Un amor roto por mentiras renace entre el deseo y el rencor. Aura regresa con un secreto que lo cambia todo: un hijo. Mauricio nunca dejó de amarla, pero el engaño los separó. Entre pasiones, verdades ocultas y una rival obsesiva, el destino los enfrentará nuevamente.
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Capítulo 21: Bajo la superficie
Al día siguiente...
Una cafetería estaba llena de murmullos.
Camila ya estaba sentada cuando llegó.
—Llegas tarde —dijo, alzando una ceja.
—Tráfico —respondió Aura, dejando el bolso y tomando asiento.
Daniela apareció segundos después.
—Aquí falta algo… —miró a ambas—. Ah, sí… drama.
Aura no sonrió.
Las dos se miraron.
—Ok… —murmuró Camila—. Suéltalo.
Aura tomó la taza frente a ella.
—Fui a verlo.
—¿A Mauricio? —preguntó Daniela, aunque ya sabía la respuesta.
Aura asintió.
Camila dejó la espalda en la silla.
—Esto se puso serio.
Aura respiró hondo.
—Le dije que tenemos un hijo.
El impacto fue evidente.
—¿Qué? —Camila se inclinó hacia adelante—. ¿Así, sin más?
—Sí.
Daniela se quedó procesando.
—¿Y…?
Aura apretó los labios.
—No me creyó.
Pausa.
—Dijo que era de mi amante.
Camila negó de inmediato.
—Imbécil.
—Que quería dinero —añadió Aura, con la voz más baja—. Que era capaz de inventar algo así.
Daniela cerró los ojos un segundo.
—Eso sí dolió…
Aura soltó una risa sin humor.
—Más de lo que pensé.
—Le dije que era el único hombre en mi vida… —continuó—. Que él sabía eso.
Camila la observó con atención.
—¿Y aun así?
—Aun así.
Pausa.
Aura bajó la mirada.
—Casi lo llama “bastardo”.
El aire se tensó.
—Le di una bofetada.
—Bien hecho —respondió Camila sin dudar.
Daniela suspiró.
—¿Y luego?
—Le dije que Christopher quiere conocerlo…
Su voz se quebró apenas.
—Y que no lo necesitaba económicamente.
Silencio.
—Y me fui.
Camila cruzó los brazos.
—¿Qué sientes?
Aura se quedó callada un momento.
—Rabia.
Pausa.
—Pero sobre todo… miedo.
Daniela la miró.
—¿Miedo a qué?
Aura levantó la vista.
—A no saber cómo explicarle a mi hijo que su padre… no lo quiere.
Camila suavizó la expresión.
—Oye…
—No —la interrumpió Aura—. Él lo negó sin pensarlo.
Sus manos se cerraron sobre la taza.
—Ni siquiera dudó.
Daniela negó despacio.
—Eso no significa que no le afectó.
Aura soltó una risa amarga.
—No lo viste.
—Tú tampoco lo conoces ahora —respondió Daniela con calma—. Han pasado seis años.
Camila asintió.
—Ese hombre está lleno de rabia, no de certezas.
Aura guardó silencio.
—¿Y ahora qué vas a hacer? —preguntó Daniela.
Aura respiró hondo.
—Nada.
Ambas la miraron.
—¿Nada?
—No voy a insistir.
Pausa.
—No voy a rogarle que sea padre.
Su mirada se endureció.
—Si Christopher lo conoce… será porque él lo busque.
Silencio.
—¿Y si no lo hace? —preguntó Camila.
Aura sostuvo la mirada.
—Entonces mi hijo no lo necesita.
Pausa.
—Porque yo voy a ser suficiente.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En la oficina...
Mauricio no levantó la vista de los documentos que tenía frente a él.
—Cierra bien —murmuró.
Ricardo obedeció y avanzó unos pasos.
Lo conocía demasiado bien.
Ese tono…
—¿Qué pasó? —preguntó, apoyándose en la silla frente al escritorio.
Mauricio no respondió de inmediato.
Firmó una hoja.
—Vino a mi casa.
Ricardo se quedó quieto.
—¿Quién?
—¿Aura? —respondió Mauricio, seco.
El silencio se instaló.
—¿Y?
Mauricio soltó el bolígrafo.
Se recostó en la silla.
—Dice que tenemos un hijo.
El impacto fue inmediato.
—¿Qué?
Ricardo se enderezó.
—¿Estás hablando en serio?
—Eso dijo —respondió él, sin emoción aparente.
Pero sus ojos…
lo traicionaban.
Ricardo lo observó con atención.
—¿Y tú qué le dijiste?
Mauricio soltó una risa amarga.
—Lo que cualquiera diría ante una locura así.
—¿Cuál?
—Que no es mío.
Ricardo frunció el ceño.
—¿Tan seguro estás?
—Sí.
—Mauricio…
—No empieces —lo cortó—. Ese niño no es mío.
