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La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Mafia
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Un contrato de sangre. Un matrimonio obligado. Un pecado imposible de ocultar.
Para su padre, ella es solo una pieza de ajedrez en un juego de poder. Para Arturo Rial, el hombre con el que debe casarse por obligación, ella es un frío contrato de negocios.
Pero todo cambia cuando aparece el hermano mayor de Arturo, un hombre que no conoce la palabra "no". Él no quiere un acuerdo; la quiere a ella. Entre los rincones oscuros de la mansión, él la marca, la reclama y la convierte en su mundo, desatando una obsesión que amenaza con destruirlo todo.
En este juego de traiciones, ella es la niña dulce que se convertirá en la caída del hombre más peligroso de la mafia.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3

El viernes llegó con una puntualidad aterradora. El cielo estaba encapotado, de un gris plomizo que parecía reflejar el estado de ánimo de Isabella. Rosa la ayudó a cerrar la única maleta que su padre le había permitido llevar, una pequeña maleta de cuero que contenía apenas unos recuerdos: algunas fotografías antiguas, un diario con las páginas en blanco y un colgante que perteneció a su madre. Todo lo demás —sus vestidos favoritos, sus libros de la universidad, su esencia— debía quedarse atrás, como si Isabella fuera un software que Arturo Rial planeaba formatear por completo.

El chofer de los Rial, un hombre de rostro inexpresivo y hombros anchos, no pronunció una sola palabra mientras cargaba el equipaje. Isabella se despidió de su padre en el vestíbulo. Él ni siquiera se levantó de su sillón; se limitó a asentir con la cabeza, una señal muda de que su transacción había sido completada.

El trayecto hacia la mansión Rial duró cuarenta minutos que a Bella le parecieron una eternidad. Mientras el coche avanzaba por los barrios residenciales más exclusivos, ella observaba por la ventanilla cómo el mundo exterior se desvanecía. Finalmente, se detuvieron ante unos portones de hierro forjado con el escudo de la familia: un león sosteniendo una espada. La mansión apareció al final de un camino flanqueado por cipreses; era una construcción imponente de piedra oscura y grandes ventanales que, bajo la luz mortecina del día, parecían ojos vacíos observando su llegada.

Al bajar del coche, el silencio de la propiedad la golpeó. No había canto de pájaros, ni el ruido del viento; solo el crujir de la grava bajo sus pies. Una mujer de mediana edad, vestida con un uniforme negro impecable, la esperaba en la entrada.

—Bienvenida, señorita Isabella. Soy la señora Vargas, el ama de llaves. El señor Arturo la espera en el salón principal. Sígame, por favor.

Bella caminó tras ella, sintiéndose diminuta bajo los techos altos decorados con molduras de oro y lámparas de cristal que colgaban como estalactitas amenazantes. La mansión Rial no era un hogar; era un mausoleo dedicado al poder. Cada rincón gritaba riqueza, pero una riqueza estéril, sin alma.

Arturo estaba de pie junto a un gran ventanal, revisando unos documentos en su tableta. Ni siquiera se giró cuando ella entró.

—Déjela en el ala oeste, Vargas. Que se instale de inmediato —ordenó Arturo sin apartar la vista de la pantalla—. Isabella, la cena se sirve a las ocho en punto. No llegues tarde. No soporto la falta de puntualidad.

—Arturo... ¿podrías enseñarme la casa? —se atrevió a preguntar ella, intentando buscar un mínimo gesto de cortesía en el hombre que sería su esposo.

Arturo finalmente la miró. Sus ojos gélidos la recorrieron con una mezcla de aburrimiento e impaciencia.

—No tengo tiempo para recorridos turísticos. Vargas te dará las instrucciones básicas. Tienes prohibido entrar en mi despacho y en el sótano. El resto de la casa es accesible, siempre y cuando no interfieras con el personal. Ah, y una cosa más: he cancelado tu cuenta de redes sociales. No quiero que una futura Rial esté exponiendo su vida privada a desconocidos.

Bella abrió la boca para protestar, pero la mirada de Arturo la silenció. Era una advertencia clara: en esta casa, ella no tenía voz.

Vargas la condujo hacia el ala oeste. Su habitación era enorme, decorada en tonos crema y gris, con muebles de diseño que carecían de cualquier toque personal. La cama era inmensa, pero Bella sintió que dormir en ella sería como hacerlo sobre un bloque de hielo.

—El señor Arturo ha dejado esto para usted —dijo Vargas, señalando una caja sobre la cama.

Al abrirla, Bella encontró un vestido negro de encaje, excesivamente costoso y restrictivo, junto con una nota escrita por una secretaria: "Para la cena de esta noche. Sé puntual". No era un regalo; era un uniforme.

Durante las horas siguientes, Bella se dedicó a desempacar sus escasas pertenencias. Al colocar la foto de su madre sobre la mesa de noche, se sintió como una intrusa en su propia vida. Caminó hacia el ventanal y observó los jardines. A lo lejos, vio una pequeña construcción de piedra que parecía una capilla antigua, medio oculta por la maleza. Algo en ese lugar la atrajo, una sensación de misterio que contrastaba con la perfección gélida del resto de la mansión.

