Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 4
ALANA DÍAZ
Tomé mi dignidad y el dinero de mi liquidación y aposté con la compra de telas. La esperanza aún se mantenía. Haría el último intento con lo que podía hacer y aunque fuera un trabajo sencillo, de algo iba a servir.
Después de las compras, me organicé con el tiempo. No quería dejar mi último año de la universidad, tanto esfuerzo no puede ser tirado a la basura.
Por la tarde fui a hablar con mis maestros y justificar el porqué me había ausentado dos días seguidos.
— Tienes que poner un esfuerzo plus si quieres graduarte este año. No minimizo tu esfuerzo, pero necesitamos evaluarte para darte una nota al final.
Y eso era yo, una nota después de todo. Solo asenté mi cabeza. Pedí disculpas y salí de la oficina del profe.
Al regresar a casa, me encerré en aquel lugar que era más bien como una cárcel. Tomé el celular que me había dado el señor Salvatore y lo encendí. Sentí como mi orgullo se venía al piso, pero necesitaba sobrevivir.
Iba a publicar mis costuras, así es que era necesario usar ese celular.
Cuando lo encendí, me pedía una contraseña. Busqué en la cajita para ver si había algo, hasta que encontré una notita "si necesitas la contraseña, ven a verme".
Arrugué la notita. Di un suspiro de molestia.
Maldita sea, ese hombre está jugando conmigo. Soy tan insignificante que no es capaz de verme como un ser humano sino como un vil juguete
Me había esperanzado, hacia mis corbatas, mis bufandas y pañuelos. Tomaría foto y la subiría en la página de venta Marketplace.
De repente se cruzó en mi cabeza, pago del cuarto, universidad, mis tiempos de comidas, mis toallas sanitarias, pago de agua y luz... Empecé a llorar... Había gastado casi todo el dinero en las telas.
Esa noche no pude dormir. Trabajé en la máquina de costura. Llevé a la universidad a vender lo que había hecho. Con mucha dificultad ubiqué las piezas. Por la tarde, tomé valor y me instalé en el parque a vender.
¿Pedir la contraseña?
Logré vender lo que tenía.
Caminé al edificio Salvatore.
Además,, él arruinó mi celular. Y si me lo dio como pago, es mío. Dios mío, que estoy pensando.
Tragué aire llenando mis pulmones y tomando calor. Entré.
— Buenas tardes. Necesito ver al señor Salvatore.
— Déjeme ver si ya salió de una reunión. Puede esperar un momento ahí sentada.
Ella llamó. Estuve unos 10 minutos, cuando la recepcionista me hizo pasar. Esta vez aunque con un poco de miedo pude ir en el ascensor. Golpee la puerta y entré.
Él estaba de pie junto a la ventana. Sentí como si una corriente eléctrica recorrió mi espalda. No se podía negar que era un hombre sumamente atractivo, de buen cuerpo y cara.
— Hola señor Salvatore. Vine por la contraseña.
Tenía una mirada como triste, solitaria, realmente no lo podía descifrar.
— ¿Cómo es que te llamas? — lo miré tratando de recordar si le había dicho mi nombre.
— Alana Díaz, señor Salvatore.
Extendí el celular para que pusiera la contraseña.
— La contraseña es 1289-5634
— Listo. Gracias. Me retiro.
— Espera. Tengo curiosidad de algo.
— Yo solo vine por la contraseña. No malinterprete — en mi cabeza rebotaba la palabra patrocinador.
— ¿Qué estudias?
—¿Por qué pregunta eso?
— Curiosidad. Puedes irte — su tono de voz cambió.
Este hombre es extraño. Lo pensé. Salí de la oficina.
Primero es altanero, después mandamas y ahora parece triste y patético.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar