Una historia de amor y realeza 👑
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Capítulo 3: La noche donde todo comienza
—¡Qué emoción! La verdad estoy muy feliz, hermano.— dijo Aurora mientras daba un pequeño giro frente al espejo, dejando que su vestido brillara bajo la luz.
—Me veo hermosa, ¿verdad? Leonardo estará impresionado… ahora con mayor razón querrá casarse conmigo. ¡Qué felicidad!—
Elliot la observó por un instante. En sus ojos había algo que pocas veces mostraba: ternura.
—Claro, hermana… te ves muy bien. Es bueno verte feliz.— respondió con voz tranquila.
Aurora sonrió aún más, pero su expresión cambió ligeramente al notar la seriedad en el rostro de su hermano.
—¿Y tú…? ¿Ya pensaste en tu futuro…?—
No pudo terminar la frase.
—No digas más.— interrumpió Elliot con firmeza, su tono volviéndose frío de inmediato.
—Apresúrate. El baile está por comenzar y debemos bajar al gran salón.—
Aurora guardó silencio. Sabía que ese tema… era una herida que su hermano no estaba dispuesto a tocar.
—
Las enormes puertas del gran salón del castillo se abrieron.
Como cada año, la celebración reunía a las familias más importantes del imperio, pero esta vez… era diferente.
El rey estaba presente.
Un murmullo recorrió todo el lugar cuando Elliot Varennes apareció en lo alto de la escalinata, acompañado de la princesa Aurora, quien se sostenía delicadamente de su brazo.
Y entonces…
el silencio.
Todos quedaron completamente cautivados.
Elliot descendía con elegancia natural, cada paso firme, imponente. Sus ojos, profundos y penetrantes, parecían observar más allá de lo visible. Su cabello oscuro caía con perfección, y su piel, ligeramente clara con matices trigueños, resaltaba bajo las luces del salón.
Era la combinación perfecta entre fuerza y elegancia.
Alto, de complexión definida, hombros anchos y porte impecable… su sola presencia imponía respeto.
No necesitaba hablar.
Su mirada dictaba autoridad.
Su existencia… dominio.
Por algo era el rey.
Las jóvenes presentes no pudieron evitar mirarlo con admiración, algunas incluso conteniendo la respiración. Los hombres inclinaban ligeramente la cabeza en señal de respeto.
Aurora, por su parte, brillaba con luz propia. Su sonrisa iluminaba el lugar mientras saludaba con gracia.
Pero Elliot…
no sonreía.
Su expresión era seria. Distante.
Como si estuviera ahí… pero al mismo tiempo no.
—
A lo lejos, entre la multitud, una figura permanecía inmóvil.
Polet Lancaster.
Oculta entre los invitados, con su vestido color café que se fundía suavemente con su piel, observaba todo con nerviosismo.
Su corazón latía con fuerza.
Era la primera vez que veía al rey tan de cerca.
Y no pudo evitar sorprenderse.
No era solo su apariencia…
era lo que transmitía.
Esa mezcla de poder… y tristeza.
Sin darse cuenta, dio un pequeño paso hacia atrás, intentando pasar desapercibida.
Pero en ese mismo instante…
los ojos del rey se alzaron.
Y por una fracción de segundo…
sus miradas se cruzaron.
El tiempo pareció detenerse.
Elliot frunció ligeramente el ceño.
No sabía por qué.
Pero algo en esa joven… llamó su atención.
No era el vestido.
No era su posición.
Era…
algo más.
Algo que no lograba explicar.
Polet, por su parte, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Bajó la mirada de inmediato, nerviosa, sintiendo que había cometido un error al siquiera observarlo.
—Tranquila…— susurró para sí misma.
Pero su corazón…
no dejaba de latir.
—
La música comenzó a sonar.
Y con ella…
el destino empezó a moverse.