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Mi Vida Después De Ti

Mi Vida Después De Ti

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Reencuentro
Popularitas:8.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Rosalva

Valentina creyó haberlo dado todo. Años de amor, de entrega, de familia y de sostener una vida que sin darse cuenta ya estaba quebrada.
Hasta que una noche, sin aviso, todo termino. Lo que siguió no fue una separación... fue un descenso al vacío. Entre el dolor, soledad y la reconstrucción de si misma, aparece Santiago... Un encuentro inesperado que despierta en ella emociones que creia muertas. Pero no todo lo que se enciende... sana, no todo lo que llega... permanece.
Esta es la historia de una mujer que tuvo que perdió a si misma, para finalmente reencontrarse.
"A veces, para volver a vivir... hay que aprender a soltarse"

NovelToon tiene autorización de Maria Rosalva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 13

Me desperté lento.

Como si el cuerpo no fuera mío.

Como si cada parte pesara más de lo normal.

Había un zumbido bajo en el ambiente… ese sonido constante de los hospitales, de las máquinas, del silencio que nunca es del todo silencio.

Abrí los ojos apenas.

La luz me molestó.

Parpadeé varias veces hasta que todo empezó a tomar forma.

Blanco.

Paredes blancas.

Sábanas blancas.

El olor a desinfectante.

Y entonces… entendí.

Hospital.

Giré un poco la cabeza.

Me dolió.

Todo me dolía.

El cuerpo.

El pecho.

El alma.

—Tranquila… estás en el hospital.

La voz del médico me llegó lejana al principio.

Como si estuviera debajo del agua.

Él estaba ahí.

De pie.

Leyendo una planilla.

Serio.

Concentrado.

Levantó la mirada hacia mí.

—Pancreatitis aguda, Valentina.

Las palabras cayeron despacio.

Pesadas.

—Te vamos a tener en observación hasta que te recuperes.

Hizo una pausa breve.

—Vas a estar en reposo absoluto hasta que baje la bilis.

Lo miré.

Pero sentía que no podía procesar nada.

Era mucha información.

Demasiado.

Mi mente iba lenta.

Mi cuerpo también.

Sentí cómo algo dentro mío se aflojaba.

Como si todo lo que venía sosteniendo…

se estuviera cayendo de golpe.

Mis ojos se llenaron.

No pude evitarlo.

Las lágrimas empezaron a caer.

Silenciosas.

Cálidas.

Dolían más que el cuerpo.

El médico negó suavemente con la cabeza.

—Tranquila.

Su tono cambió.

Más humano.

Más cercano.

—Estás a tiempo.

Se acercó un poco.

—Después de que baje la inflamación vamos a programar la cirugía.

Respiré como pude.

Corto.

Entre cortado.

—Es importante que estés tranquila —continuó—. Evitá el estrés.

Bajó la mirada a la planilla.

—Tenés las defensas bajas.

Cerré los ojos un segundo.

Estrés.

La palabra me golpeó.

Porque sabía.

Sabía perfectamente de dónde venía todo.

Pero no dije nada.

No podía.

No tenía fuerzas.

Solo asentí.

Lento.

Como si ese pequeño gesto me costara todo.

Me dolía.

Y no quería sentir ese dolor.

No quería pensar.

No quería recordar.

Solo quería… parar.

La puerta se abrió.

Suavemente.

Giré la mirada.

Y ahí estaba.

Mi bebé.

Massimo.

Con los ojos rojos.

La cara húmeda.

La mirada rota.

Me miraba como si tuviera miedo de acercarse.

Como si no supiera si yo estaba realmente ahí.

Mi corazón… se apretó.

Más que cualquier dolor físico.

—Amor de mamá… —mi voz salió apenas, casi un susurro.

Se acercó despacio.

Como si temiera hacerme daño.

Y cuando llegó a mi lado…

me abrazó.

Suave.

Con cuidado.

Sus brazos rodearon mi cuello.

Y ahí…

ahí me quebré.

Porque ese abrazo…

era todo.

