Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 22
Damián
La puerta se cerró detrás de mí.
Pero no salí derrotado.
Salí furioso.
Apreté la mandíbula mientras caminaba por el pasillo de esa maldita empresa.
Bastian Kros.
El hombre perfecto.
El empresario impecable.
El héroe.
Y ahora…
el obstáculo.
¿Quién se cree?
Entré al ascensor.
Presioné el botón con más fuerza de la necesaria.
Nina…
Su nombre me quemaba en la cabeza.
No era de él.
Nunca lo sería.
Apoyé la cabeza contra la pared del ascensor y cerré los ojos.
Respiré.
Una.
Dos.
Tres veces.
Y entonces…
sonreí.
—Si no entiende por las buenas… entenderá por las malas.
Saqué el teléfono.
—Martín.
—Dime.
—Es momento.
Silencio al otro lado.
Luego…
una risa baja.
—¿Qué necesitas?
Mis ojos se oscurecieron.
—Quiero que tenga miedo.
Otra pausa.
—¿Hasta qué punto?
Miré mi reflejo en el metal del ascensor.
—Sin matarla.
Todavía.
—Entendido.
Colgué.
Esto no se trataba de recuperarla.
Se trataba de que entendiera.
Que no podía irse.
Que no podía elegirse a sí misma.
Que era mía.
Horas después
La vi salir del coworking.
Siempre sola.
Siempre callada.
Siempre perfecta en su silencio.
Me mantuve a distancia.
No debía verme.
No todavía.
Martín y sus hombres estaban distribuidos.
Uno en la esquina.
Otro cerca del café.
Otro más al otro lado de la calle.
Todo calculado.
Nina caminó.
Tranquila.
No sabía.
No tenía idea.
Y eso…
era lo mejor.
Giró en una calle menos concurrida.
Señal.
Uno de los hombres avanzó.
—Disculpa…
Ella se detuvo apenas.
Educada.
Como siempre.
Error.
El segundo hombre apareció por detrás.
Todo fue rápido.
Un tirón.
Un grito ahogado.
—¡Suéltame!
Su voz.
La escuché.
Y algo en mi pecho…
se tensó.
No.
No era culpa.
Era… otra cosa.
Más oscura.
Más intensa.
Ella forcejeó.
Más de lo que esperaba.
—¡Déjenme!
Uno de ellos la empujó contra la pared.
Demasiado fuerte.
Su cabeza golpeó levemente.
Y ahí…
Algo se rompió.
No en ella.
En mí.
—¡Cuidado, imbécil! —gruñí, saliendo de la sombra.
Los hombres se detuvieron un segundo.
—No la dañen así.
Nina estaba desorientada.
Pero no me vio.
Perfecto.
Uno de ellos tomó su bolso.
Otro intentó sujetarla de nuevo.
Y entonces—
—¡SUÉLTENLA!
La voz retumbó en la calle.
Giré la cabeza.
Y lo vi.
Bastian.
Maldición.
Venía directo hacia nosotros.
Rápido.
Seguro.
No dudó.
Golpeó al primero sin previo aviso.
Un golpe limpio.
Preciso.
El hombre cayó.
El segundo intentó reaccionar.
Error.
Bastian lo sujetó del brazo y lo giró con fuerza, inmovilizándolo.
—¿Quién los envió?
Silencio.
Nina se apartó, temblando.
—¡Bastian…!
Mi sangre hirvió.
No.
No debía verla conmigo.
Retrocedí.
Me oculté.
Observé.
Siempre observando.
Uno de los hombres logró soltarse y correr.
El otro lo siguió.
Cobardes.
Pero útiles.
Bastian no los persiguió.
Se giró inmediatamente hacia ella.
—¿Estás bien?
Su voz cambió.
Completamente.
Se acercó despacio.
—Nina…
Ella asintió, pero sus manos temblaban.
—Estoy… estoy bien…
Mentira.
No lo estaba.
Y eso…
me gustó más de lo que debería.
Bastian la tomó del rostro con cuidado.
—Mírame.
Ella lo hizo.
—Respira.
Se acercó más.
La abrazó.
Y ella…
no se apartó, por el contrario le devolvió el abrazo.
Apreté los puños.
Fuerte.
Demasiado.
—Gracias…
—No tienes que agradecer.
Mi mandíbula crujió.
No.
Esto no terminaba aquí.
Esto apenas empezaba.
Retrocedí un paso más.
Y desaparecí entre la gente.
Sin que me vieran.
Sin que sospecharan.
Pero con una certeza clara.
Esto ya no era un juego.
Era una guerra.
Y yo…
No pensaba perder.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro