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El Despertar Del Príncipe

El Despertar Del Príncipe

Status: En proceso
Genre:Romance / Mundo mágico / Fantasía LGBT
Popularitas:882
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️✅️Sam y Norman comienzan a saciar su sed de aventura, lejos de su amada familia. El camino comienza a dificultarse, pero cuatro almas sellan sus destinos.✅️⚠️

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Orden de la Luz

El sol comenzaba a filtrarse entre las copas de los árboles, creando un patrón de luces y sombras sobre el camino de tierra que se volvía cada vez más estrecho. Sam y Norman habían dejado atrás la costa, con las piedras para sus padres bien guardadas en sus mochilas, pero el ambiente ya no era tan ligero como al principio del viaje. Las visiones de la noche anterior pesaban en la mente de Sam, haciéndolo caminar con una firmeza que intimidaba incluso a las aves del bosque.

-Estás muy callado, Sam.- Dijo Norman, tratando de romper el hielo -Si seguimos a este ritmo, vamos a llegar a la capital antes de que termine la semana. ¿No te emociona?-

Sam asintió, pero sus ojos miel no dejaban de escanear la espesura.

-Me emociona, Norman. Pero el aire se siente... cargado. Como si el bosque estuviera aguantando la respiración.-

No tardaron mucho en descubrir por qué. Al doblar una curva cerrada custodiada por robles, se encontraron con un retén improvisado. Caballos imponentes, capas grises con el emblema de la espada y el rayo, y el brillo del acero: la Orden de la Luz.

Lin estaba de pie en medio del camino, revisando un mapa extendido sobre el lomo de su caballo. Al ver a los jóvenes, su expresión severa se suavizó de una manera que sus propios hombres nunca habían visto.

-Ustedes de nuevo.- Dijo Lin, dando un paso adelante. Su voz era profunda, pero no había rastro de la frialdad habitual de un cazador de monstruos.

-¡Capitán Lin!- Exclamó Norman con su alegría natural, aunque por dentro sentía un hormigueo de advertencia en sus dedos -Parece que el destino quiere que nos cuidemos las espaldas mutuamente.-

Lin no respondió de inmediato. Sus ojos, acostumbrados a buscar la oscuridad en los rincones del mundo, se quedaron fijos en Norman. El cazador sentía una atracción que no podía explicar con palabras. Para Lin, el mundo siempre había sido un lugar de grises, de sangre y de deber. Pero cuando miraba al chico rubio, sentía una calidez que lo desarmaba. Era como si Norman fuera una pequeña llama en medio de una tormenta de nieve. Una luz que lo llamaba, que le prometía que la paz era posible.

«¿Qué me pasa?», se preguntó Lin en un diálogo interno que lo atormentaba. «Soy un soldado. He jurado destruir lo antinatural, y este chico... este chico emana una pureza que me hace querer soltar la espada y simplemente escuchar sus historias. No es solo su risa, es algo más profundo. Algo que vibra en mi pecho cada vez que me mira».

-El bosque está infestado.- Dijo Lin, recuperando la compostura con esfuerzo -Hemos detectado actividad de Sombras Acechantes. Son bestias que no pertenecen a este plano. No pueden seguir solos. Se quedarán con nosotros hasta que despejemos el área.-

Sam cruzó los brazos, su postura reflejando una autoridad que hizo que Lin lo mirara con sospecha.

-Agradecemos la oferta, capitán. Estaremos listos para lo que venga.-

No tuvieron que esperar mucho.

El ataque no comenzó con un rugido, sino con un silencio absoluto. Los pájaros dejaron de cantar y el viento se detuvo. De repente, de la espesura del bosque, surgieron figuras alargadas, hechas de una oscuridad densa que parecía absorber la luz del día. Eran las Sombras Acechantes: bestias de garras largas y ojos que brillaban con un vacío violento.

-¡Formación de defensa!- Rugió Lin, desenvainando su espada de plata.

La batalla estalló en un instante. Los cazadores formaron un círculo, protegiendo a los jóvenes, pero las bestias eran rápidas y se movían entre las sombras de los árboles. Sam no se quedó atrás. Sacó su daga y, con un movimiento que recordaba más a un príncipe guerrero que a un campesino, logró hundir el metal en el cuello de una de las criaturas que intentaba saltar sobre un cazador distraído.

Norman, por su parte, estaba en el centro, con el corazón latiendo a mil por hora. Sus manos temblaban. Podía ver cómo las bestias ganaban terreno por su número. Vio a Lin pelear como un demonio, su capa gris volando mientras cortaba sombras con precisión.

Pero las Sombras eran inteligentes. Una de ellas, la más grande, se ocultó en el suelo, deslizándose como una mancha de aceite hasta quedar detrás de Lin mientras él terminaba con otra bestia.

-¡Lin, cuidado!- Gritó Norman.

Lin se giró, pero fue demasiado tarde. La garra de la bestia, cargada con una energía oscura y corrosiva, le atravesó el costado, desgarrando la armadura de cuero y la piel con una facilidad aterradora. El capitán soltó un grito ahogado y cayó de rodillas, con la sangre manchando rápidamente su túnica blanca debajo de la armadura.