Era amor.

Era miedo.

Era necesidad.

Era refugio.

Sentí su respiración temblar.

—Mami… —dijo bajito.

Le acaricié la cabeza como pude.

—Estoy acá… —susurré—. No pasa nada.

Pero no sabía si era verdad.

No sabía nada.

Solo sabía que él me necesitaba.

Y yo tenía que sostenerlo.

Incluso así.

Incluso rota.

El médico los miró.

A los dos.

Y su expresión se suavizó.

Sonrió apenas.

Se acercó y apoyó una mano en el hombro de Massimo.

—Tranquilo.

Su voz fue cálida.

—Tu mamá está en buenas manos.

Massimo no respondió.

Pero no se soltó de mí.

—Debo seguir mi ronda —agregó el médico—. Te veo más tarde.

Me miró.

—Descansá, por favor.

Asentí otra vez.

Sin hablar.

Sin poder.

Cuando salió, el silencio volvió.

Pero ya no era el mismo.

Ahora tenía su respiración.

Su calor.

Su presencia.

—¿Te duele? —me preguntó.

Negué suavemente.

Aunque sí.

Dolía todo.

—Estoy bien —mentí.

Porque a veces…

ser madre…

también es eso.

Mentirle al dolor…

para que ellos no tengan miedo.

Cerré los ojos un instante.

Sintiendo su abrazo.

Aferrándome a él.

Como si en ese pequeño cuerpo…

todavía existiera algo que no se había roto.

Porque aunque todo se estuviera cayendo…

aunque el cuerpo dijera basta…

aunque la vida doliera más de lo que podía soportar…

había algo que seguía en pie.

Él.

Y por él…

yo todavía no podía caer del todo.

Llevaba días sintiendo que el mundo me pesaba más de lo normal, otra vez me perdí en mis pensamientos.

No era solo el cuerpo, era todo, la cama.el aire, el silencio.

Incluso respirar se volvía un esfuerzo.

Había dejado de luchar.

No porque quisiera rendirme…

sino porque ya no sabía cómo seguir sosteniendo algo que, en el fondo, sabía que estaba roto.

Miraba a mi alrededor.

Las paredes.

Los objetos.

Mi propia vida.

Y todo me resultaba ajeno.

Como si no me perteneciera.

Como si hubiera estado viviendo en automático demasiado tiempo.

Soportando.

Callando.

Adaptándome.

Como si alguien, en algún momento, me hubiera programado para quedarme.

Para aguantar.

Para mirar hacia otro lado.

Para hacer de cuenta que no pasaba nada.

Pero pasaba.

Pasaba todo.

El dolor.

La traición.

La presencia de otra mujer metida en mi historia.

Y lo peor…

era saberlo.

Saberlo y aun así seguir.

Eso era lo que más me rompía.

No la infidelidad.

Sino yo quedándome.

Yo justificando.

Yo sosteniendo lo insostenible.

Y entonces…

cuando levanté la mirada…

lo vi a él.

Massimo.

Ahí.

Tan cerca.

Tan mío.

Mirándome.

Y algo dentro mío se quebró distinto.

Porque en sus ojos no había enojo…

había tristeza.

Confusión.

Dolor.

Y me dolió más que todo lo demás.

Más que la traición.

Más que las mentiras.

Más que mi propia angustia.

Me dolió saber que me estaba viendo así.

Rota.

Apagada.

Perdida.

Sentí una culpa que me atravesó el pecho.

Como si le estuviera fallando.

Como si no fuera justo para él tener una mamá así.

Una mamá que no podía sostenerse.

Una mamá que ya no sabía cómo ser fuerte.

Y en ese instante me sentí miserable.

No por lo que me hacían…

sino por lo que yo estaba permitiendo.

Pero aun así…

no podía irme.

No todavía.

Porque había algo que me ataba.

Algo que no lograba soltar.

Lucas.

El hombre que elegí.

El hombre con el que soñé una vida.

El amor que creí para siempre.

Y soltar eso…

no era solo irme.

