fantacia urbana y drama psicológico
NovelToon tiene autorización de Sara RA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5: A Pulso
Tardaron tres días.
Tres días sin dormir. Newt hecho humo hasta los codos, recuperando pedazos de a horas. Felix sin irse de su lado, pasándole agua, pasándole palabras reales para que no se ahogara en las otras.
Tres días cazando cabos.
No usaron las sombras. Usaron llamadas. Usaron la plata de Jordan para comprar registros, no sicarios. Usaron la cabeza de Felix para atar hilos. Varela debía plata a tres casinos, sí. Pero también le debía un favor al contador de la familia Jordan. El mismo que se acostaba con su mujer.
Newt no chasqueó los dedos. Mandó un mail. Con adjuntos. Con copias al casino, a la mujer de Varela y al tío que quería declararlo loco.
A las 48 horas, Varela se fue de la ciudad. Sin despedirse. Sin mensaje. Solo un auto negro que salió a las tres de la mañana con el baúl lleno.
No hubo sangre. No hubo sombras. Hubo papel. Y fue peor.
---
El cuarto día amaneció sin goteras. O había dejado de llover, o Newt ya no las escuchaba.
Estaba sentado en el colchón del piso. Sólido. Entero. Hacía cuatro años que no se sentía entero tres días seguidos. Las sombras estaban calladas. No idas. Calladas. Como un perro que sabe que no le van a tirar un hueso hoy.
Felix estaba en la cocina. Dos platos, dos tenedores. Fideos recalentados, otra vez. Rutina.
Newt lo miró. Las ojeras de Felix. La campera gastada. Las llaves del departamento de mierda sobre la mesa. Cuatro años de eso. Cuatro años de guardia en la puerta para que no se lo llevaran.
"Se fue", dijo Newt. La voz le salió normal. Sin humo. Sin raspar.
Felix sirvió los fideos. No lo miró. "Lo sé. Me llamó el encargado del gimnasio. Dice que Varela le dejó pagado el alquiler del local por un año. Como disculpa."
Newt asintió. No había victoria en su cara. Había cansancio. Del bueno. Del que te deja dormir.
"Entonces ya está", dijo Newt. "No hay más enemigos sueltos. No hay más tipos hablando de mí en la oscuridad. Por ahora."
Felix le puso el plato adelante. Recién ahí lo miró. "¿Y ahora?"
Newt agarró el tenedor. Pesaba. Era real. Pinchó un fideo. Se lo llevó a la boca. Sabía a nada y a todo.
"Ahora vuelvo", dijo.
Felix no se movió. "¿A dónde?"
"A la mansión."
La palabra cayó en el cuarto y no rebotó. Se quedó ahí, densa. Cuatro años sin decirla.
Felix se sentó en la silla de enfrente. No comió. "¿Por qué?"
Newt se encogió de hombros. Por primera vez en años, el gesto no le dolió. "Porque ya puedo. Varela era el último. El que me hizo irme. Yo no me fui por la plata, ni por mi tío. Me fui porque ese hijo de puta dijo que me iba a meter en un sótano hasta que firmara. Y no iba a vivir en una casa donde tenía que dormir con un ojo abierto."
Tomó aire. Lleno. Sin ladrillos en el pecho. "Ya no está. Mi tío no tiene cómo declararme loco si estoy entero y si el tipo que le hacía el trabajo sucio se tomó un micro. Misión cumplida."
Las sombras en el rincón no dijeron nada.
Felix apoyó los codos en la mesa. Se pasó una mano por la cara. Parecía más viejo de lo que era. "¿Y qué pasa con...?" No terminó. Señaló con la cabeza al rincón. A las sombras.
Newt siguió su mirada. Las miró de vuelta. Ya no susurraban. Esperaban.
"Vienen conmigo", dijo. "Siempre van a venir conmigo. Pero en la mansión hay paredes más gruesas. Y ventanas que cierran bien. Y puertas que puedo cerrar yo, sin que me las abran de afuera." Hizo una pausa. Jugó con el tenedor. "Y hay cuartos de más."
Dejó eso ahí. Colgado. No era una invitación. No era una orden. Era información. Felix decidía qué hacer con la información.
Felix no dijo nada por un minuto entero. Después se levantó. Agarró las llaves del departamento de la mesa. Las miró. Cuatro años de llaves. De goteras. De hacer guardia.
Las dejó caer. El ruido fue chiquito.
"Odio ese lugar", dijo. "Es frío. Huele a tu viejo."
"Lo sé", dijo Newt. "Por eso no te estoy pidiendo que vayas."
Se levantó. Estaba sólido. Completo. Se puso su campera cara, la que no tocaba hace cuatro años. Le quedaba grande ahora. Había adelgazado.
Caminó hasta la puerta. La abrió. No miró atrás. Si miraba, capaz Felix veía duda. Y no había duda. Había cuatro años de cansancio que se acababan hoy.
Salió al pasillo. Esperó dos segundos. Tres.
Pasos.
Felix salió, cerró la puerta del departamento de mierda sin llave, y se puso a su lado. No adelante. No atrás. Al lado. Con su campera gastada. Sin nada en las manos.
No hablaron en el taxi. No hablaron cuando el portón de la mansión Jordan se abrió solo al reconocer la patente. No hablaron cuando cruzaron el jardín que no pisaba hace cuatro años.
Recién en la puerta principal, con la madera gigante y el picaporte de bronce, Newt se frenó.
Miró a Felix. "No hay goteras acá."
Felix miró la casa. Luego a Newt. "Ya sé. Por eso voy a tener que buscar otra cosa de la que quejarme."
Empujó la puerta. Entró primero. Dejándola abierta.
Newt miró atrás una última vez. A la calle. Al departamento que ya no se veía. A los cuatro años que dejaba tirados ahí. Las sombras no dijeron nada. Solo lo siguieron, obedientes, adentro de la casa.
Cruzó el umbral. La puerta se cerró sola.
Por primera vez en cuatro años, Newt Jordan estaba en casa.
Y por primera vez en cuatro años, iba a intentar dormir en una cama de verdad.
A pulso. Había ganado. Ahora tocaba ver si sabía descansar.
---