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Sediento De Venganza

Sediento De Venganza

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Ethan es un joven que vive la vida a través de un cristal hasta que el destino le enseña que no todo lo que brilla es oro.

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Doble engaño.

El plan se ejecutó la noche del primer jueves de mayo. Una niebla espesa, casi sólida, bajó de los Cárpatos y envolvió el pueblo, aislando la joyería Dragomir en un silencio sepulcral. Julian había convencido a Ethan de realizar un viaje de dos días a un pueblo vecino para evaluar una supuesta colección de esmeraldas antiguas. Ethan, confiado, besó la frente de Dafne antes de partir, prometiéndole que regresaría pronto para empezar a planear su boda.

No llegó a pasar la noche fuera; un presentimiento extraño, una opresión en el pecho que no lo dejaba respirar, lo obligó a dar la vuelta a mitad de camino. Su carruaje regresó al pueblo a las tres de la madrugada.

Cuando Ethan abrió la puerta del taller, la campanilla emitió un sonido que a él le pareció el lamento de un animal herido. El aire dentro de la estancia estaba inusualmente frío. No había rastro del aroma a lavanda que Dafne siempre dejaba.

Encendió un quinqué con manos temblorosas. Al levantarse la luz, el corazón de Ethan se detuvo.

Las vitrinas de madera oscura estaban abiertas de par en par. Los paños de terciopelo azul, donde antes reposaban los collares, anillos y broches heredados de sus padres, yacían tirados en el suelo como pieles muertas. La caja fuerte del taller estaba abierta; los libros de contabilidad, las escrituras de la propiedad y los sacos de monedas de oro habían desaparecido. Hasta sus herramientas de precisión más valiosas se las habían llevado.

Ethan caminó entre las ruinas de su vida como un sonámbulo. Sus pies tropezaron con algo en el suelo. Se agachó y, con el alma rota, recogió el colgante de plata con forma de sauce que le había regalado a Dafne en el solsticio de invierno. El zafiro se había desprendido del centro; la plata estaba doblada, pisoteada en la prisa de la huida.

El dolor no estalló en gritos. Fue un frío abrasador que le congeló la garganta. Ethan cayó de rodillas en medio del taller vacío, sosteniendo el pedazo de plata rota contra su pecho. No solo le habían robado su fortuna; le habían saqueado el derecho a volver a creer en la bondad humana. La soledad de la orfandad regresó, pero esta vez venía acompañada por el veneno de la traición.

A sesenta kilómetros de allí, en la estación de tren de la ciudad fronteriza, el vapor de la locomotora se mezclaba con la niebla de la madrugada. Dafne esperaba en el andén, de pie junto a tres pesados baúles de cuero que contenían toda la fortuna de la joyería Dragomir.

Su corazón latía con una mezcla de adrenalina y triunfo. Miraba constantemente hacia la entrada de la estación, esperando ver aparecer la silueta elegante de Julian con los billetes hacia París. Había dejado atrás Transilvania, había destruido a Ethan sin parpadear, y todo valía la pena porque finalmente obtendría la vida que tanto había ansiado al lado del único hombre al que amaba.

El silbato del tren anunció la última llamada para el abordaje. La ansiedad empezó a transformarse en un pánico sordo que le oprimía el estómago.

—¿Buscaba al señor Julian, señorita? —preguntó el jefe de estación, acercándose a ella mientras revisaba su reloj de bolsillo.

—Sí... —respondió Dafne, con la voz quebrada por el frío y el miedo—. Tenía que haber llegado hace una hora. ¿Sabe si se ha retrasado su carruaje?

El hombre la miró con una mezcla de lástima y frialdad, sacando un sobre arrugado de su abrigo.

—Un mozo me dio esto hace un rato. Dijo que se lo entregara a la mujer que esperaba junto a los baúles grandes si el señor no llegaba a la última campanada.

Dafne le arrebató el sobre. Con los dedos temblando violentamente, rompió el papel. La caligrafía de Julian era clara, elegante y carente de cualquier rastro de remordimiento:

"Mi querida Dafne:

El amor es un lujo que los ambiciosos no podemos permitirnos. El tren que tomé hacia Bucarest salió a medianoche. No me busques. La policía de Transilvania ya debe estar investigando el robo de la joyería, y un hombre con mi capital no puede permitirse viajar con alguien que pronto será una prófuga.

Gracias por asegurar nuestro futuro. El mío, al menos."

Dafne dejó caer la carta. El papel fue arrastrado por el viento húmedo del andén. Miró a su alrededor con desesperación y abrió uno de los baúles con torpeza: las joyas de Ethan estaban allí, pero Julian se había llevado todo el dinero en efectivo, las escrituras vendibles y los bonos de oro. La había dejado con un cargamento de piezas robadas imposibles de vender sin ser atrapada.

El tren se puso en marcha, alejándose en la penumbra y dejando tras de sí un eco de metal que imitaba perfectamente las risas de Julian en su mente.

Dafne se desplomó sobre sus propios baúles. Por primera vez en su vida calculadores, sintió el golpe seco y brutal del dolor que ella misma solía infligir. Estaba sola, maldita por sus crímenes, buscada por la ley, y con el corazón destrozado por el único hombre por el que habría dado la vida. El engaño había completado su círculo perfecto.

1
Alondra Linares
que historia tan bonita llena de mucho odio, ethan siendo rescatado del odio para vivir en oax
b zamitiz
🙂
Mindy Rey
Esa desgraciada tuvo tanta suerte y tiempo para hacer el mal en todo el mundo
Yolanda Luna
Maravillosa
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