NovelToon NovelToon
La Esposa Del Ceo Ciego

La Esposa Del Ceo Ciego

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Amor-odio / Romance
Popularitas:8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Francisco Valois, un magnate que perdió la vista y su imperio tras un atentado, acepta un matrimonio de conveniencia con Andrea, quien promete ser sus ojos y devolverle el poder. Mientras Francisco la desprecia creyéndola una oportunista, Andrea oculta una verdad devastadora: padece una enfermedad terminal y ha planeado su muerte para donarle sus córneas y asegurar el futuro del hombre que ama en secreto.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 4

​El espejo del vestidor de servicio le devolvía a Andrea una imagen que apenas reconocía. Llevaba un vestido de seda azul medianoche, austero pero de corte impecable, que Francisco le había enviado a través de un asistente sin mediar palabra. No había joyas, no había adornos. Solo ella y la tela cayendo como agua sobre su piel. Sus manos, aún con las pequeñas costras de los cortes del día anterior, temblaban ligeramente mientras se aplicaba un poco de maquillaje para ocultar el cansancio.

​Esta noche no era una fiesta. Era un campo de batalla.

​Francisco la esperaba al pie de la escalera principal. Lucía un esmoquin que enfatizaba la rigidez de sus hombros y la palidez de su rostro. Al verla bajar, sus ojos recorrieron la figura de Andrea con una intensidad que oscilaba entre la admiración involuntaria y el desprecio calculado.

​—No te acostumbres a la seda —dijo él, ajustándose los gemelos de oro—. Esta noche eres una herramienta, un accesorio funcional. Nada más.

​—Seré lo que necesites que sea, Francisco —respondió ella, ignorando el dardo.

​Él extendió el brazo, no por caballerosidad, sino por necesidad. Andrea deslizó su mano sobre la manga de su chaqueta. Sintió el músculo tenso bajo la tela. Francisco odiaba depender de alguien, odiaba que su ceguera parcial lo obligara a aceptar un lazarillo.

​La gala de la Fundación Aranda era el evento del año. El salón estaba a reventar de empresarios con sonrisas de tiburón y mujeres envueltas en diamantes que pesaban más que sus conciencias. En cuanto cruzaron el umbral, el murmullo cesó por un segundo. Todos observaban al "León Herido" y a la mujer desconocida que lo sostenía.

​—A las doce, a diez metros, está Mauricio Vaca —susurró Andrea al oído de Francisco, su voz apenas un soplo cálido contra su mejilla—. Lleva un traje gris demasiado ajustado y está bebiendo un Martini. Su pierna izquierda tiembla; está nervioso por la auditoría de mañana.

​Francisco apretó ligeramente el brazo de Andrea. Una chispa de sorpresa cruzó sus rasgos.

—¿Cómo sabes lo de la auditoría? Eso no ha salido en la prensa.

​—Observo lo que otros ignoran —respondió ella con calma—. Camina recto, tres pasos más. Ahora gira levemente a la derecha.

​Andrea lo guiaba con una coreografía perfecta. No lo empujaba, no lo arrastraba; era una extensión de sus propios sentidos. Le describía el entorno con una precisión geométrica: "Hay un escalón de tres centímetros en dos pasos", "El camarero se acerca por tu flanco izquierdo con una bandeja de champán", "Tu rival, Julián Sotomayor, está a las tres, tratando de parecer desinteresado".

​Francisco se movía con una seguridad que no había tenido en meses. Recuperó la postura erguida, la barbilla alta. Para el resto del mundo, él no estaba perdiendo la visión; simplemente tenía una asistente extremadamente eficiente.

​Se acercaron al grupo de Sotomayor, el hombre que había intentado desmantelar las empresas Valdivia desde el accidente de Francisco.

​—Valdivia, qué sorpresa verte fuera de tu cueva —dijo Sotomayor con una sonrisa condescendiente—. Supongo que esta bella dama es la que te ayuda a no tropezar con tus propias mentiras.

​Francisco iba a responder con veneno, pero Andrea se adelantó. Lo hizo con una sonrisa gélida y profesional.

​—El señor Valdivia no tropieza, señor Sotomayor —dijo ella, fijando sus ojos en los del rival—. De hecho, estaba comentando que es una lástima que su planta de logística en Veracruz haya tenido esos "problemas de humedad" esta semana. Debe ser difícil mantener los contratos cuando la mercancía se pudre.

​El rostro de Sotomayor se drenó de color. Era un secreto industrial guardado bajo siete llaves para evitar que las acciones cayeran.

​—¿De qué estás hablando? —balbuceó el hombre.

​Francisco, captando el momento de debilidad, sonrió por primera vez en la noche. Una sonrisa depredadora.

—Lo que ella intenta decir, Julián, es que mis ojos están en todas partes. Incluso donde tú crees que hay oscuridad.

​Se alejaron dejando a Sotomayor balbuceando excusas a sus socios. Francisco sentía una descarga de adrenalina que no experimentaba desde hacía años. Por un momento, olvidó que odiaba a Andrea. Por un momento, fueron una unidad perfecta.

​La sombra de la sospecha

​A medida que avanzaba la noche, la precisión de Andrea se volvió casi sobrenatural. No solo le indicaba quién estaba presente, sino que le daba datos que rozaban lo imposible.

​—El hombre que viene hacia nosotros es el notario que trabajó para tu abuelo, el señor Garrido —le susurró Andrea mientras se acercaban a un anciano de aspecto venerable—. Dile que lamentas lo de su rosal de rosas negras. Él entenderá.

​Francisco se detuvo en seco en medio de la pista de baile. El contacto físico entre ellos se volvió tenso.

