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Ella es de un grupo rebelde pero es capturada en una misión el está encargado de hacerla hablar y luego ejecutarla Pero se obsesiona locamente por ella
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Capitulo 4
Mi hermana ya dormía.
Su respiración era lenta, honda, como la de los niños que aún creen que alguien los protegerá. Yo seguía despierta, mirando el techo de cemento, escuchando los sonidos del refugio: toses, ronquidos, el goteo constante de una tubería rota.
El silencio también pesa. A veces más que los gritos.
Pensé en los militares que nos persiguieron. En Killa con su sonrisa de tiburón. En Ko con sus puños de dueño. En mi cara rota y mi hermana preguntando ¿qué te pasó?
Y entendí algo que había intentado negar durante años.
Así son las guerras.
Los más débiles pierden la fe.
Los que no tienen nada pierden las ganas. Los que ven morir a los suyos pierden la esperanza. Los que pasan hambre pierden la dignidad. Y al final, cuando ya no les queda nada, pierden las ganas de seguir.
Mientras tanto, los más poderosos disfrutan de sus privilegios.
El dictador en su mansión. Los generales en sus cenas de gala. Killa con su uniforme impecable y su derecho a matar sin pagar. Ko con su pequeño imperio dentro de la resistencia, repartiendo medicamentos a cambio de sumisión.
Todos ellos duermen tranquilos.
Todos ellos comen caliente.
Todos ellos tienen a alguien como yo sangrando por ellos.
Es injusto. Lo sé.
Pero así es la vida.
Y no podemos hacer nada.
Esa es la parte que más duele. No que el mundo sea injusto. Sino que no hay botón para apagarlo. No hay revolución que termine con todas las cadenas. No hay bala que mate a todos los monstruos.
Porque cuando cayera un dictador, otro ocuparía su silla.
Porque cuando Ko muriera, otro rebelde levantaría su puño y exigiría lo mismo.
Yo solo soy Nox.
Una noche que dura demasiado.
Una hermana que proteger.
Una boca que aprende a decir "tuya" sin escupir después.
Cerré los ojos.
No para dormir.
Para no ver.
Mi hermana seguía dormida.
Yo seguía despierta.
Y en medio de esa madrugada eterna, con el pecho apretado y los labios aún sabiendo a sangre, entendí algo que había estado negándome a aceptar.
No quiero sobrevivir.
Quiero vivir.
Sobrevivir es esconderse. Es morder la lengua. Es decir "tuya" cuando quieres decir "nunca". Es levantarte cada mañana sin saber si esa noche volverás a tener un colchón.
Sobrevivir no es vida. Es sólo no estar muerto.
Yo quiero más.
Quiero poder darle una vida digna a mi hermana. Que no tenga que dormir en un sótano que huele a humedad. Que no tenga que preguntar "¿quién te hizo eso?". Que pueda ser niña. Que pueda reír sin miedo a que un militar o un rebelde le corte la risa de un golpe.
Quiero ser libre.
Libre de verdad. No de esa libertad que venden los políticos ni la que prometen los jefes rebeldes. Una libertad mía. Chiquita. Sencilla. Poder caminar por una calle sin mirar atrás. Poder decir "no" sin que me cueste un hueso.
Pero mientras haya perros…
Siempre habrá dueños
Unos con uniforme. Otros con capucha. Unos con medallas. Otros con discursos bonitos.
Los perros siempre tendrán un dueño.
Así sea políticos o rebeldes. Así sea el dictador o el comandante Ko. Siempre habrá alguien que esté por encima. Alguien que decida quién vive y quién muere. Alguien que te señale con el dedo y diga "esa es mía" o "esa debe morir".
Porque ellos necesitan que hagas el trabajo sucio.
Ellos no ensucian sus manos. No ponen las bombas. No roban medicamentos. No matan en las calles.
Eso es para nosotros. Para los de abajo. Para los que no tenemos otro nombre que "recurso".
Necesitan a quienes mueren por ellos.
Y al día siguiente lo olvidan.
No asisten a los funerales. No escriben cartas a las madres. No ven los cuerpos destrozados. Sólo firman papeles. "Baja en combate". "Daño colateral". "Mártir de la causa".
Palabras bonitas para no decir "se nos rompió otro juguete".
Cerré los ojos otra vez.
Las lágrimas no salieron. Ya no me quedaban.
Sólo me quedaba mi hermana, su respiración tibia contra mi brazo, y una promesa que me hice en lo más oscuro de esa noche:
Algún día saldremos de aquí.
No sé cómo. No sé cuándo.
Pero no moriré siendo el perro de nadie.