Era romper una historia.

Era aceptar que todo lo que había construido…

no era lo que pensé.

Y no tenía fuerzas.

No tenía fuerzas para eso.

Entonces me quedé.

Sabiendo.

Doliendo.

Rompiéndome en silencio.

Y entendiendo, por primera vez…

que a veces el amor no alcanza.

Y que quedarse… también puede ser una forma de perderse, el sonido de la puerta me sacó de mis pensamientos.

Sentí cómo Massimo se despegaba de mí.

Lento.

Como si no quisiera irse.

Como si soltarme le doliera.

—Voy a estar afuera, ma… —susurró.

Asentí apenas.

No tenía fuerzas para más.

Lo vi salir.

Y en ese mismo instante…

entró ella.

Elizabeth.

Mi niña.

Pero ya no tan niña.

Se quedó en la puerta unos segundos.

Mirándome.

Y en su mirada…

había algo que me atravesó más que cualquier diagnóstico.

Dolor.

Un dolor contenido.

Silencioso.

De ese que no se grita…

pero que pesa más.

Se acercó.

Despacio.

Y cuando llegó a mi lado…

no pudo más.

Se quebró.

Sus lágrimas empezaron a caer sin control.

Y aunque intentaba mantenerse firme…

aunque quería sostenerse…

no pudo.

—Mami… —su voz se rompió—… me asusté.

Cerré los ojos un segundo.

Porque esas palabras…

me dolieron más que todo.

—Me asusté mucho…

La miré.

Y pude verla.

De verdad.

No la que intenta ser fuerte.

No la que cuida a su hermano.

Sino a mi hija.

Con miedo.

Con angustia.

Cargando algo que no le correspondía.

Le extendí la mano.

Como pude.

Ella la tomó de inmediato.

Y se inclinó sobre mí.

Apoyó su frente cerca de mi hombro.

Llorando en silencio.

—Tranquila… —susurré—. Estoy bien.

Mentí otra vez.

Pero esta vez…

me costó más.

—Voy a estar unos días acá… nada más.

Respiré hondo.

—Podés quedarte con tu hermano.

Hizo un leve gesto con la cabeza.

Pero no habló.

Solo seguía ahí.

Tomándome la mano.

Como si temiera que en cualquier momento…

yo desapareciera.

—Voy a llamar a Meli… —agregué suavemente—. Ella va a ayudarlos.

Elizabeth cerró los ojos.

Y apretó más mi mano.

—No tenés que preocuparte por nada —le dije.

Aunque en el fondo sabía…

que ya se estaba preocupando por todo.

Porque cuando los hijos empiezan a ver demasiado…

dejan de ser solo hijos.

Y pasan a ser…

parte del sostén.

Le acaricié el cabello.

Despejándolo de su rostro.

—Estoy acá…

Y esta vez…

no era solo para tranquilizarla.

Era para recordármelo a mí también.

Porque aunque el cuerpo doliera.

Aunque la vida se sintiera cuesta arriba.

Aunque todo se estuviera desordenando…

yo tenía que seguir estando.

Por ellos.

Siempre por ellos.

