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ENTRE MAREAS

ENTRE MAREAS

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Completa

Sofía Marchetti llegó a Puerto Sereno con dos maletas, un equipo de buceo y el corazón roto. Vino a estudiar los arrecifes de coral. A esconderse del mundo. A recordar quién era antes de que un hombre la convenciera de que no era suficiente.

Lo que no esperaba era a Andrés Villareal.

Alto, silencioso, con las manos curtidas por el mar y una mirada que no sabe mentir. Un hombre que no juega, no esconde, no promete lo que no puede cumplir. Todo lo contrario a lo que Sofía conocía.

Pero Sofía aprendió a desconfiar. Y las heridas que no se ven son las que más duelen.

Entre buceos al amanecer, noches con olor a sal y un océano que parece guardar secretos, dos personas que no buscaban nada terminarán encontrándose de la única manera que el mar permite:

Sin aviso. Sin red. Sin vuelta atrás.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5 — Lo que el silencio guarda

Pasaron tres días sin que Andrés dijera nada fuera de lo necesario.

Coordenadas. Profundidad. Hora de regreso.

Sofía lo dejaba hablar poco porque había aprendido que presionarlo era como intentar abrir una ostra a mano limpia — se podía, pero había que saber cuándo y cómo. Y porque, honestamente, el silencio de Andrés Villareal nunca había sido incómodo. Era denso, sí. Cargado. Pero nunca vacío.

Lo que sí había cambiado era la distancia.

Desde la noche de la fogata, Andrés se acercaba un poco más de lo necesario cuando le ayudaba a subir a la lancha. Tardaba un segundo de más en soltar su mano. Y a veces, cuando ella hablaba, él la miraba de una manera que hacía que Sofía perdiera el hilo de lo que estaba diciendo.

Era insoportable.

Era lo mejor que le había pasado en años.

El jueves por la mañana, cuando llegó al muelle, encontró a Andrés sentado en la proa con el teléfono en la mano. Cosa rara — nunca lo había visto mirando el teléfono.

Cuando ella se acercó, él lo guardó. Pero no antes de que Sofía viera la pantalla.

Una foto. Una niña pequeña, de pelo negro rizado y sonrisa enorme, abrazando un peluche de delfín.

Andrés no dijo nada. Preparó la lancha en silencio.

Sofía tampoco preguntó. Pero algo se le había movido adentro.

Fue Val quien le contó esa noche.

Estaban sentadas en el porche de la casa de Doña Carmen con dos tazas de café y la oscuridad tibia del pueblo alrededor, cuando Sofía preguntó — tratando de sonar casual y fallando completamente:

—¿Andrés tuvo pareja?

Val la miró. Dejó la taza sobre la baranda.

—¿Él no te contó?

—Andrés no cuenta nada.

Val suspiró despacio, como quien acomoda el peso de una historia antes de cargarla.

—Se llamaba Isabella — dijo —. Isabella Moreno. Era de aquí del pueblo, la conocía desde niño. Buena mujer, de las buenas de verdad — de esas que uno encuentra una vez si tiene suerte. Lo quería con una locura, y él a ella también, a su manera. Ya sabes cómo es Andrés — no lo dice, pero se le nota en todo lo que hace.

Sofía escuchaba sin moverse.

—Se casaron jovencitos. Ella no podía tener hijos — algo del corazón, los médicos le habían dicho desde siempre que un embarazo era muy arriesgado. Pero Isabella quería darle una hija a Andrés. Lo quería con una terquedad que no había manera de quitarle. — Val hizo una pausa —. Se embarazó igual. Andrés no quería, le rogó que no, pero ella dijo que lo había decidido y que lo haría con o sin su permiso.

El porche estaba en silencio. Solo el mar, lejos.

—Valeria nació perfecta — continuó Val, con la voz más baja —. Sana, hermosa, igualita a él. Ojos azules y todo. Isabella la vio. La tuvo en brazos unos minutos. — Pausa larga —. Y no resistió. Su corazón no aguantó.

Sofía sintió algo apretarse en la garganta.

—Andrés tenía veintiocho años — dijo Val —. Se quedó solo con una recién nacida, una casa y un dolor que nunca le vimos procesar porque al tercer día ya estaba pescando otra vez. Así es él. Hacia adentro, todo hacia adentro.

—¿Y la niña?

Val sonrió, y esta vez fue una sonrisa de las limpias.

—Valeria es un sol. Tiene siete años y tiene a este pueblo en el bolsillo. Igualita a Isabella en el carácter — pícara, cariñosa, no le tiene miedo a nada. Está ahora con los abuelos maternos de vacaciones, pero cuando está aquí... — negó con la cabeza, sonriendo —. Andrés con esa niña es otro hombre. Es el único que lo desdobla.

Sofía miró el mar oscuro al fondo de la calle.

Pensó en un hombre de veintiocho años parado en un hospital con una recién nacida en brazos y un vacío al lado donde debería haber estado alguien. Pensó en siete años de silencios que ahora tenían otro peso. Pensó en esa foto en el teléfono — la niña abrazando el delfín de peluche — y en cómo Andrés la había guardado rápido, como quien cuida algo demasiado sagrado para mostrarlo sin querer.

—Val — dijo despacio —. ¿Él sabe que me contaste?

—No.

—Entonces no le digas.

Val la miró un momento.

—¿Para qué?

—Porque hay cosas que una persona tiene que elegir contarte — dijo Sofía —. Y quiero que él elija.

Val no respondió. Pero la miró con una expresión que Sofía no supo leer del todo — algo entre la sorpresa y el respeto.

Al día siguiente, en la lancha, Andrés estaba más callado que de costumbre.

Sofía no preguntó. No forzó. Simplemente estuvo — presente, tranquila, dejándolo ser.

Pero cuando él le extendió la mano para ayudarla a subir después del buceo, ella la tomó y no la soltó de inmediato.

Solo un segundo más.

Andrés la miró.

—¿Estás bien? — preguntó él.

—Sí — dijo Sofía —. ¿Y tú?

Una pregunta simple. Pero la manera en que ella lo miró al hacerla — directo, sin prisa, sin trampa — hizo que Andrés tardara un momento antes de responder.

—Sí — dijo.

Sofía asintió y soltó su mano.

Pero durante el resto del trayecto de regreso, Andrés no volvió a mirar el horizonte.

La miraba a ella.

Esa noche Sofía escribió en su cuaderno:

Hay personas que cargan tantoque uno no sabe si abrazarlaso simplemente quedarse cercapara que no carguen solos.

Creo que con élvoy a aprender la diferencia.

Fin del Capítulo 5 ✨

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Helizahira Cohen
Muy bonita, romántica, sencilla y corta me gusta
Helizahira Cohen
te equivocaste de nombre ella hablo de Rodrigo y apareció Ricardo, bueno un error se entiende, Andres debe calmarse es pasado
Helizahira Cohen
Esas cosas pasan mas a menudo de lo que uno cree
Helizahira Cohen
No hay comentarios, es bonita, romántica pero esta narrada bien, sigo leyendo, ojalá vean tu trabajo
Helizahira Cohen
Es bonita y la escritora es mi paisana venezolana, describe nuestro mal y menciona nuestras palabras, Cambur = banana
mailyn rodriguez
hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi.
mailyn rodriguez
Gracias 🥰
Cliente anónimo
Es muy bonita la historia.🥰
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