Cuando el reloj marcó las ocho, Bella ya estaba en el comedor, luciendo el vestido negro que le quedaba como una armadura. Arturo ya estaba sentado, bebiendo un vino tinto que parecía sangre bajo la luz de las velas.

La cena fue una repetición de la noche anterior, pero peor. Arturo ni siquiera fingía cortesía. Se dedicó a dar órdenes a los camareros y a responder llamadas de negocios, ignorando por completo la presencia de Bella, salvo para criticar la forma en que sostenía la copa.

—Debes mejorar tu postura, Isabella. Eres la cara de los Rial ahora. No quiero que parezcas una niña asustada en la gala de presentación —le dijo con desprecio.

—Estoy intentando adaptarme, Arturo. Todo esto es nuevo para mí —respondió ella, tratando de mantener la dignidad.

—No intentes. Hazlo —sentenció él, poniéndose de pie antes de terminar el postre—. Tengo trabajo. Mañana vendrá un estilista para evaluar tu imagen. No salgas de la propiedad.

Se marchó sin decir más. Bella se quedó sola en la inmensa mesa, rodeada de platos caros y un silencio que empezaba a doler. Se levantó y decidió caminar un poco por la casa, buscando escapar de la opresión de su cuarto.

Recorrió pasillos interminables decorados con retratos de antepasados de los Rial, hombres de mandíbulas fuertes y ojos despiadados. De repente, llegó a una intersección que no recordaba haber visto. El aire allí se sentía diferente; había un rastro de olor a tabaco de pipa y algo más... un aroma metálico, pesado.

Se detuvo frente a una puerta de madera oscura, ligeramente entornada. Por instinto, supo que ese no era el territorio de Arturo. Arturo era orden y control; lo que había detrás de esa puerta emanaba un caos controlado. Se asomó con cautela. Era una biblioteca inmensa, pero a diferencia del resto de la casa, los libros no estaban ordenados por color, sino desgastados por el uso. Había mapas extendidos sobre una mesa central y una pieza de ajedrez, un rey negro, caído sobre el tablero.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Sintió que alguien la observaba desde las sombras del rincón más oscuro de la habitación.

—¿Quién está ahí? —susurró, con el corazón martilleando contra sus costillas.

Nadie respondió, pero escuchó una respiración profunda, pausada, que parecía llenar todo el espacio. Asustada, Bella retrocedió y corrió de regreso a su habitación, cerrando la puerta con llave.

Esa noche, Isabella tuvo un sueño extraño. Soñó que caminaba por un bosque oscuro y que un lobo de ojos grises la observaba desde la maleza. El lobo no la atacaba; simplemente la marcaba con su mirada, reclamándola como suya antes de que ella pudiera siquiera gritar.

Se despertó empapada en sudor, con la sensación de que las paredes de la mansión Rial guardaban secretos mucho más peligrosos que la frialdad de Arturo. Lo que Bella no sabía era que esa biblioteca era el santuario de Vincenzo, y que él había estado allí, en las sombras, observando cómo la futura esposa de su hermano profanaba su espacio personal con su fragilidad.

Vincenzo no era Arturo. Vincenzo no quería un adorno. Él quería algo que pudiera quemar, algo que lo hiciera sentir que aún tenía alma. Y mientras observaba el rey negro caído en su mesa, supo que el juego de ajedrez de su padre estaba a punto de volverse sangriento.

Isabella aún no lo sabía, pero su sumisión estaba a punto de encontrarse con una obsesión que no entendía de contratos ni de bodas. Faltaban solo semanas para la boda, y la sombra de Vincenzo ya empezaba a cernirse sobre ella como una sentencia.

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Maria Mongelos
Esta muy buena la historia 💕
Maria Mongelos
Bebé en camino en medio de esta guerra de poder, quieren lastimar a Bella porque es el punto débil de Vincenzo
Maria Mongelos
Pobre Arturo se quedó sin nada
Maria Mongelos
Isabella ya no es la sumisa de Arturo, es la mujer que necesita Vicenzo a su lado
Maria Mongelos
Arturo cree que puede vengarse de su hermano, no lo conoce bien, Vincenzo le va a dar su merecido
Maria Mongelos
Pobre Bella, donde fué a parar
Maria Mongelos
Está muy linda esta historia 💕
Nairobis Cardozo Portillo
Vicenzo ojos bien abiertos Arturo te entregó a los enemigos
Elisabeth Figueroa
👏👏👏👏👏👏/Smile//Smirk/
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Maria Mongelos
Esto está muy intenso
Maria Mongelos
Vicenzo es el heredero por derecho, esta reclamando algo que suyo
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏
Maria Mongelos
Vincenzo toma lo que quiere sin pedir permiso, en este caso la presa es Isabella
Maria Mongelos
Ya está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Isabela se metió en la boca del lobo y ese es Vincenso
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
Esto se pone bueno
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente inicio muy interesante
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