Oliver es el sargento del cuerpo de bomberos, conocido por su calma bajo presión y por seguir todas las reglas. Pero una sola noche de distracción en el pasado dejó una huella que no vio venir.
Luna vivió los últimos nueve meses bajo arresto domiciliario impuesto por sus padres conservadores, quienes planeaban entregar a su hija en adopción en cuanto naciera. En un acto de desesperación y valentía, huye del hospital con la recién nacida en brazos y toca la puerta del único hombre que puede protegerlas.
Ahora, el hombre entrenado para salvar a extraños de grandes incendios enfrenta el mayor desafío de su vida: proteger a una mujer que apenas conoce y a una hija que acaba de descubrir, mientras se enfrenta a la furia de una familia poderosa que quiere borrar el "escándalo" a toda costa.
NovelToon tiene autorización de marilu@123 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La última esperanza
Visión de Luna
El carro empezó a moverse en cuanto se cerró la puerta.
Todavía estaba temblando.
No solo por el parto.
No solo por el cansancio.
Sino porque, por primera vez en meses… era libre.
Miré por la ventana mientras las luces del hospital quedaban atrás.
La ciudad estaba llena de luces de Navidad. Árboles decorados, vitrinas iluminadas, familias caminando por las calles.
Todo parecía tan normal.
Tan lejano de la realidad que había vivido los últimos meses.
Mi hija se movió levemente en mis brazos.
Miré hacia abajo.
Estaba envuelta en la manta del hospital, dormida profundamente, completamente ajena al caos que era nuestra vida.
Los pequeños pelitos pelirrojos se asomaban en su frente.
Iguales a los míos.
Se me apretó el corazón.
— Hola, pequeña… — susurré.
Mi voz salió débil, pero llena de emoción.
Le pasé la mano delicadamente por la mejilla.
Era tan pequeña.
Tan perfecta.
Y casi la pierdo antes de poder conocerla.
Las lágrimas empezaron a caer otra vez.
Había llorado tanto en las últimas horas que parecía imposible que aún me quedaran lágrimas… pero seguían saliendo.
El conductor miró rápidamente por el retrovisor.
— ¿Adónde debo llevarla, señorita?
Mi mente se quedó en blanco por unos segundos.
No tenía casa.
No tenía suficiente dinero para sobrevivir mucho tiempo.
No tenía familia.
No tenía a nadie.
Excepto una sola persona.
Un solo nombre.
Respiré hondo.
— ¿Conoce a Dylan Silva?
El conductor asintió.
— ¿El empresario?
Claro que lo conocía.
Todo el mundo lo conocía.
Sobre todo después de que asumió públicamente su relación con Maya. Eso se había vuelto noticia en muchos lugares.
Oliver había mencionado a su hermano algunas veces cuando hablábamos.
Lo recordaba claramente.
Su voz hablando casualmente:
"Mi hermano Dylan trabaja con empresas… siempre anda ocupado."
En aquel momento ni imaginé que esa información se volvería tan importante.
Apreté a mi hija con más cuidado contra mi pecho.
— Lléveme a su casa.
El conductor frunció levemente el ceño, sorprendido.
Pero no cuestionó.
— Entendido.
El carro dio vuelta en otra calle.
Y el silencio volvió.
Miré de nuevo a mi bebé.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
Porque ahora que estaba en el carro… yendo hacia allá… los pensamientos empezaron a aparecer.
¿Y si no me cree?
¿Y si Oliver ya siguió adelante?
Al fin y al cabo… pasaron meses.
Meses desde que desaparecí de su vida.
Meses sin ningún mensaje.
Sin ninguna explicación.
Desde su punto de vista… simplemente me esfumé.
Tal vez pensó que ya no quise hablar con él.
Tal vez creyó que lo usé.
O peor…
Tal vez ya está con otra persona.
El pecho se me apretó con fuerza.
La idea dolió más de lo que me gustaría admitir.
Porque durante todos esos meses… Oliver fue lo único que me mantuvo firme.
Cuando estaba encerrada en aquella casa…
Cuando lloraba por las noches…
Cuando mi barriga crecía y el miedo aumentaba…
Pensaba en él.
En la forma en que se reía.
En sus chistes malos.
En cómo me miraba como si fuera una persona normal.
No una pieza en un acuerdo entre familias.
Recargué la cabeza en el asiento del carro.
Las lágrimas volvieron con más fuerza.
— Por favor… — susurré al vacío.
Ni siquiera sabía exactamente a quién le hablaba.
Quizá a Dios.
Quizá al destino.
Quizá a Oliver.
— Por favor… que me crea.
Mi hija se movió de nuevo en mis brazos.
La miré.
Y sentí una ola fuerte de amor.
— Te prometo que voy a cuidarte — murmuré.
— Sin importar lo que pase.
La voz se me quebró un poco.
— Aunque él no nos quiera…
Aunque Oliver haya seguido con su vida.
Aunque tenga a otra mujer.
Aunque me mire y diga que no cree nada.
Aún tendría a mi hija.
Y lucharía por ella.
El carro seguía avanzando por la ciudad iluminada.
Cada kilómetro parecía acortar la distancia entre mi pasado… y un futuro completamente incierto.
Mi corazón latía cada vez más rápido.
Porque en algún lugar adelante…
Estaba el hombre que no pude olvidar.
El hombre que probablemente no tenía idea de que tenía una hija.
Y en pocos minutos…
Tocaría la puerta de la casa de su familia.
Con un bebé en los brazos.
Y una historia que parecía imposible.
Respiré hondo.
Apreté a mi hija con más cuidado.
E intenté reunir todo el valor que aún quedaba dentro de mí.
Porque esa casa…
Era mi última esperanza.