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Bajo El Nombre Valemont

Bajo El Nombre Valemont

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Magia
Popularitas:857
Nilai: 5
nombre de autor: Araknealeg

En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.

NovelToon tiene autorización de Araknealeg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 7. Lo Que Sobrevive en la Oscuridad

......................

Seraphine apenas respiraba.

Oculta detrás de la columna agrietada, observaba a sus hermanos moverse entre las sombras de la biblioteca subterránea mientras la antorcha de Cassian proyectaba luces irregulares sobre los símbolos grabados en piedra.

Morvane.

La palabra seguía golpeándole la mente.

El apellido de su madre escrito en documentos escondidos bajo el castillo Valemont.

No podía ser coincidencia.

No después del medallón. No después de la figura bajo la lluvia. No después del cadáver marcado con el símbolo.

Todo estaba conectado.

Y ella estaba en el centro sin entender todavía por qué.

Alaric pasó lentamente los dedos sobre el documento viejo que sostenía.

—Mira esto —dijo.

Cassian se acercó con evidente incomodidad.

—No toques demasiado. Algunos de esos textos parecen deshacerse apenas los rozas.

—Qué trágico sería perder secretos enterrados durante siglos.

La ironía en su voz era peligrosa.

Seraphine observó cuidadosamente a Alaric.

Estaba disfrutando aquello.

No solo intrigado.

Disfrutándolo.

Como si hubiera esperado toda su vida descubrir que la familia escondía algo monstruoso.

Porque eso le daba permiso para convertirse también en monstruo.

Cassian tomó otro documento de la mesa cercana.

Sus ojos recorrieron rápidamente las líneas.

El cansancio habitual en su rostro comenzó a transformarse en otra cosa.

Preocupación real.

—Esto habla de refugios —murmuró.

Alaric sonrió apenas.

—Entonces los rumores eran ciertos.

Cassian levantó la vista.

—No deberíamos estar aquí.

—Y aun así aquí estamos.

Alaric avanzó lentamente por la sala.

Las sombras parecían seguirlo.

—Padre conocía este lugar.

No era pregunta.

Cassian guardó silencio demasiado tiempo.

Confirmación suficiente.

Seraphine sintió tensión inmediata bajo la piel.

El duque sabía.

Por supuesto que sabía.

Nada tan importante podía existir bajo su castillo sin conocimiento suyo.

Entonces la pregunta real era peor:

¿Por qué mantenerlo oculto?

Alaric soltó una risa baja.

—Increíble.

Se volvió hacia Cassian.

—Toda nuestra vida escuchando discursos sobre pureza noble mientras la familia ocultaba brujas bajo tierra.

Cassian habló con frialdad inmediata.

—Baja la voz.

—¿Por qué? ¿Crees que los muertos van a escandalizarse?

—Creo que eres incapaz de comprender cuándo algo puede destruirnos.

El silencio se tensó de golpe.

Alaric sostuvo la mirada de su hermano.

Y Seraphine entendió algo incómodo: ellos no solo competían por el ducado.

Se odiaban profundamente.

No como rivales políticos normales.

Como hombres que habían crecido encerrados juntos demasiado tiempo.

Cassian rompió el contacto visual primero.

Agotado.

Siempre agotado.

—Tenemos que cerrar este lugar otra vez —dijo finalmente— y hablar con padre antes de que…

Se detuvo.

Alaric lo observó con interés.

—¿Antes de qué?

Cassian apretó apenas la mandíbula.

—Antes de que alguien más lo encuentre.

Demasiado tarde, pensó Seraphine.

Mucho demasiado tarde.

Alaric comenzó a caminar alrededor de una de las estanterías derrumbadas.

—¿Sabes qué es lo divertido?

—No estoy de humor para tus juegos.

—Nunca lo estás.

Alaric tomó un libro húmedo y lo abrió parcialmente.

—Pasamos años creyendo que nuestra familia era poderosa porque conquistó territorios, controló comercio y destruyó enemigos.

Levantó lentamente la vista hacia Cassian.

—Pero quizá solo eran mejores escondiendo secretos.

Cassian avanzó hacia él.

—Cállate.

La orden salió más agresiva de lo habitual.

