La escuela está en pánico, en el pueblo pasan cosas extrañas, los padres ya no dejan salir a sus hijos, algunos murmuran sobre un animal raro, ¿un perro grande, o algo más?, nadie se atreve a decirlo en voz alta.
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El reclamo de Luke
Narrador.
El patio trasero de la escuela está vacío. El viento arrastra hojas secas contra el alambrado, y el sol de mediodía pega fuerte en el concreto.
Irina se reencuentra con Luke junto a los árboles, lejos de los chicos que almuerzan. Tiene el pelo revuelto.
—No pude traer a Caroline, por culpa de Zack —le dijo Irina.
Luke está recargado contra el tronco. Cuando escucha el nombre, se endereza. La sombra de las ramas le cruza la cara, le endurece la mirada y aprieta los puños.
—Ahora sí me declaraste la guerra hermanito —dice Luke, y la voz le sale baja, contenida— Caroline es mía y jamás le pondrás un dedo encima. No después de que la besé. Ella es mi territorio.
Irina no contesta. Solo mira hacia el edificio de la escuela, hacia los pasillos donde quedó Zack. El viento mueve las hojas otra vez, y el silencio entre los dos se queda pesado.
Luke no despega la vista del edificio. El viento le mueve el pelo y la sombra de los árboles le tapa los ojos. Cada ráfaga trae el olor a Caroline.
Se pasa la lengua por los labios para humedecerlos. El sonido de su respiración es más fuerte que las hojas secas raspando el concreto. Mira a Irina.
—Necesito la manada reunida esta noche —dice Luke— iremos por Caroline.
Su voz no sube, pero el aire se corta.
Irina traga saliva. El ruido le suena demasiado alto en su garganta. No dice nada. Solo asiente.
El patio está vacío, pero el eco de los pasos de alguien suena demasiado cerca, detrás de la pared. Ninguno de los dos se gira a mirar, creen que no tiene importancia.
Luke sigue con la vista clavada en las ventanas del segundo piso. Zack y Caroline están demasiado cerca del uno del otro.
—Por ningún motivo salgas sola de la casa —dice Zack— ¿Me escuchaste?
Caroline aprieta la correa de su mochila. Lo mira fijo, con el ceño fruncido.
—No me vas a decir qué hacer, no soy una niña.
Zack baja la voz. El eco rebota entre las paredes del pasillo.
—No es un juego, Caroline.
Ella da un paso al costado, rebelde. Levanta la barbilla.
—No voy a someterme a ti, eres mi hermanastro, no mi dueño.
El sonido de una puerta que se cierra al fondo del pasillo hace que los dos se tensen, pero ninguno aparta la mirada.
Zack aprieta la mandíbula.
—Porque eres tan terca Caroline.
Ella no contesta. Ajusta la mochila en el hombro y camina hacia delante, con pasos firmes contra el piso.
Él la persigue. El sonido de sus zapatillas retumba entre las taquillas.
—Caroline.
Ella no se detiene. Dobla la esquina del pasillo y Zack acelera el paso detrás de ella.
____ Voy al receso no me molestes, nos vemos en la casa ___ Le dijo ella ingresando al comedor del instituto.
El profesor Harry los vigila de lejos, como si no quisiera ser visto por los demás, los sigue sin que se dieran cuenta.
Tras finalizar la jornada en la escuela, el frente del edificio está lleno de alumnos saliendo. El cielo está gris y el aire huele a tormenta.
Zack frena el auto delante de Caroline, justo en la vereda. Baja la ventanilla.
—Sube —Le dice amablemente.
Caroline se detiene. Mira el auto, luego a él. Se acomoda la mochila y niega con la cabeza.
—Prefiero caminar.
Zack golpea el volante con la palma.
—Caroline, no estoy jugando carajo.
Ella da un paso atrás, alejándose del auto. Zack aprieta los dientes, cansado de sus berrinches.
Abre la puerta del conductor y él mismo baja por ella. En dos zancadas llega hasta ella, le agarra del brazo y la sube a la fuerza al asiento del acompañante.
Caroline forcejea, pero Zack cierra la puerta y la traba.
El motor ruge cuando arranca, y se alejan de la escuela mientras los demás chicos los miran.
El auto avanza por la calle. Los árboles pasan rápido por la ventanilla. Caroline tiene los brazos cruzados y el cinturón de seguridad tenso contra el pecho.
—¿Quién te crees que eres, mi padre o qué? —se queja Caroline, con el ceño fruncido.
Zack aprieta el volante. Se ríe mientras acelera, y el motor ruge más fuerte.
—Algo peor, ya lo sabes Caroline —dice, sin mirarla.
Ella golpea el apoyabrazos con el puño.
—¡Bájame ahora mismo! — Exclamó fuerte.
Zack no afloja. Mira por el espejo retrovisor. Al mismo tiempo también siente que alguien los sigue atrás. Una camioneta negra, la cual mantiene la distancia.
No dice nada. Solo pisa más el acelerador.
El auto sigue en la calle. Zack no frena. El motor ruge y las luces de la ciudad pasan más rápido por las ventanillas.
Caroline tira del cinturón, furiosa.
—¡Déjame bajar! —Grita.
Zack se ríe y pisa más el acelerador.
—No__ dijo.
De repente, los faros de atrás se acercan. Una camioneta negra a la izquierda, y otra más, a la derecha.
La manada de Luke los rodea.
Los autos se pegan al de Zack, uno por cada lado. Le cortan el paso en el semáforo. Las ventanillas polarizadas bajan lento. No se ve quién maneja. Solo sombras.
Zack frena de golpe. El cinturón le aprieta el pecho a Caroline.
—Quédate adentro —Ordena Zack.
Afuera, las puertas de los otros autos se abren al mismo tiempo.
Zack baja y cierra la puerta del auto de un golpe. El sonido retumba en la calle vacía.
Camina despacio hasta el frente. Cada paso suena contra el asfalto.
Luke baja de la camioneta negra. No se apura. Ajusta su campera y camina hasta quedar a un metro de Zack. Los demás no se mueven. El aire se siente pesado, como antes de una tormenta.
Luke clava la mirada en Zack. Su voz sale baja, pero se escucha en toda la calle.
—Entregame a mi chica y no te haremos nada —Amenaza claro y directo.
Zack respira hondo. Tiene los puños apretados a los costados. Se para más firme.
—No es tuya —dice Zack.
El silencio dura un segundo que parece eterno. Los de la manada dan un paso al frente, todos al mismo tiempo.
Caroline está adentro del auto. Tiene la frente pegada al vidrio y las uñas clavadas en el tapizado.
—¡Zack! —grita Caroline, pero nadie la escucha.