Bella buenas tardes 🤗

acá voy dejando otro capítulo ♡

Bendiciones ♡

1
Gladys Muñoz
que triste
Diana maryuri
mucho perro lo hizo😡 no se fue lejos para atormentarla si no lo hacía allí en casa lo hacía no muy lejos disfrutando de verla sufrir, lo más increíble es esa mujer se presto. a todo esto
Diana maryuri
bueno esto es algo que se tiene que parar porque si no ella se va a convertir en el saco de boxeo de su esposo porque él ya no ejerce solamente una violencia de engaño de mentiras sino de violencia psicológica y ahora física esto es la acción o la reacción que tiene una persona cuando lo enfrentan a su verdad la cual no quiere aceptar y utiliza la violencia física para ejercer ese poder que siente que ha perdido y Valentina tiene que parar eso de lo contrario no habrá escapatoria él no está ahí en esa casa por amor a ella ni por amor a sus hijos porque si eso fuera así nunca los había engañado pero es más por egoísmo es más por mentiras es más por orgullo macho entonces sí se va que se vaya bien lo que le impide a él es que Lucía no es así como Valentina Lucía es autónoma y antes ella ejerce en él un poder de acción de que si ella se enoja él es el que ruega lo que no sucede en su propio hogar si él se enoja Valentina es la que termina cediendo
Diana maryuri
de verdad necesitas fuerzas porque mientras tu t apagas el vivve su vida 😘 de amor al lado de Lucia que espero le de una patada por la s huevos
Diana maryuri
soltar no es fácil más cuando ha esxistido una vida entera donde todo giraba a rededor de el , al principio de la trama el era el eje de todo y de algún modo invisible ejercicia en ella control absoluto, el revelasse y trabajar, no bajar la cabeza y defenderse su actual postura es más difícil que l o que se pude imaginar y solo alguien que ha pasado o pasa por eso lo entiende , ella es fuerte y lo está conociendo recién, ahora el está conociendo por primera vez que ya no tiene ese poder sobre ella y eso es lo que lo tiene Cabreado, por qué aparentemente Lucia es paz pero la realidad es que ella sabe el lugar suyo las amantes no existen solo disfrutan de lo bueno de una relación, el hombre no vive con ella por lo cual no debe atenderlo al +💯% , no discute porque sabe que ella es ese escape a una relación que supuestamente está rota y aficia es ese sol de la oscuridad, pero llega el momento como ahora que poco a poco empiezan a pedir territorio y es allí donde esa dulzura deja existir, y ellas también conocen el verdadero rostro de su amante,.
Diana maryuri
el actuar típico del infiel que pierde el control de lo que antes creía seguro o como el lo llama rutina aburrida
Florinda Morales
No me gusta este estilo de escritura... me confunde y aleja del libro aunque me guste
Monica
Aún no me engancho con este libro
Zaylys Coromoto Peña Rodriguez
es un imbécil un hombre de verdad valora lo que observa en su mujer y familia
Zaylys Coromoto Peña Rodriguez
ellos nunca saben nada y salen que no sabe como pasó
Normaangelica Medina Ortiz
pudo ser una buena historia, pero las palabras tan repetidas en cada capítulo no ayudaron en nada y tantas palabras de la autora a las lectoras estaban de más!!!
Normaangelica Medina Ortiz
muchas palabras y frases repetidas constantemente a falta de historia y las palabras de la escritora a l@s lectoras en cada capítulo salen sobrando.
Maria Rosalva: quizás hayan errores, acepto la crítica es parte del crecimiento, hay diversas formas de escritura y mis lectores siempre me acompañan pero no por kas frases sino por la esencia ☺️
total 1 replies
Paola Elizabeth
es un boludo
Paola Elizabeth
hombres hombres
Paola Elizabeth
hdp
Emperatriz Reales
Q bueno q te enfrentaste a ese narcisista de porquería , q cree q él es el único q tiene valor como humano , cuando es una reverenda porquería
Maria Rosalva: 🤭🤭🤭 Emperatriz como estás? Bendiciones mi bella🥰
total 1 replies
Emperatriz Reales
Realmente así es, todos opinamos, pera la realidad es otra q no nos deja pensar con claridad, y esa llega el día menos pensado
Emperatriz Reales
No entiendo a esta mujer,suelta esas ataduras, ese demonio no te quiere, déjalo d una v z , para q alargar el dolor , ya esta clara q eso no va a ningún lado
Emperatriz Reales: Exacto, pero es así tal cual , cuando estamos donde ya no tenemos cabida
total 2 replies
Emperatriz Reales
La excusa perfecta, me molestó y no vuelvo
Maria Rosalva: tranqui el proceso puede cambiar , solo dale tiempo al tiempo, te prometo vivir una montaña rusa de emociones
total 1 replies
Emperatriz Reales
Hay q repetirnos, la infidelidad no se perdona
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