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BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

Status: En proceso
Genre:Acción / Aventura Urbana / Batalla por el trono
Popularitas:846
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11: EL DESPERTAR DE LA REINA

La luz no iluminó. Arrasó. Salió del cuerpo de Lía como una explosión contenida durante siglos.

No fue solo brillo.

Fue poder. Una onda invisible recorrió el loft con una violencia brutal.

Las ventanas estallaron al mismo tiempo.

El sonido fue ensordecedor.

El vidrio salió disparado hacia la noche junto con la lluvia, como si el mundo mismo hubiera sido empujado hacia atrás.

El hombre que la sostenía no tuvo oportunidad. Su cuerpo fue lanzado por el aire como si no pesara nada.

Se estrelló contra una columna de hierro. El impacto retumbó en todo el edificio.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Luego el caos.

Lía dio un paso atrás.

Su respiración se cortó.

No entendía.

No podía entender.

Miró sus manos.

La luz seguía ahí.

Moviéndose bajo su piel.

Viva.

Como si no fuera algo externo.

Como si siempre hubiera estado dentro de ella… esperando.

—¿Qué… me está pasando? —susurró.

Su voz no sonó como la suya.

Sonó lejana.

Temblorosa.

Kael apareció frente a ella en un instante.

La sujetó por los hombros.

Firme.

Anclándola.

Sus ojos dorados no se apartaban de los de ella.

Y por primera vez…no eran solo intensos.

Eran reverentes.

—Mírame.

La voz de Kael no tembló.

Era sólida.

Real.

—Respira.

Lía intentó hacerlo.

Pero su pecho no obedecía.

—No puedo…

La luz subió por su brazo.

Se enroscó en sus dedos.

Brilló con más fuerza.

El aire alrededor vibró.

Kael acercó más su rostro.

Demasiado cerca.

—Sí puedes.

Su voz bajó.

Más profunda.

Más íntima.

—No luches contra ello.

Al fondo, Darius dio un paso.

Por primera vez… inseguro.

—Esto no estaba previsto.

Kael ni siquiera lo miró.

—Aléjate.

Pero el anciano no obedeció.

Observaba a Lía como si estuviera presenciando algo irrepetible.

Algo peligroso.

—La marca no debía activarse así…

Su voz perdió parte de su control.

—La diosa… la está reclamando.

Las palabras golpearon a Lía.

Reclamando.

Como si no fuera suya.

Como si ya no le perteneciera a sí misma.

—No… —susurró—. No soy de nadie.

La energía reaccionó.

Otra onda.

Más fuerte.

Más violenta.

Uno de los hombres del consejo intentó levantarse.

Fue lanzado de nuevo contra el suelo.

Un grito.

Silencio.

Kael la sostuvo con más fuerza.

—Lía.

Su voz la atravesó.

—Escúchame.

Ella levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron.

Y algo cambió.

El caos… se redujo.

No desapareció.

Pero dejó de dominar.

—Concéntrate en mí —dijo Kael.

La intensidad de su mirada era imposible de ignorar.

No era orden.

No era control.

Era conexión.

Lía lo sintió.

Profundo.

Innegable.

Como si algo dentro de ella… lo reconociera.

Su respiración comenzó a estabilizarse.

La luz titiló.

Bajó.

Se replegó lentamente bajo su piel.

Hasta desaparecer.

El silencio cayó de golpe.

Pesado.

Irreal.

Lía sintió que las piernas le fallaban.

Kael la sostuvo antes de que cayera.

Su cuerpo contra el de ella.

Cálido.

Firme.

Seguro.

Demasiado cerca.

Demasiado real.

Por un instante…todo desapareció otra vez.

Pero no por el poder.

Por él.

Darius observaba.

Y esta vez no había duda en su rostro.

Solo certeza.

—Ya no hay vuelta atrás.

Kael levantó la mirada.

—Lárgate.

El anciano apoyó su peso en el bastón.

—No entiendes lo que acaba de pasar.

Kael dio un paso adelante.

—Lo suficiente para saber que no te la llevarás.

Darius lo ignoró.

Miró a Lía.

—Lo que despertó en ti no es solo poder.

Su voz se volvió más grave.

Más oscura.

—Es autoridad.

El silencio se tensó.

—Y eso… —continuó— …no le pertenece solo a Kael.

Kael se tensó.

Sabía lo que venía.

—Otras manadas lo sentirán.

Lía frunció el ceño.

—¿Sentir qué?

Darius la miró directo.

Sin suavizar nada.

—A ti.

La palabra se le clavó en el pecho.

El anciano giró lentamente.

—Esto ya no es una disputa interna.

Hizo una pausa.

—Es el inicio de una guerra.

Kael no respondió.

Pero su postura lo dijo todo.

Darius avanzó hacia la salida.

Antes de desaparecer, se detuvo.

Sin girarse completamente.

—Y esta vez…su voz bajó.

—…no todos querrán una reina.

Silencio.

—Algunos preferirán una amenaza muerta.

Se fue.

Los demás lo siguieron.

El loft quedó en ruinas.

Silencio.

Lluvia.

Respiración.

Nada más.

Lía se apartó lentamente de Kael.

Como si necesitara espacio para entender.

Para procesar.

Para no derrumbarse.

—No quiero esto.

Su voz salió más firme esta vez.

Pero cargada.

Real.

—Hace unas horas mi vida era normal.

Señaló el caos alrededor.

—Y ahora me dices que… todos van a venir por mí.

Kael no respondió de inmediato.

La observó.

Como si evaluara cuánto podía decir.

Cuánto debía callar.

Luego habló.

—No todos.

Lía lo miró.

—¿Entonces quiénes?

Kael dio un paso más cerca.

—Los que quieren control.

Otro paso.

—Los que quieren poder.

Otro más.

—Y los que no aceptan que alguien como tú exista.

Lía sintió un nudo en el pecho.

—¿Alguien como yo?

Kael alzó la mano lentamente.

Rozó la marca en su clavícula.

El contacto fue eléctrico.

Una chispa plateada recorrió su piel.

Ambos se quedaron quietos.

Respirando el mismo aire.

—Eres única —dijo él en voz baja.

No como halago.

Como verdad.

La tensión cambió.

Ya no era solo miedo.

Era algo más.

Más profundo.

Más peligroso.

Kael inclinó apenas el rostro.

Lía no retrocedió.

No pudo.

La conexión era demasiado fuerte.

Demasiado inevitable.

Sus respiraciones se mezclaron.

Un centímetro más…

Y entonces—

Un aullido.

Fuerte.

Salvaje.

Rompió la noche.

Ambos se separaron de inmediato.

Otro aullido respondió desde otra parte de la ciudad.

Luego otro.

Y otro más.

Cada uno más cercano.

Más real.

Más amenazante.

Kael cerró los ojos un segundo.

Cuando los abrió…ya no había duda.

—Ya lo sintieron.

Lía tragó saliva.

—¿Qué?

Kael la miró.

Directo.

Sin suavizarlo.

—A su reina.

Silencio.

Un último aullido.

Mucho más cerca.

Demasiado cerca.

Y entonces…una sombra cruzó el techo del edificio.

Rápida.

No humana.

Observándolos.

Esperando.

Porque no todos necesitas una reina o no permiten ser dominados y la cacería apenas comienza.

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Ileana Martín
me gusta las novelas estan súper bonitas
Ileana Martín
me encanta leer
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