​—¿El rosal de rosas negras? —preguntó Francisco, su voz volviéndose ronca y peligrosa—. Ese rosal estaba en el jardín privado de la casa de campo de mi abuelo. Murió hace quince años. Nadie fuera de la familia sabía de ese pasatiempo de Garrido.

​—Es un detalle importante para él —insistió ella, tratando de seguir caminando.

​Pero Francisco la obligó a girarse hacia él. A pesar de su visión borrosa, sus ojos parecían perforarla.

—¿Quién eres, Andrea? ¿Cómo sabes cosas que solo alguien que creció en los pasillos de mi infancia podría saber?

​—Francisco, no es el momento ni el lugar... —intentó evadir ella, sintiendo que el corazón le martilleaba el pecho.

​—¿Es por eso que estás aquí? —continuó él, ignorando su protesta—. ¿Eres una espía de algún pariente lejano? ¿O acaso mi padre te envió desde la tumba para vigilarme?

​La emoción de triunfo que habían compartido se evaporó, reemplazada por una sospecha agria. Francisco se sentía vulnerable, y para él, la vulnerabilidad era una invitación al ataque.

​El vals de las verdades a medias

​La música de un vals comenzó a sonar. Para evitar escenas, Francisco la tomó por la cintura y la mano. Empezaron a moverse por la pista Andrea lo guiaba por el salón Para los observadores, eran la imagen de la elegancia. Para ellos, era un interrogatorio bajo luces de cristal.

​—Mis fuentes no importan —dijo Andrea, forzándose a seguir el ritmo—. Lo que importa es que esa información te acaba de dar la lealtad del hombre que guarda los testamentos más importantes del país. Úsala.

​—Me das miedo —confesó Francisco al oído, su aliento rozando su lóbulo—. Eres como un fantasma que conoce todos mis rincones oscuros. Me guías con una mano suave, pero siento que me estás llevando hacia un acantilado.

​—Te estoy llevando de vuelta a tu trono —corrigió ella, mirándolo a los ojos—. Pero para reinar, tienes que dejar de ver enemigos en quienes te sostienen la corona.

​El baile terminó con una nota de tensión insoportable. Francisco la soltó bruscamente en cuanto la última nota se extinguió. El éxito de la noche era innegable: Francisco Valdivia había regresado a la sociedad por la puerta grande, proyectando una imagen de control absoluto. Sin embargo, por dentro, él nunca se había sentido tan fuera de control.

​El regreso al silencio

​El viaje de vuelta en el auto fue silencioso. El resplandor de las luces de la ciudad pasaba sobre sus rostros como ráfagas de fuego. Francisco miraba por la ventana, aunque solo viera manchas de luz. Andrea se miraba las manos, donde las heridas de los cristales del día anterior palpitaban al ritmo de su pulso.

​Al llegar a la mansión, Francisco bajó sin esperarla. Caminó hacia el estudio, pero se detuvo en el umbral del salón.

​—Mañana —dijo sin girarse—, quiero un informe de cómo obtuviste la información sobre Sotomayor y Garrido. Si no hay nombres y fechas, te vas de esta casa. No me importa lo bien que actúes como mis ojos; no dejaré que metas tu mano en mi alma.

​—Buenas noches, Francisco —fue lo único que ella respondió.

​Andrea subió a su pequeña habitación de servicio. Se quitó el vestido de seda, que ahora se sentía como una armadura pesada, y se sentó en la cama. Sacó de su bolso una fotografía vieja, desgastada por los bordes, que nunca le había mostrado. En ella se veía un jardín, un rosal descuidado y una niña pequeña cuya mirada era idéntica a la suya.

​En el piso de abajo, Francisco se servía un whisky doble. Sus manos temblaban. Por primera vez en mucho tiempo, no era la ceguera lo que lo asustaba. Era la posibilidad de que Andrea no fuera la villana que él necesitaba que fuera para sentirse a salvo. El "GPS del alma", como él había empezado a llamarla mentalmente, lo estaba guiando a un lugar donde sus defensas no servían de nada: la verdad.

​La mansión de mármol volvía a ser una jaula, pero esta noche, los barrotes parecían estar hechos de secretos más que de piedra. Francisco bebió el whisky de un trago, sintiendo el ardor en la garganta, deseando que ese fuego pudiera quemar la imagen de Andrea guiándolo entre las sombras con una precisión que lo aterraba y, al mismo tiempo, lo hacía sentir vivo por primera vez desde el accidente.

1
Carleone Gutierrez
Años como así.?? que tanto tiempo paso pues desde que se conocieron y la operación.??🤔🤔
Carleone Gutierrez
Años como así.?? que tanto tiempo paso pues desde que se conocieron y la operación.??
Elia María Ramírez Rodríguez
Poco a poco se van a ir entendiendo y llevando mejor.....
🌹🌷🥀
Elia María Ramírez Rodríguez
Ojalá no se enamoren de Andrea, es un matrimonio para vengarse de sus tíos.....🥀🌹🌷
Elia María Ramírez Rodríguez
Cuando la ambición corrobr el alma del ser humano no les importa pisotear el dolor de una persona lastimada. En mi pueblo hay un dicho muy cierto a este capitulo con esa víbora de Beatríz Del árbol caído todos quieren hacer leña 🪵.....🥀🥀🥀
Nataly Rodriguez
na había querido comentar nada hasta ver dónde llevaba esto. pero no puede ser que estoy termine con ella muerta y el con vista . noo no lo acepto. autora por favor que ella no muera
Fernanda
me gusta la trama como ella está dispuesta a todo por el 🙏😘🙏❤️
Adriana Ruiz
👏👏👏 excelente novela,, xfa 🙏 más capítulos 💚
celimar
me gusta esta historia 🙏🏽😘
celimar
interesantes 🥰🥰
celimar
me gusta 😍😍
Celina Espinoza
super interesante 🙏😍🥰
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play