Incluso Alaric pareció notarlo.

Sonrió despacio.

—Ah. Entonces sí sabías algo.

Cassian no respondió.

Y ese silencio dijo demasiado.

Seraphine sintió el corazón acelerarse.

El heredero sabía más de lo que admitía.

Quizá desde hace años.

Quizá toda su vida.

Entonces vio algo que cambió todo.

Alaric se detuvo frente a una pared parcialmente cubierta por telas viejas.

Entrecerró los ojos.

—¿Qué es eso?

Cassian giró inmediatamente.

Demasiado tarde.

Alaric apartó la tela de un tirón.

Debajo había un enorme árbol genealógico pintado directamente sobre piedra negra.

Nombres. Fechas. Líneas familiares.

Y símbolos.

Algunos nombres estaban marcados con el ojo atravesado.

Seraphine sintió el aire abandonar lentamente sus pulmones.

Porque entre ellos estaba escrito:

Lyra Morvane.

Su madre.

El mundo pareció quedarse en silencio un instante.

Alaric observó el nombre con atención.

—Morvane otra vez.

Cassian maldijo en voz baja.

Eso confirmó algo importante: él conocía el apellido.

Y eso significaba que probablemente conocía la verdad sobre su madre.

La rabia apareció dentro de Seraphine tan rápido que casi resultó difícil controlarla.

Toda su vida creciendo entre rumores y silencios mientras ellos sabían cosas.

Toda su vida observando cómo hablaban de su madre como si hubiera sido una concubina insignificante.

Mentían.

Siempre habían mentido.

—¿Quién era ella? —preguntó Alaric.

Cassian permaneció quieto.

—No importa.

—Claro que importa.

Alaric se acercó más al muro.

La antorcha iluminó parcialmente el árbol familiar.

—Está conectada directamente a nuestra línea principal.

El estómago de Seraphine se tensó.

No entendía completamente el dibujo, pero podía verlo: el nombre de su madre aparecía demasiado cerca de los Valemont.

Como si hubiera sido más importante de lo que todos fingían.

Alaric soltó una risa suave.

—Esto sí es interesante.

Cassian avanzó hacia él otra vez.

—No juegues con cosas que no entiendes.

—Entonces explícamelas.

Silencio.

Cassian bajó la mirada apenas un segundo.

Duda.

Cansancio.

Miedo.

Seraphine jamás había visto miedo real en él hasta ahora.

—Nuestra familia hizo acuerdos hace generaciones —dijo finalmente—. Eso es todo lo que necesitas saber.

—¿Acuerdos con brujas?

—Acuerdos para sobrevivir.

La tensión cambió de inmediato.

Incluso Alaric dejó de sonreír completamente.

Cassian habló mirando el árbol genealógico.

Como si odiara cada palabra.

—Hace mucho tiempo los Valemont estaban perdiendo territorio. Dinero. Influencia.

Sus dedos se cerraron alrededor de la antorcha.

—Y entonces apareció una mujer Morvane.

El corazón de Seraphine golpeó fuerte.

—¿Qué hizo? —preguntó Alaric.

Cassian soltó una risa seca.

—Según las historias… convirtió a nuestros enemigos en cenizas durante una sola noche.

Silencio.

La llama de la antorcha crepitó.

Seraphine sintió un escalofrío lento.

No por la historia.

Por la forma en que Cassian la contó.

Como alguien que realmente la creía.

—Desde entonces los Valemont protegieron ciertas líneas de sangre en secreto —continuó—. A cambio recibieron poder, información y… ayuda.

Alaric volvió a mirar el nombre Morvane.

—Entonces padre lo sabe todo.

—Sí.

—¿Y aun así ejecuta brujas públicamente?

Cassian levantó la vista lentamente.

—Eso es lo que hacen los nobles. Utilizan cosas que condenan frente al resto.

Aquella frase golpeó a Seraphine con fuerza inesperada.

Porque era verdad.

La nobleza entera funcionaba así.

Pureza fingida. Moral fingida. Honor fingido.

Todo construido sobre cadáveres ocultos.

Alaric soltó una sonrisa torcida.

—Qué decepcionante. Resulta que nuestra gloriosa familia es incluso más hipócrita de lo que imaginaba.

