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Sediento De Venganza

Sediento De Venganza

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Ethan es un joven que vive la vida a través de un cristal hasta que el destino le enseña que no todo lo que brilla es oro.

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Asegurando el futuro.

Durante dos años, Múnich fue el escenario de una comedia perfecta. Anelly se movió por los círculos más selectos con la gracia de una reina sin corona. Sin embargo, detrás de las risas compartidas, el humo de los cigarrillos y las madrugadas bañadas en champán, el orgullo de Anelly comenzó a sangrar en secreto.

Ella, que había desarmado al noble Ethan con una sola mirada, se encontró atrapada en la peor de las prisiones para una seductora: la zona de la fraternidad.

Anelly intentó cambiar las reglas del juego de manera sutil, quirúrgica. En los pasillos oscuros de los teatros, calculaba sus movimientos para tropezar y caer en los brazos de Elean, buscando que el impacto obligara a un roce de labios o a una respiración contenida. En las despedidas, prolongaba los abrazos más de lo debido, dejando que su perfume de rosas inundara los sentidos del joven. Provocaba saludos equívocos, rozando sus dedos con una lentitud sugerente al entregarle una copa.

Pero Elean no caía.

Él la miraba con una ternura genuina, limpia, desprovista de cualquier tensión carnal. La quería con locura, pero con el amor puro y protector que se le profesa a una hermana menor. Para un hombre que cambiaba de amantes cada semana y que veía la atracción física como un bien de consumo, la amistad de Anelly era un santuario sagrado que no estaba dispuesto a profanar con el deseo. No veía en ella ninguna posibilidad de amor, y ese rechazo implícito se convirtió en una espina clavada en el ego de la rubia.

La rutina del desenfreno se rompió una tarde gris de otoño. Elean citó a Anelly en el invernadero de la propiedad Leroux. Su semblante, habitualmente burlón e implacable, estaba ensombrecido por una seriedad que Anelly nunca antes había visto en él.

—Debo marcharme, Anelly. Regreso a Francia, a la antigua mansión familiar —dijo, mirando fijamente las gotas de lluvia que golpeaban los cristales—. Hay un asunto que me quita el sueño. Una obsesión de la que no puedo librarme.

Anelly sintió una punzada de alarma en el estómago.

—¿Un asunto de negocios? —preguntó, intentando mantener la voz casual.

—Una mujer —confesó Elean, y por primera vez, sus ojos reflejaron la vulnerabilidad de un hombre derrotado—. La vi hace añosn e un club exclusivo en París. No sé su nombre, no sé de dónde viene. Solo cruzamos una mirada antes de que se perdiera entre la multitud, pero su recuerdo no me deja respirar. Necesito encontrarla.

El mundo de Anelly se tambaleó levemente. El gran casanova, el hombre inmune a sus encantos, estaba perdiendo la cabeza por un fantasma. La envidia y el temor a perder su posición privilegiada se mezclaron en su pecho, pero su mente fría reaccionó con rapidez. Tenía que asegurar su sustento antes de que él cruzara la frontera.

Con el rostro confundido Anelly bajó la mirada, fingiendo una vergüenza aristocrática sumamente ensayada.

—Es una lástima que te vayas ahora... —susurró, entrelazando sus dedos de porcelana—. Justo hoy he recibido noticias de mis abogados. Mi padre... ha vuelto a retrasar el depósito de mi mensualidad.

Elean la miró con profunda simpatía. Conocía de memoria la historia que Anelly le había vendido: que ella era la segunda hija de un matrimonio multimillonario, dueños de un vasto conglomerado de franquicias comerciales e industriales. Según el relato de Anelly, sus padres, resentidos por no haber tenido un varón como segundo heredero, la habían obligado a firmar un documento legal donde ella cedía la administración activa de sus acciones a cambio de una jugosa renta mensual que le permitía vivir como una mujer de mundo. Una farsa brillante para justificar por qué una supuesta heredera jamás recibía visitas ni cartas familiares.

Para Elean, un hombre asquerosamente rico que gastaba fortunas en caprichos nocturnos, la situación de su "hermana" era inaceptable. No tenía motivos para desconfiar de la mujer que lo había acompañado fielmente durante dos años.

—No te preocupes por ese viejo avaro, Anelly —dijo Elean con desdén, metiendo la mano en su abrigo de lana fina. Sacó una tarjeta de crédito bancaria y una orden firmada de acceso a sus cuentas privadas en Múnich y se la extendió—. Úsala. Gasta lo que necesites mientras no estoy. Mi fortuna es tuya, ya lo sabes.

Anelly tomó el trozo de papel con una mezcla de triunfo y alivio. Al despedirse de él con un beso en la mejilla, vio el auto de Elean alejarse hacia la estación, dejándola sola en Múnich. El viento soplaba con fuerza, anunciando el invierno. Tenía el dinero del hombre más rico de la región en sus manos, pero por primera vez en dos años, el tablero se sentía peligrosamente vacío.

1
Alondra Linares
que historia tan bonita llena de mucho odio, ethan siendo rescatado del odio para vivir en oax
b zamitiz
🙂
Mindy Rey
Esa desgraciada tuvo tanta suerte y tiempo para hacer el mal en todo el mundo
Yolanda Luna
Maravillosa
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