interesante
NovelToon tiene autorización de sterlina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO-3 La heredera olvidada
Mientras tanto, el duque buscó a la madre de Simone.
Porque no estaba muerta.
Se casó con ella y la convirtió en la nueva duquesa. Así, junto a Simone, formaron la familia perfecta ante los ojos del imperio.
Una familia completa.
Una familia feliz.
Una familia… donde yo no existía.
Las celebraciones no tardaron en llegar. Banquetes, visitas de nobles, regalos costosos y sonrisas falsas llenaban el ala principal de la mansión. Los rumores decían que el duque había encontrado nuevamente el amor.
Qué irónico.
El duque olvidó por completo la promesa que le hizo a la difunta duquesa Sara.
Olvidó que debía cuidarme.
Olvidó que yo era su hija.
Para él… yo era un error que debía ocultarse.
Contrató a una institutriz, la señorita Sofía Belmon, asignándole dos roles: niñera y dama de compañía. Ella debía encargarse de mi educación, mi cuidado y todas mis necesidades.
Pero también recibió una orden clara.
Yo no debía salir.
Me confinó en el ala oeste de la mansión.
Un lugar frío, silencioso… olvidado.
Un ala donde incluso los sirvientes evitaban pasar si no era necesario, como si ese lugar cargara con una presencia incómoda que nadie quería enfrentar.
Tenía apenas 2 año y seis meses cuando me prohibieron salir incluso a tomar el sol.
Mientras tanto, Simone y su madre vivían rodeadas de lujos, atenciones y privilegios.
Eran tratadas como verdaderas reinas.
Vestidos nuevos cada semana.
Clases privadas.
Paseos por los jardines.
Risas.
Luz.
Y yo…
Vivía peor que los sirvientes.
Aunque tenía varias habitaciones asignadas, ninguna poseía comodidad real. Eran espacios vacíos, fríos, sin alma… como si ni siquiera valiera la pena habitarlos.
Como si yo tampoco lo valiera.
El aislamiento era absoluto.
No podía salir al jardín.
No podía recorrer la mansión.
No podía existir fuera de esas paredes.
Los días eran largos.
Interminables.
El tiempo parecía detenerse en ese lugar.
Y cuando cumplí dies años…
La situación empeoró.
Me retiraron a todos los sirvientes.
Me obligaron a hacer todo por mí misma.
Limpiar. Ordenar. Servirme.
Aprender sola.
Caerme sola.
Levantarme sola.
Solo dejaron a mi nana.
Pero incluso ella tenía prohibido ayudarme.
Una crueldad disfrazada de disciplina.
Una forma elegante de abandono.
Para mí no era tan difícil, pues tenía los recuerdos y disciplina de mi otra vida donde tenía que ayudar con la limpieza de la casa cuando mi madre trabajaba.
Aun así, Sofía nunca dejó de cuidarme… aunque tuviera que hacerlo a escondidas.
Una noche, todo cambió.
Soñé con aquella voz.
La misma que había escuchado antes de renacer.
—Cuando despiertes… recibirás un regalo.
Su tono era suave, pero firme. Antiguo… como si perteneciera a algo mucho más grande que este mundo.
Quise preguntarle qué significaba, pero antes de poder hacerlo…
Desperté.
Un ruido me sacó del sueño.
Y cuando abrí los ojos…
Me quedé completamente inmóvil.
Los objetos de la habitación estaban flotando.
Los utensilios, los libros, las telas…
Todo.
Suspendido en el aire, girando lentamente como si una fuerza invisible los sostuviera.
No me moví durante un largo rato.
Solo observaba.
Asombrada.
Fascinada.
Extasiada.
Mi respiración se volvió lenta.
Mi mente… completamente en blanco.
Se sentía… extraño.
Pero no de una forma mala.
Era una sensación cálida.
Correcta.
Como si algo dentro de mí, que había estado dormido todo este tiempo… finalmente despertara.
Extendí mis manos lentamente.
Con cuidado.
Con miedo.
Y entonces…
Todo comenzó a responder.
Los objetos giraron, formando un remolino suave, elegante, obediente.
No era caótico.
No era violento.
Era… hermoso.
Como si esa energía me reconociera.
Como si siempre hubiera estado ahí.
Esperando.
Cuando bajé las manos…
Todo cayó al suelo.
El sonido rompió el silencio.
Pero yo no sentí miedo.