Cassian cerró el documento bruscamente.

—Ya viste suficiente.

—No. Apenas estoy empezando.

Y entonces ocurrió.

Un sonido.

Muy suave.

Detrás de Seraphine.

Se tensó inmediatamente.

Alguien más estaba allí.

Giró apenas la cabeza.

Oscuridad.

Nada visible.

Pero podía sentirlo.

Presencia.

La misma sensación extraña de la noche del medallón.

Fría. Invisible. Observando.

El corazón comenzó a acelerársele demasiado rápido.

No hagas ruido. No te muevas.

Al frente, Cassian y Alaric seguían discutiendo.

—Padre destruirá este lugar cuando lo vea —decía Cassian.

—¿Y dejar perder siglos de secretos? Qué desperdicio.

—No entiendes el peligro.

—No. Creo que tú lo entiendes demasiado bien.

La presencia detrás de Seraphine se acercó.

Ella sintió el aire helado rozarle la nuca.

Y luego una voz femenina susurró apenas:

—No confíes en el heredero.

Seraphine giró bruscamente.

Nada.

Solo oscuridad entre columnas.

Su respiración se agitó apenas un segundo.

Mierda.

¿Se estaba volviendo loca?

La antorcha de Cassian iluminó brevemente hacia su dirección.

Ella retrocedió inmediatamente detrás de la columna antes de ser vista.

Alaric frunció el ceño.

—¿Escuchaste eso?

Seraphine contuvo el aliento.

Cassian observó alrededor.

—Solo el viento.

—No hay viento aquí abajo.

Silencio.

Alaric comenzó a caminar lentamente hacia las sombras donde ella estaba oculta.

No.

No no no.

Seraphine sintió el pulso golpeándole en los oídos.

Pensar.

Rápido.

Alaric avanzó despacio, atento como un depredador.

Demasiado cerca.

Entonces otra voz resonó desde el extremo opuesto de la sala.

—Siguen siendo pésimos guardando secretos.

Los tres se congelaron.

Una figura encapuchada emergió lentamente desde la oscuridad.

Alta. Vestida completamente de negro. Rostro oculto.

El símbolo del ojo atravesado estaba bordado en rojo oscuro sobre la manga.

Alaric sonrió inmediatamente.

Peligrosamente.

—Ah. Por fin alguien interesante.

Cassian dio un paso adelante.

—¿Quién eres?

La figura inclinó apenas la cabeza.

—Alguien que lleva mucho tiempo observando esta familia.

La voz era femenina.

Calma.

Controlada.

Seraphine permaneció inmóvil detrás de la columna.

La mujer continuó avanzando lentamente entre las sombras.

—Los Valemont siempre fueron arrogantes —dijo—. Pero esconder secretos bajo piedra no los hace desaparecer.

Cassian tensó la mandíbula.

—Entraste ilegalmente al castillo. Mataste a un guardia.

—No lo maté yo.

Eso alteró el ambiente inmediatamente.

Alaric entrecerró los ojos.

—Entonces ¿quién?

La mujer sonrió apenas bajo la capucha.

—Alguien mucho más peligroso que yo.

Seraphine sintió un frío desagradable recorrerle el cuerpo.

Cassian avanzó otro paso.

—Habla claro.

—No puedo. Todavía no.

La figura giró lentamente hacia el árbol genealógico.

—Pero ustedes ya comenzaron a despertar cosas que debieron permanecer dormidas.

La temperatura descendió de golpe.

Las llamas de las antorchas temblaron violentamente.

Seraphine sintió magia.

Real.

No una chispa involuntaria como las suyas.

Algo mucho mayor.

Alaric lo sintió también.

Su sonrisa desapareció por primera vez.

—Interesante… —murmuró.

La mujer volvió ligeramente el rostro.

Y aunque Seraphine no podía verle los ojos, supo inmediatamente hacia quién estaba mirando.

Hacia ella.

Oculta entre sombras.

La voz llegó suave.

Precisa.

—Seraphine Morvane.

El mundo pareció detenerse.

Cassian giró bruscamente.

Alaric también.

Directamente hacia la columna donde ella estaba escondida.

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