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Solo Es Mi Guarura

Solo Es Mi Guarura

Status: En proceso
Genre:CEO / Cambio de Imagen
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yurle

Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.

NovelToon tiene autorización de Yurle para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7 - ¿No había uno menos sangrón?

—No sé, papá… no sé.

Nora lo miró con cariño.

—Nico, recuerda que una vez me dijiste: “no es el dinero, es la protección”. Y ahora no se trata de dinero, porque no lo necesitas. Se trata de cuidar a alguien para que no le pase nada malo.

Nicolás la miró, más tranquilo.

—Mami… eres un sol. Te quiero.

Se levantó y la abrazó.

Al otro día, Nicolás llegó a la oficina de Tomás para darle respuesta.

—Acepto.

Tomás sonrió con alivio.

—Me alegra, muchacho. Te confío mi tesoro más preciado.

—Lo tendré en cuenta, Tomás.

—Estos días ha estado trabajando desde la casa. Si te parece, pasa esta noche por la mansión y así hablan y se conocen formalmente.

—Está bien. Me pasas la dirección.

—Perfecto, así quedamos.

Esa noche, en la mansión Anderson

Las parejas estaban en la sala cuando anunciaron la llegada de Nicolás.

—Buenas noches —saludó al entrar.

—Oh, Nicolás, siempre tan puntual —dijo Tomás—. Mira, te presento a mi esposa, Sara.

—Un gusto conocerla, señora.

—Mi amor, él es hijo de Alejandro y Nora, ¿lo recuerdas? El mayor.

—¡Claro que sí! —dijo Sara sonriendo—. Aunque ahora estás gigante.

—El tiempo no pasa en vano —respondió Nicolás con educación.

—¿Y Nora? Tengo años sin verla.

—Está muy bien. Deberían reunirse, seguro le daría gusto.

—Estoy de acuerdo. Pero dime, ¿qué te trae por aquí? —preguntó Sara curiosa.

—Mujer, él es…

—¿Tú qué haces acá? —interrumpió Isabella desde la escalera.

Todos voltearon.

Isabella bajaba despacio, con el ceño fruncido.

—Isabella, así no se reciben las visitas —la corrigió Sara.

—Él no es mi visita, y no me gusta su presencia. ¿Recuerdan el día del cine? Se quedó con mi asiento.

Nicolás la miró sin perder la calma.

—Señorita, creí que usted era una adulta que olvidaba cosas sin importancia. Además, el asiento era mío.

—Veo que ya tuvieron oportunidad de conocerse —comentó Tomás.

Isabella rodó los ojos.

Nicolás sonrió apenas, de lado.

—Isa, recuerdas que aceptaste tener escolta con tus condiciones —continuó Tomás—. Nicolás será quien se encargue de tu seguridad.

Silencio.

—Ay, papá… ¿no había otro menos sangrón? —dijo Isabella irritada.

Tomás soltó una risa.

—Mi princesa, tú no pediste uno “menos sangrón”. Y no sé si Nicolás lo sea.

—Qué gracioso, papá —respondió ella con sarcasmo—. Te prometí algo, así que está bien.

—Bueno, los presento formalmente. Isa, Nicolás. Nicolás, Isa.

Nicolás extendió la mano.

Isabella dudó un segundo… pero la tomó.

En cuanto sus manos se tocaron, ambos sintieron algo extraño. Una especie de descarga leve.

Isabella retiró la mano primero.

—¿Tienes mucha energía o qué? Sentí un corrientazo.

Nicolás la miró serio.

—Creí que eras tú. Yo también lo sentí.

Por un segundo se quedaron mirándose.

Demasiado tiempo.

Tomás carraspeó.

—Pasemos al comedor.

En la mesa hablaron de horarios, rutas y reglas básicas. Isabella escuchó poco. Subió a su habitación con la excusa de una llamada justo cuando Nicolás se preparaba para irse.

Ya en la sala, Sara lo detuvo.

—Muchacho, tengo una duda.

—Dígame, señora.

—¿Tú realmente eres escolta?

Tomás la miró sorprendido.

—Mujer…

—No, déjame —dijo Sara sonriendo—. Es que me dio curiosidad.

Nicolás soltó una risa leve.

—La entiendo. No tengo mucha pinta, ¿verdad?

—Justo por eso lo digo.

—Sí, soy escolta. Tengo una academia, una de las mejores del país. Me encargo más de la parte administrativa, pero también he trabajado en campo. De hecho, el hombre que estaba antes con Isabella es de mi academia.

—Oh… ya entiendo.

—Por eso le pedí el favor —intervino Tomás—. Es el mejor.

Sara lo miró con ternura.

—Te agradezco que dejes tus ocupaciones para encargarte de esa rebelde. Es mi hija y la amo, pero puede ser muy caprichosa. Vas a necesitar paciencia.

Nicolás asintió.

—Lo tendré en cuenta, señora.

—Gracias por la cena —añadió él—. Con permiso.

Se despidió y salió de la mansión.

Mientras caminaba hacia su auto, una sola idea le cruzó la mente:

Esto no va a ser fácil.

Y, por alguna razón… eso lo intrigaba.

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