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Sediento De Venganza

Sediento De Venganza

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Ethan es un joven que vive la vida a través de un cristal hasta que el destino le enseña que no todo lo que brilla es oro.

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Experto cazador.

Los días posteriores a la huida de Anelly se convirtieron para Ethan en un ejercicio de calibración absoluta. Mientras la rubia se ocultaba bajo el ala de la dinastía Leroux, el transilvano transformó las suites del hotel de gran lujo de París en un laboratorio de observación conductual. Su nueva conquista, la bella austriaca cuyo nombre real importaba tan poco como el de las demás, desplegó sobre él todo el arsenal de una profesional de la seducción de alta escuela.

Fueron jornadas saturadas de placeres calculados, cenas privadas a la luz de las velas y madrugadas de sábanas revueltas donde la mujer se empeñó en mantener al joven sumergido en un universo de diversión constante. Ella era experta en dosificar el deseo, en hacer sentir a su presa que poseía el control absoluto mientras, centímetro a centímetro, iba tejiendo la red de la dependencia.

Ethan, por el contrario, habitaba esos encuentros con la mente fría. Detrás de sus ojos de obsidiana, analizaba cada movimiento de la chica: la inclinación exacta de la cabeza al reír, el tono de vulnerabilidad fingida al hablar de su supuesta soledad en París, la cadencia de sus caricias. Descubrió que cada mujer en ese mercado de la carne y el estatus era sutilmente diferente en sus métodos, pero matemáticamente igual en sus objetivos. Ethan aprendía rápido; la experiencia con Anelly y el descarte de Amandine lo habían dotado de una intuición quirúrgica. Sabía perfectamente que tarde o temprano, aquella experta de los bulevares exigiría su pago, el cobro de la factura por sus servicios de complacencia, sin evidenciarse demasiado para mantener la fachada de dama respetable.

Una semana después del inicio del idilio, Ethan la llevó a recorrer los distritos y monumentos más importantes de la capital. La austriaca conocía de memoria cada rincón de París tras años de operar en sus sombras, pero se hizo la sorprendida en cada parada, emitiendo pequeños jadeos de admiración ante la Torre Eiffel iluminada o los escaparates de la Plaza Vendôme. Ella había hecho su propia investigación: sabía de sobra que Ethan Dragomir era un importante joyero extranjero de capital en plena expansión, un hombre cuyo talento y frialdad estaban conquistando los salones más exclusivos de Europa. En su mente de cazafortunas, la meta ya no era un fajo de billetes sueltos; arreglar un matrimonio con aquel transilvano de pómulos afilados aseguraría su vida entera, elevándola al estatus de la alta burguesía. Con ese objetivo en la mira, se esmeró al máximo en cumplir cada capricho del joven, tolerando su silencio gélido y entregándose a sus demandas con una devoción impecablemente ensayada.

Un mes exacto duró la comedia. Una mañana de invierno, mientras la luz gris de París se filtraba por las cortinas de la suite, Ethan simplemente se levantó cansado del engaño. No sentía ira, ni decepción, ni el menor rastro de apego; la rutina de la simulación ajena había terminado por aburrir su intelecto. No pretendía escapar en silencio por la noche como un cobarde, ni inventar tragedias familiares como la rubia que buscaba.

Él era un hombre sin rastro de humanidad, frío y directo.

Se vistió con su habitual pulcritud, se ajustó los gemelos de plata y, mientras la mujer se desperezaba entre las almohadas con una sonrisa seductora, Ethan la miró desde los pies de la cama con una fijeza sepulcral.

—Toma tus cosas y lárgate —dijo, su voz plana y cortante como el filo de una navaja.

La chica se incorporó de golpe, la sonrisa congelándosele en el rostro perfecto. La sorpresa la dejó muda por un segundo antes de que sus mecanismos de defensa reaccionaran.

—¿Qué...? Ethan, mi amor, no entiendo... ¿A qué viene esto? ¿Es que estás casado? —preguntó con un hilo de voz, buscando desesperadamente una explicación lógica a la abrupta ruptura.

—No —respondió él, apoyando ambas manos sobre el pomo de plata de su bastón—. Pero tu tiempo conmigo se ha terminado.

—¿Por qué? —Las primeras lágrimas comenzaron a asomar por sus pestañas, un llanto que brotó con una naturalidad pasmosa—. ¿Qué he hecho mal? Te he dado todo de mí, he sido tuya por completo... Dime qué ha fallado.

Ethan solo sonrió. Una línea delgada, demoníaca e irónica que no llegó a sus ojos oscuros. Había visto ese mismo teatro demasiadas veces.

—Tienes hasta el mediodía para desocupar la habitación. Los gastos de la suite están cubiertos hasta esa hora. Después de eso, correrán por tu cuenta.

Sin esperar una respuesta, Ethan tomó sus maletas de piel y su abrigo de paño negro. Cruzó el umbral de la suite y cerró la puerta a sus espaldas con un golpe seco, dejando a la mujer a mitad de su actuación perfecta, con el llanto interrumpido en la garganta.

En cuanto el sonido de los pasos de Ethan se desvaneció en el pasillo del hotel, la austriaca se levantó de la cama de un salto, transformando las lágrimas en una mueca de profunda furia y resentimiento. Arrojó una de las almohadas contra la pared, maldiciendo entre dientes en su idioma natal. El balance de las últimas cuatro semanas era desastroso: había perdido un tiempo valiosísimo que habría servido para pescar a un viejo vizconde o a un heredero vulnerable y, lo peor de todo, es que de la billetera de Ethan Dragomir no había logrado generar ni una sola moneda. El transilvano la había usado como fachada y entretenimiento sin pagar un solo franco por sus refinados servicios.

Abajo, en el vestíbulo, Ethan no miró atrás. Entregó las llaves en la recepción y se dirigió a su automóvil de gran lujo. El mapa de su venganza requería un cambio de territorio; las investigaciones de sus tasadores indicaban que las esmeraldas de su madre que Anelly había comenzado a mover ya no estaban en la capital. La rubia las había utilizado para abrir líneas de crédito en los distritos financieros de las provincias colindantes.

Ethan encendió el motor, cuyo rugido rompió la quietud de la mañana parisina, y enfiló el vehículo hacia la carretera del siguiente estado. El perro guardián seguía ausente y la rubia creía estar a salvo en su retiro de la montaña, pero el cazador avanzaba con paso firme, recolectando las piezas de su pasado antes de asestar el golpe definitivo.

1
Alondra Linares
que historia tan bonita llena de mucho odio, ethan siendo rescatado del odio para vivir en oax
b zamitiz
🙂
Mindy Rey
Esa desgraciada tuvo tanta suerte y tiempo para hacer el mal en todo el mundo
Yolanda Luna
Maravillosa
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