Maximiliano "Max" Vogel no cree en el amor; cree en los resultados, en el poder y en el control absoluto. Es guapo, insultantemente rico y sabe que es inalcanzable. Para él, las mujeres son un juego de una sola noche, piezas de ajedrez en un tablero que siempre domina. Pero su estructura perfecta se tambalea cuando su hermano y mejor amigo, Luca, le pide un favor que no puede rechazar: supervisar la entrada de su mejor amiga al mundo laboral.
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decisión.
Poli salió de la oficina de Max para continuar con su trabajo.
Al atardecer como todos los empleados ya había terminado su trabajo y dos pares de mujeres bajaron del elevador y caminaron asta la oficina de Max, ellas parecían realmente modelos con piel perfecta ropa que era claramente de diseñador y sus cabellos rubios y ni se diga de sus curvas.impecables y con ese aire de superioridad que solo otorga el dinero heredado y la seguridad de ser siempre bienvenidas.
—¿Max está libre, querida? —preguntó una de ellas sin detenerse, con una voz aterciopelada y cargada de condescendencia, mientras se ajustaba un bolso de piel de cocodrilo que probablemente costaba más que la matrícula de Poli.
Antes de que Poli pudiera responder, la puerta del despacho de Max se abrió. Él salió ajustándose el saco, con esa expresión imperturbable que lo caracterizaba, pero que pareció suavizarse apenas un milímetro al ver a las recién llegadas.
—Llegan tarde —dijo Max, aunque no había rastro del látigo helado que solía usar con Poli.
—El tráfico en la ciudad es un horror, Max —respondió la otra, acercándose a él para darle un beso en la mejilla que dejó una marca sutil de labial perfectamente delineado—. Pero ya estamos aquí.
¿Nos vamos? David ya nos espera en el club.
Max lanzó una mirada fugaz hacia el escritorio de Poli. Sus ojos verdes chocaron con los de ella por un segundo, y Poli pudo jurar que vio una chispa de incomodidad, o quizá de ese odió que siempre le hacía ver.
—Señorita Poli —dijo Max, recuperando su tono profesional y distante—, ya puede retirarse. Asegúrese de que el informe de Lozano esté encriptado antes de irse. Mañana la quiero aquí a las seis y media, no a las siete. Tenemos mucho que discutir antes de la inspección.
Las dos rubias se giraron al unísono para observar a Poli, esta vez con una curiosidad teñida de desdén.
—¿Nueva secretaria, Max? —preguntó una de ellas, recorriendo el cabello rojo de Poli con una ceja arqueada—. Un color... llamativo.
—Soy la analista financiera de la presidencia —corrigió Poli, dedicándoles una sonrisa que tenía todo el filo de una navaja—. Que tengan una excelente noche, Max. Trata de no beber demasiado, no querrás amanecer con dolor de cabeza.
—Vámonos —ordenó Max a las mujeres, dándose la vuelta sin decir más.
— uyy prepotente egocéntrico, no me deja tranquila.— dijo poli apagando el computador para tomar su bolsa y bajar por el ascensor.
Al salir del edificio, el aire fresco de la noche en la Ciudad de México la golpeó, ayudándola a disipar la irritación que le provocaba la actitud de Max. No era solo su prepotencia; era la forma en que él parecía cambiar de máscara según quién tuviera enfrente.
—Seis y media... —murmuró para sí misma, mirando las luces de los rascacielos—. Quiere ver si me quiebro. No sabe que mi madre me enseñó a estar de pie antes de que el sol supiera que tiene que salir.
Poli decidió caminar un poco antes de pedir un transporte. Mientras avanzaba, su teléfono vibró en su bolso. Era un mensaje de Luca.
Luca: "Acabo de ver a Max salir con las 'Barbies de platino'. Siento que te hayas tenido que quedar hasta tarde aguantando su humor. ¿Quieres que pase por ti y cenemos algo? Invito yo (y no se aceptan discusiones sobre facturas)."
Poli sonrió frente a la pantalla. Luca era el bálsamo necesario para ese día de guerra. Sin embargo, antes de responder, un coche negro de vidrios polarizados bajó la velocidad a su lado. El cristal del copiloto descendió lentamente, revelando la figura de David, quien la observaba con una mezcla de diversión y algo que se parecía peligrosamente a la admiración.
—¿La analista estrella camina sola de noche? —preguntó David, recostándose en el asiento—. Max es un salvaje por dejar que una mujer como tú ande por aquí sin escolta. Súbete, te llevo a donde vayas.
ahora vien Max debe ya de aclarar sus sentimientos eso de que el ni quiere nada serio entonces va a estar con poli y luego se va con otras ojalá poli pinga las cartas sobre la mesa y dejarle claro que ella no es de compartir y que de una vez deje a la vanessa esa