Se levantó de la silla.
Caminó hacia la ventana.
—Aparece después de seis años… diciendo que tiene un hijo… ¿y casualmente es mío?
Se giró.
—Por favor.
Ricardo no se movió.
—¿Y si lo es?
Mauricio apretó la mandíbula.
—No lo es.
Ricardo lo miró fijo.
—¿Te dijo algo más?
Pausa.
Mauricio dudó.
—El niño se llama Christopher y tiene cinco años.
Ricardo procesó.
—Las fechas cuadran.
Mauricio no respondió.
Solo miró hacia otro lado.
—¿No te hace ruido? —insistió Ricardo—. Aura no es de inventar algo así.
—No la conoces —respondió él, duro.
Ricardo se acercó un poco.
—Mira… no estoy diciendo que sea cierto.
Pausa.
—Pero tampoco puedes descartarlo así.
Mauricio soltó una exhalación pesada.
—No voy a caer en ese juego.
—¿Qué juego?
—El de manipularme.
Ricardo negó lentamente.
—Esto no suena a manipulación.
Pausa.
—Suena a algo que te está sacudiendo más de lo que quieres admitir.
Mauricio lo miró.
Molesto.
—No me conoces tanto como crees.
Ricardo sostuvo la mirada.
—Lo suficiente para saber que estás dudando.
Mauricio se giró nuevamente hacia la ventana.
—Aunque fuera cierto… —murmuró finalmente—. Llega seis años tarde.
Ricardo suspiró.
—O tú llegaste seis años tarde a la verdad.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Los días avanzaban…
En el corporativo Ferrer, el ambiente estaba enfocado en un solo punto: el evento.
Aura revisaba unos documentos cuando Adrián apareció en la puerta de su oficina.
—¿Tienes un momento?
Ella levantó la vista.
—Claro, señor.
Adrián entró con esa seguridad tranquila que siempre proyectaba.
—Quería hablar contigo del evento.
Aura asintió.
—Ya todo está listo...
—No me preocupa eso —respondió él, apoyándose ligeramente en el escritorio—. Me preocupa la imagen.
Ella frunció apenas el ceño.
—¿A qué se refiere?
Adrián la miró directamente.
—Vamos a ser el centro de atención. La campaña gira en torno a ti… y a la alianza.
Pausa.
—Deberíamos llegar juntos.
Aura se tensó.
—Prefiero ir por mi cuenta.
Adrián no se sorprendió.
Solo ladeó la cabeza.
—Evitaría especulaciones internas.
—Las aumentaría —respondió ella con calma—. No quiero prestarme a malos entendidos.
Adrián la observó un segundo más de lo normal.
—Eres muy cuidadosa —murmuró, con una leve sonrisa.
—Soy profesional.
—También podrías ser estratégica.
Aura sostuvo su mirada.
—Lo soy.
Pausa.
—Y por eso mismo iré sola.
Adrián asintió lentamente.
—Como quieras…
Su tono seguía siendo amable.
Encantador.
Pero había algo más debajo.
Algo que Aura…
no terminaba de ver.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En el Grupo Luzuriaga…
Silvana estaba de pie frente al escritorio de Mauricio.
Con una carpeta en la mano.
—Ya están los últimos detalles del evento —dijo, intentando sonar neutral—. Todo estará listo en unos días.
Mauricio apenas levantó la vista.
—Bien.
—Será un preestreno impecable.
Silvana dudó un segundo.
—¿Iremos juntos?
La pregunta quedó suspendida.
Mauricio cerró el documento que estaba revisando.
—No...ya puedes retirarte.
El golpe fue seco.
Silvana apretó la mandíbula.
Pero sonrió.
—Claro.
Se giró.
Y salió.
Pero al cerrar la puerta…
su expresión cambió.
La sonrisa desapareció.
Sus ojos se oscurecieron.
La rabia…
volvió a arder.
Porque no lo podía controlar.
Porque él ya no reaccionaba como antes.
Y eso…
no lo iba a permitir.
Silvana respiró hondo.
Convencida.
Segura.
Para ella…
todo estaba hecho.
Todo cerrado.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mauricio firmaba documentos sin verlos realmente.
Su mente volvía a lo mismo.
A la noche anterior.
A esas palabras.
“Tenemos un hijo…”
Apretó el bolígrafo con fuerza.
—No…
Pero la duda no desaparecía.
......................
Aura, por su parte, revisaba informes.
Pero las letras se mezclaban.
No lograba concentrarse.
Porque también estaba ahí.
En esa casa.
En esa conversación.
En ese rechazo.
Cerró los ojos un segundo.
Y respiró.
perp cuando veas la realidad haber si vas a llorar y rogar para pedir perdón hombre...
ya deja de comportarte como niño y aprende a ser hombre ..e investiga qué fue lo que paso en realidad porque esa silvana e una culebra ponsoñosa ...