Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
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LA ENTREVISTA
NARRADOR
Christina se mostró tranquila. Estaba esperando que su esposo le dijera que día, Victoria podía ir a la entrevista.
Llegó el día miércoles, uno que aparentaba ser normal para todos, pero que pronto cambiaría aún más la vida de quién hasta ese momento era una simple recepcionista.
Trevor llegó a recoger a su esposa para ir a almorzar. Al llegar al restaurante, él le abrió la puerta como un caballero y apoyó la mano en su espalda para guiarla a una de las mesas apartadas. No era cariño, era costumbre. Los modales y la etiqueta formaban parte de la pareja.
Él como todo un caballero, apartó la silla y espero a que ella estuviese cómoda para sentarse. Aquel gesto de pura cortesía no la conmovía ni la hacía sentir especial. Su esposo era así, siempre lo había sido. Especial en su manera de tratar, educado y caballeroso, pero salvaje en la intimidad que apenas compartían.
Christina lo conocía como la palma de su mano, pero no lo dominaba. Nunca había podido. En la intimidad la diferencia de ambos era aún mayor. Trevor por varios meses había intentado dominarla, pero ella jamás se lo había permitido. Él simplemente dejó de insistir sin obligar, sin levantar la voz ni una sola vez.
Para el matrimonio el sexo era un simple trámite, una obligación, un derecho en la pareja. No era un encuentro salvaje ni apasionado, era predecible en toda la extensión de la palabra. Los dos lo sabían, no eran compatibles.
Muchas mujeres babeaban por Trevor. Christina era testigo. La mesera que los atendió se había sonrojado al verlo y se había mordido el labio en un gesto inconsciente. Esperaba que Victoria hiciera eso, aunque intuía que no ocurriría. Era demasiado asustadiza para ser espontánea y sensual. Eso era una apuesta, podía resultar atractiva para su esposo o simplemente no provocarle ni un mal pensamiento.
--Tu recepcionista, ¿Puede ir hoy a la entrevista? Tendré un momento libre porque la última reunión fue cancelada-- Trevor preguntó con su voz normal. Sin emociones ni matices
--La dejaré salir una hora antes para que vaya a verte. Contrátala, siento que desperdicio sus capacidades, pero creo que tú puedes aprovecharlas-- Él hizo un simple asentimiento
Christina esperaba que él aproveche todo lo que Victoria podía ofrecer con tal de que él solo quiera apartarse de su vida. No era un estorbo, pero estaba aburrida a su lado.
Después de almorzar, Trevor dejó a su esposa en la empresa y volvió a su trabajo.
Christina entró a la empresa y fue directamente a su oficina sin decirle nada a Victoria. Le avisaría con el tiempo justo. Tal vez eso haría que estuviese más relajada, aunque lo dudaba.
Faltando treinta minutos para la entrevista, Victoria contestó el teléfono.
--Junta tus pertenencias. Te irás antes. Tienes la entrevista de trabajo con mi esposo. No lo arruines-- Fue fría, autoritaria
--Señora, ¿Puede darme la dirección de la empresa?-- La CEO escuchó la voz temblorosa, educada y resignada de quién aceptaba su destino sin resistencia
--No será necesario. Pediré que te lleven-- La llamada terminó abruptamente sin despedida ni más instrucciones
Victoria sentía que se le saldría el corazón del pecho. ¿Cómo debería comportarse? Estaba demasiado nerviosa.
Ella guardó su teléfono dentro de su bolso. Ajustó la correa en su hombro y la apretó como si fuera un salvavidas en el medio del océano. El portero del edificio entró a buscarla. Había un Uber esperándola, previamente pago por órdenes de su jefa.
Ella subió al automóvil en silencio. El chofer comenzó a conducir. El trayecto a la empresa fue más corto de lo que esperaba.
Descendió del Uber y entró al edificio con un nudo en la garganta. La recepcionista la observó de pies a cabeza y le entregó una credencial para que pudiera subir al ascensor que la llevaría al piso del CEO.
Victoria llegó al último piso aún más nerviosa. Esperaba no desmayarse porque sentía que no lograba respirar correctamente.
--Tengo... tengo una entrevista... soy Victoria Pérez-- Mariela, la secretaria, comprendió que estaba nerviosa, pero no dijo nada
Al anunciar su llegada, la joven entró a la oficina y cerró la puerta. Se quedó de pie, lejos del escritorio.
--Siéntate. Trevor Montalvo-- Él la miró a los ojos y señaló la silla vacía. Después le ofreció su mano en un saludo profesional
--Victoria Pérez-- Correspondió el saludo y se sentó
Sus piernas temblaban y sus manos también.
Trevor la observó en silencio.
--Mi esposa te recomendó para el puesto que quedará vacante. ¿Ella te explicó algo?-- Preguntó con seriedad
--No, señor. La señora Jonas me dijo que tenía que asistir a esta entrevista-- Dijo incapaz de sostener la mirada verdosa del hombre frente a ella
--Es un trabajo más exigente de lo que es el tuyo. No quiero errores y necesito plena disposición para los compromisos que se presenten. Suelo tener viajes de negocios, cenas con clientes y necesito una secretaria que me acompañe para tomar apuntes-- Victoria escuchó
--Lo entiendo. Puedo cumplir-- Estaba segura de ser responsable para el puesto, aunque dudaba de estar a la altura de lo que había firmado
--Espero que así sea. Mi secretaria te explicará todo lo que necesites saber y te dará un contrato de confidencialidad con la empresa. Lo hablado en las reuniones no se trasmite fuera de la empresa. Ella te capacitará hasta el día viernes inclusive. El día lunes estarás trabajando sola. ¿Alguna duda?-- El parecía más recto e imponente que su actual jefa y eso le resultó más aterrador
Lo único que ella quería era irse y olvidar ese matrimonio, pero no era una opción.
--No, señor Montalvo-- Respondió intentando demostrar seguridad
--Puedes retirarte. Mariela se ocupará de ti-- Victoria se puso de pie, apoyándose en la silla para obtener estabilidad y salió de la oficina
Mariela la esperaba. Le explicó brevemente sus funciones y la llevó al área de recursos humanos para que firmara el contrato y el acuerdo de confidencialidad.
Al salir de la empresa soltó el aire contenido. Se sentía demasiado nerviosa y ansiosa. Por algún extraño motivo sintió que su antiguo empleo era más seguro y tuvo la ilusión de volver allí como recepcionista donde solamente debía sonreír y cumplir funciones simples. Trabajar con alguien como Trevor no le daba seguridad.
Su nuevo jefe debía medir más de 1.90 y parecía peligroso. Temía verlo enfadado. Si su ex prometido siendo de contextura más pequeña le había dado terror, no quería imaginarse con alguien como el marido de Christina.
ahora se va hacer la ardida 😡😡 ojalá no se dejen al chantaje de esta