-¡CAPITÁN!- Gritaron sus hombres, pero estaban rodeados y no podían acercarse.

Norman corrió hacia él, ignorando el peligro. Se arrodilló al lado de Lin, viendo la herida. Era horrible. Los bordes estaban ennegrecidos por el veneno de la sombra y la vida parecía escaparse de Lin por segundos.

Norman metió la mano en su bolsa de hierbas. «Puedo salvarlo», pensó con desesperación. «Si mezclo la raíz de luz con un poco de mi energía... pero si lo hago delante de todos, sabrán lo que soy. Sabrán que soy un hechicero». Miró a Lin, quien lo observaba con ojos nublados por el dolor, todavía tratando de protegerlo incluso en ese estado.

«Si no hago nada, morirá por mi culpa», se debatió Norman, sintiendo que su magia golpeaba sus manos, ansiosa por salir.

En ese momento crítico, cuando las Sombras se preparaban para el golpe final contra el diezmado grupo de cazadores, el aire alrededor del retén se volvió gélido. Un frío tan intenso que el aliento de todos se convirtió en escarcha.

De la nada, una figura se materializó frente a ellos.

Alaric no caminó hacia la batalla, simplemente apareció, como si las sombras mismas lo hubieran escupido. Su presencia era tan imponente que incluso las bestias acechantes se detuvieron, retrocediendo con un miedo instintivo que nunca habían mostrado ante los humanos.

Alaric no miró a los cazadores. Sus ojos estaban fijos en Sam, asegurándose de que estuviera ileso. Al ver que Sam tenía sangre de bestia en su daga pero estaba a salvo, Alaric desvió su mirada hacia las criaturas restantes.

-Se han atrevido a interrumpir su viaje.- Dijo Alaric, y su voz hizo que los árboles vibraran -Han intentado tocar lo que me pertenece.-

Con un movimiento fluido de su mano, Alaric liberó una ráfaga de oscuridad pura. No era como la oscuridad de las bestias, esta era una oscuridad antigua, soberana y absoluta. Las Sombras Acechantes ni siquiera tuvieron tiempo de gritar. Al contacto con el poder de Alaric, se disolvieron en cenizas negras que el viento se llevó en un segundo.

El silencio volvió al bosque, pero era un silencio cargado de terror. Los cazadores de la Orden de la Luz, los hombres que habían jurado cazar seres como Alaric, estaban paralizados. Sus espadas temblaban en sus manos. Tenían frente a ellos al Rey de las Sombras, al ser que aparecía en sus textos más prohibidos.

Alaric se mantuvo de pie, con su capa negra ondeando majestuosamente. Miró a los cazadores con un desprecio infinito, pero luego su mirada bajó hacia Norman, que seguía sosteniendo el cuerpo herido de Lin.

-Cúidalo, hechicero.- Dijo Alaric, su voz suavizándose apenas un poco al reconocer la chispa en Norman -Su luz todavía tiene un propósito.-

Sam dio un paso hacia Alaric, con el rubí en su pecho brillando con una intensidad cegadora.

-Tú... viniste de nuevo.-

Alaric miró a Sam, y por un momento, toda la frialdad desapareció, reemplazada por esa devoción absoluta que Sam había visto en sus sueños.

-Siempre vendré, Sam. Aunque el mundo entero intente impedirlo.-

Alaric desapareció tan rápido como había llegado, dejando tras de sí solo el aroma a lluvia y el eco de su poder.

Los cazadores finalmente reaccionaron, corriendo hacia su capitán. Lin estaba pálido, casi gris, y su respiración era un silbido agónico. La herida era mortal para cualquier humano común, y el veneno de las sombras ya estaba llegando a su corazón.

Norman miró a Sam, y luego a la herida de Lin. Ya no importaba si lo descubrían. Ya no importaba el miedo. Tenía que salvar al hombre que, por alguna razón que aún no entendía, lo hacía sentir que su luz era el tesoro más grande del mundo.

-¡Traigan agua clara y fuego!- Ordenó Norman, con una voz que no admitía réplicas -¡Ahora!-

Sam se colocó al lado de su amigo, protegiéndolo de las miradas de sospecha de los otros cazadores. Sabía que Norman estaba a punto de hacer algo extraordinario, y él sería su escudo, tal como Alaric lo era para él. El viaje acababa de cambiar de rumbo. Ya no solo huían de las sombras, ahora tenían que luchar por la vida de aquel que representaba a la luz.

⚠️💫¡Chikis! Hoy tengo curiosidad: ¿Desde qué país nos leen?🏳 ¿Qué es lo más bonito de su lugar de origen? No me dejen con las ganas de saber. ¡Besis, besis, mis amores!💫⚠️

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Maru19 Sevilla
Empezamos con esta nueva historia, inicia muy bien 👏👏👏
Skay P.: ¡Gracias cielo!😍
total 1 replies
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