiraste. ¿Por qué dijiste eso de mí? —le preguntó con la voz temblorosa, buscando sus ojos.

Ricardo, sin embargo, tenía preparada la red de manipulación perfecta. No se puso nervioso, ni se indignó; usó una calma aterradora que hizo que Aitana dudara de sus propios oídos.

—Ay, Aitana, de verdad que tú crees todo lo que te dicen —dijo él, suspirando como si estuviera lidiando con una niña pequeña—. ¿Tú crees que yo diría eso? Yo te amo, estoy contigo a pesar de todos los problemas. Tu tía es una mentirosa, lo inventó para vernos pelear porque le cae mal que estemos juntos. Ella siempre te ha criticado, ¿por qué le crees a ella y no a mí?

Él no solo negó la verdad, sino que la envolvió en una narrativa donde él era su único protector contra una familia malvada. "Yo estoy contigo a pesar de todo", repetía él, sembrando la idea de que ella tenía suerte de tenerlo, de que nadie más la querría con su historia y sus inseguridades. Poco a poco, con frases cortas y "cuidados" que en realidad eran cadenas, Ricardo fue minando su confianza. Si ella quería salir, él le recordaba lo peligrosa que era la calle; si quería ver a alguien, él le mencionaba lo mucho que esa persona hablaba a sus espaldas. El maltrato emocional no llegó como un golpe, sino como una neblina que la fue cegando hasta que ella dejó de ver su propia valía.

Este dominio absoluto se filtró hasta lo más profundo de su ser: su intimidad. Los encuentros físicos se volvieron una extensión de esa dinámica de poder. Para Aitana, estar con él ya no era una elección, sino un requisito para mantener esa precaria paz. En la oscuridad de la habitación, el contraste entre ambos era una herida abierta. Ricardo se entregaba a su propio placer con una voracidad que ignoraba por completo a la mujer que tenía debajo. Para él, el acto era una confirmación de su propiedad; para ella, era una disociación obligatoria.

—¿Te gusta? —le preguntaba él, con la respiración entrecortada y los ojos perdidos en su propio goce—. Dime que se siente bien, Aitana.

Aitana, con los puños apretados contra las sábanas y la mirada fija en alguna mancha del techo, forzaba las palabras que sabía que él quería escuchar para terminar rápido.

—Sí... sí, está bien... sigue —respondía ella con una voz que sonaba a madera seca, vacía de cualquier rastro de emoción.

—¡Es que eres mía! —exclamaba él, hundiéndose en su propio placer, ajeno a la rigidez del cuerpo de ella.

—Mmm, sí... —decía Aitana, mientras su mente activaba el mecanismo de defensa que había perfeccionado: aguantar la respiración.

Contenía el aire en sus pulmones hasta que sentía que el pecho le iba a estallar. Si no respiraba, sentía que no estaba ahí. Si no respiraba, los toques de Ricardo —que para ella eran invasiones, no caricias— se sentían más lejanos. Fingía gemidos que había copiado de escenas de películas, sonidos huecos que lanzaba al aire para satisfacer el ego de un hombre que nunca se detuvo a notar que ella estaba conteniendo el aliento por puro dolor emocional. Su cuerpo era un envase que ella prestaba, mientras su alma se escondía en un rincón oscuro de su memoria, esperando que el encuentro terminara para poder volver a inhalar y sentirse, al menos, dueña de su propio oxígeno.

Para ella, no existía el "hacer el amor". Solo existía el "hacerlo por hacerlo", un trámite mecánico marcado por el trauma de su infancia que se reactivaba con cada movimiento. El fantasma de su primo, el hijo de la tía que la humilló, parecía estar presente en la habitación, recordándole que su cuerpo siempre había sido un territorio de otros.

Aitana se estaba convirtiendo en una sombra. Había aceptado la etiqueta de "chancla recogida" que su familia le impuso y la de "propiedad agradecida" que Ricardo le vendió. Estaba atrapada en una red de mentiras y abusos emocionales que ella, en su hambre de afecto, confundía con un refugio. No se daba cuenta de que cada vez que aguantaba la respiración, estaba muriendo un poco por dentro, entregando su libertad a cambio de una compañía que la despreciaba en público y la consumía en privado. El refugio de cristal estaba lleno de grietas, y el aire allí dentro era cada vez más escaso, dejando a Aitana en un estado de asfixia permanente del que no sabía cómo despertar.

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Sakura
y si no hablas nunca vas a volver a tener tu casa para ustedes dos
Sakura
hablar mija
Sakura
por dios niña cuando vas a soltarte tienes que dejar de pensar así y abrirte hablar con un sicólogo que te ayude por que vas a venir perdiendo a tu pareja
Mary Ney
Hasta cuando
Sakura
por diós mujer si sigues como vas lo vas a peder
Mary Ney
Aitana deja que la luz envuelva tu oscuridad ama Julian estudia en linea ocupa tu espacio ☺️
Sakura: tienes que empezar a soltarte querida a darte la oportunidad más con el sienta que lo quiere la palabra amor no es algo que va a salir a la primera es algo que se empieza a sentir con el tiempo con la convivencia tienes que abrirte más si miedo se Por todo lo que a pasado pero es tiempo de sanar tanto tu cuerpo alma y a ti misma
total 1 replies
Mary Ney
Que encuentre su amor hasta ser viejitos 🤭
Mary Ney
Que bueno que encontró su nido
Sakura
eso es poco a poco
Sakura
ahora te toca a ti empezar a sentir y no pensar ni deja que el miedo te controles ya es hora de que seas feliz y sin miedo
Sakura
que bueno es hora de soltar el pasado
Mary Ney
Ojalá Julian sea indicado y le de amor y la familia de Julian la quiera como una hija, pueda dejar todo atrás y tener una familia y ya no se rompa más. Todos merecemos una oportunidad siempre queremos que aunque llueva mucho vuelva salir el sol 🥰☺️
Sakura
eso así es es hora de despertar y ser feliz por primera vez tener esa felicidad que te hab negado
Mary Ney
Si sigue así no la llevan si no a una tragedia, se levanta ella se retira del mundo 😭😭
Sakura
cuando vas a despertar
Sakura
enserio de nuevo
Sakura
😭
Mary Ney
Que horible su vida los adolescentes se quintana la vida los padres no se dan cuenta que ellos llevan a ese destino 😭😭😭😭
Mary Ney
Qué dolor su hermana tampoco un apoyó , los padres terrible y ni siquiera madre 😭😭😭más capítulos
Sakura
que asco de padres te toco
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