Sonreí.
Por primera vez en mucho tiempo… sonreí de verdad.
Desde la cama, comencé a señalar uno a uno los objetos.
Con un simple gesto…
Se movían.
Se elevaban.
Volvían a su lugar.
Obedecían.
Durante meses entero practiqué en secreto.
A escondidas.
En silencio.
Aprendiendo mis límites.
Midiendo mi control.
Descubriendo hasta dónde podía llegar.
No le dije nada a mi nana.
Aún no.
Primero debía entender qué era esto.
Si en este mundo existía la magia…
Y qué tipo de magia era la mía.
Porque si esto era poder…
Entonces también podía ser peligro.
—Nana, necesito hablar con padre —dije una mañana.
Sofía me miró con preocupación inmediata.
—¿Para qué, mi niña? Sabes que no te va a recibir.
—Quiero que me dé permiso para usar la biblioteca.
Ella suspiró, como si ya conociera el resultado.
—Sabes que no tienes permitido ir a esa ala, cariño.
—Lo sé… pero tengo que ir. Necesito averiguar algo. Y tengo que comprobar si está ahí.
Sofía negó con la cabeza.
—Te lo va a negar. Para llegar a la biblioteca tienes que salir de aquí… y eso está prohibido.
—Lo sé —respondí con calma—. Pero quiero intentarlo. Sabes que, de todas formas, lo haré. Y si pido permiso… tú no tendrás problemas.
La mujer palideció.
—Ni me lo recuerdes… la última vez pensé que me daría algo. Creí que me despedirían.
Su voz tembló.
—No por mí… sino por ti. Me aterraba dejarte sola aquí… o que pusieran a alguien que te maltratara.
Mi expresión se suavizó apenas.
—Lo sé.
Luego sonreí levemente.
—Recuerdo su cara cuando me vio afuera… especialmente porque tenía visitas importantes.
Podía imaginarlo perfectamente.
Explicaciones vacías.
Excusas torpes.
Porque la copia exacta de la antigua duquesa vestía harapos…
Y no estaba en la academia, como dictaba el protocolo imperial.
Sofía me miró en silencio, con algo parecido al miedo.
—A veces me das miedo… —susurró—. Esa expresión que haces cuando hablas de tu padre…
Fruncí el ceño.
—Ese hombre no es mi padre. Solo fue quien depositó sus… espermatozoides en mi madre.
Sofía parpadeó confundida.
—¿Sus qué?
Suspiré.
A veces olvidaba que no podía usar ciertas palabras.
Ni por mi edad.
Ni por la época.
—Nada… olvídalo.
Me incorporé un poco, más decidida.
—Ve donde el duque. Dile que quiero una reunión. Que venga a verme… o que me diga cuándo puede recibirme.
Flashback (recuerdo de la antigua sacha).
Desde que ella comenzó a comprender el mundo, preguntaba por su padres.
Siempre obtenía la misma respuesta.
—Están ocupados.
Pero ella insistía.
Quería conocerlos.
Quería verlos.
Quería entender por qué no estaban conmigo.
Hasta que Sofía, presionada, habló con el duque.
Y él…
Se enfureció.
—No me molestes con esa mocosa —dijo con desprecio—. Te pago muy bien para que te encargues de ella. No quiero verla.
El castigo fue brutal.
Tres días sin comida.
A mí.
Y obligaron a Sofía a comer frente a ellos, para asegurarse de que no me diera nada.
Aun así…
Ella se las arreglaba.
Siempre lo hacía.
Escondía pan, frutas, pequeños trozos de carne entre sus ropas.
Arriesgándose.
Temblando.
Pero sin rendirse.
Siempre encontraba la forma de cuidarme.
Fin del recuerdo
Volví al presente.
Apreté las sábanas con fuerza.
Tengo que llegar a esa biblioteca.
Necesito libros.
Necesito respuestas.
Necesito entender este poder.
Porque si el mundo me abandonó…
Entonces yo me convertiré en alguien que no pueda ser ignorada.
Si no encuentro nada…
Tendré que preguntarle a mi nana.
Aunque eso me aterra.
Porque si se asusta…
Podría irse.
Y entonces…
Sí que estaría completamente sola.
Pero esta vez…
No voy a quedarme débil.
No voy a quedarme encerrada.
No voy a ser la niña olvidada.
Esta vez…
Voy a convertirme en algo que nadie pueda controlar.