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Mi Joven Profesor

Mi Joven Profesor

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Con solo 23 años, un joven profesor llegó al colegio con una carpeta llena de sueños y el corazón nervioso por conseguir trabajo. No imaginaba que aquel lugar cambiaría su vida para siempre. Entre pasillos, sonrisas y nuevas oportunidades, conocería a una persona que le enseñaría que el verdadero éxito no solo está en alcanzar metas, sino también en encontrar a alguien con quien compartir cada logro, cada caída y cada felicidad. Lo que comenzó como una simple búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en la historia de amor más importante de su vida.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Lo que no me deja en paz

Narra Araceli

Estaba sentada en el escritorio con los deberes del colegio abiertos, el cuaderno de matemáticas frente a mí y el esfero en la mano. Tenía subrayado el ejercicio, intentaba concentrarme, leerlo otra vez, resolverlo paso por paso… pero no podía.

Leía la misma línea tres, cuatro veces, y aun así no entendía nada. Borraba, volvía a escribir, me quedaba mirando el papel como si las respuestas fueran a aparecer solas. Pero lo único que aparecía en mi cabeza era él.

Rafael.

Su voz explicando en clase. Su forma tranquila de hablar. Su mirada cuando me ve confundida y me repite las cosas sin molestarse.

Solté el esfero encima del cuaderno.

—No… no puedo —susurré.

Me recosté en la silla, cerré los ojos un segundo, intentando obligarme a pensar en los ejercicios, en los números, en cualquier cosa que no fuera él. Pero fue peor.

Su imagen llegó más clara.

Abrí los ojos de golpe.

El corazón me latía raro, inquieto.

Volví a mirar el cuaderno.

Nada.

Ni una idea.

Me levanté de la silla de repente, como si el aire no me alcanzara ahí. Caminé por el cuarto, di dos vueltas sin rumbo, miré por la ventana, pero tampoco me calmé.

Volví al escritorio.

Me senté otra vez.

Intenté de nuevo.

Nada.

La mente seguía en él.

—¿Por qué me pasa esto…? —me dije bajito.

Empujé el cuaderno con las manos, frustrada.

Me quedé un momento en silencio, respirando hondo, pero sentía que si seguía ahí iba a explotar por dentro.

Entonces me levanté otra vez.

Fui directo a la mesita de noche.

Abrí el cajón despacio.

Ahí estaba.

Mi diario.

Lo tomé como si fuera lo único que me podía salvar de ese enredo en la cabeza.

Me senté en la cama, lo abrí, encendí la luz pequeña de la mesa y me quedé mirando la hoja en blanco.

Respiré profundo.

Y empecé a escribir.

“No puedo concentrarme en nada hoy.”

Me detuve un momento.

Seguí.

“He intentado hacer los deberes del colegio, pero mi mente no se queda en ellos.”

Tragué saliva.

Seguí escribiendo.

“Siempre se va al profesor Rafael.”

Cuando escribí su nombre, sentí ese cosquilleo en el pecho otra vez, como siempre.

Me quedé quieta unos segundos.

Luego seguí.

“No importa cuánto me esfuerce, termino pensando en él.”

Me acomodé en la cama.

Respiré hondo.

Seguí.

“Hoy intenté resolver matemáticas, pero no entendía nada.”

Me detuve.

Recordé los ejercicios.

Seguí escribiendo.

“Leí la misma pregunta muchas veces y no pude concentrarme.”

Tragué saliva.

Seguí.

“Sentía que las palabras se mezclaban con su voz en mi cabeza.”

Me quedé quieta.

El corazón me latía más rápido.

Seguí.

“Cuando él explica en clase, todo parece más fácil.”

Apreté el lápiz un poco más fuerte.

Seguí.

“Cuando no está, todo se vuelve difícil incluso en mi mente.”

Me recosté un poco contra la pared.

Seguí escribiendo.

“Hoy me levanté del escritorio varias veces porque no podía concentrarme.”

Me imaginé hace unos minutos.

Seguí.

“Me sentía frustrada, como si no pudiera controlar mis pensamientos.”

Tragué saliva.

Seguí.

“Cada vez que intentaba volver a los deberes, su imagen aparecía.”

Me quedé en silencio.

Seguí.

“No entiendo por qué me pasa esto con él.”

Respiré hondo.

Seguí escribiendo.

“Nunca me había pasado antes con nadie.”

Me detuve.

El cuarto estaba en silencio.

Seguí.

“Cuando él me mira en clase, siento algo extraño en el cuerpo.”

Me abracé un poco a mí misma.

Seguí.

“No sé explicarlo bien, pero me cambia el ánimo.”

Tragué saliva.

Seguí.

“Hoy incluso me di cuenta de que sonreí sin razón.”

Me quedé quieta.

Seguí.

“Y creo que fue por él.”

Apreté los labios.

Seguí.

“Sé que es mi profesor.”

Me detuve.

Esa frase siempre pesa.

Seguí.

“Y sé que debería ser solo eso.”

Respiré hondo.

Seguí.

“Pero no lo es en mi mente.”

Me quedé en silencio.

Seguí escribiendo.

“No quiero que esto se note.”

Tragué saliva.

Seguí.

“No quiero problemas.”

Me detuve.

El corazón me dolía un poco.

Seguí.

“Pero tampoco puedo evitarlo.”

Me quedé mirando la hoja.

Seguí.

“Porque él está en mis pensamientos todo el tiempo.”

Respiré hondo.

Seguí.

“Incluso cuando estoy intentando hacer algo importante como los deberes.”

Me recosté en la cama.

Seguí.

“Hoy me di cuenta de que ya no es solo en clase.”

Me quedé quieta.

Seguí.

“También es cuando estoy sola.”

Tragué saliva.

Seguí.

“En silencio.”

Me detuve.

El cuarto parecía más silencioso todavía.

Seguí escribiendo.

“Es como si mi mente no me obedeciera.”

Apreté el lápiz.

Seguí.

“Y siempre regresara a él.”

Me quedé en silencio.

Seguí.

“Ojalá pudiera concentrarme como antes.”

Respiré profundo.

Seguí.

“Ojalá pudiera hacer los deberes sin pensar en esto.”

Me detuve.

El corazón me latía más lento.

Seguí.

“Pero ahora mismo siento que no puedo.”

Tragué saliva.

Seguí.

“Y eso me asusta un poco.”

Me quedé quieta.

El silencio de la casa era profundo.

Seguí escribiendo.

“Porque no sé hasta dónde va a llegar esto.”

Respiré hondo.

Seguí.

“Solo sé que hoy, otra vez, los deberes quedaron a medias.”

Me detuve.

Miré la hoja.

Seguí.

“Porque mi mente no estaba ahí.”

Tragué saliva.

Seguí.

“Estaba en él.”

Cerré el diario despacio.

Lo dejé sobre la cama.

Y me quedé ahí sentada, mirando el techo.

Los deberes seguían en el escritorio.

Pero yo ya no podía volver a ellos.

Porque mi mente, otra vez, se había quedado con Rafael.

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Yulexi De Fernández
cuando me termine de ver la serie que me estoy viendo le subo los otros capítulos
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